Una vez más, y van unas cuantas, volvemos a errar el disparo. Algunos medios de comunicación llevan más de una semana intentando que alguien del Gobierno diga que en Cuba hay una dictadura.

El debate otra vez se vuelve a simplificar, otra vez, y van unas cuantas, se demuestra que en este país, debatir sobre el fondo de los problemas, como ocurrió con las declaraciones del ministro de Consumo, es imposible.

En Haití, a ‘tiro de piedra’ de Cuba, las separan menos de cuatrocientos kilómetros, como Murcia y Madrid, acaban de asesinar a su presidente, pero eso no importa, al igual que no importa hablar del bloqueo que sufre la Isla de Cuba desde hace varias décadas. Para los más jóvenes, les recuerdo, que hace unos años, los trabajadores franceses bloquearon la frontera con Españ. No era un bloqueo económico ni financiero y mucho menos por ideología política, solo protestas laborales; a los pocos días, nuestras estanterías en los supermercados carecían de algunos alimentos, por no hablar de otras necesidades.

Pero lo más preocupante, no es que algunos se dediquen a arreglar Cuba desde sus cómodos asientos, y a dar lecciones de democracia, sobre todo, porque aquí, en España, de dictaduras sabemos y mucho. Lo peor es que nadie habla de lo que está ocurriendo en nuestras calles y nuestros barrios, cómo muchos comercios minoristas siguen cerrando ante la imposibilidad de competir con los gigantes de la distribución, y que están poniendo patas arriba todo un modelo de sociedad.

Ni tampoco hablamos de los autónomos, ni de los empleos que hay en la región, muchos de ellos precarios y temporales.

Nadie hace informativos especiales preguntando por qué la restauración comienza a tener problemas para contratar gente, no interesa trasladar a la sociedad que eso ocurre porque tenemos un tejido social y empresarial a veces huérfano de valores y sobre todo de convenios.

¿Alguno de ustedes trabajaría diez y doce horas los fines de semana por cuatrocientos euros al mes? ¿Qué diría si a su hijo le dan de alta dos o tres horas y les obligan a trabajar ocho o diez horas en negro?

Ojalá habláramos en nuestros ratos libres de Cuba, Trump, Bolsonaro, Venezuela, Haití, de las leyes homófobas de Hungría y Polonia y que los eurodiputados del partido popular y Vox, ante la condena sin paliativos de la propia Unión Europea, se han posicionado a favor de ellas.

Y ojalá habláramos en serio de los trabajadores del campo que están muchos de ellos, según la propia inspección de trabajo, en condiciones casi inhumanas, o de como apoyar y apostar por el comercio de proximidad o kilómetro cero, incluso que nos sentáramos a solucionar el grave problema, no resuelto por Miquel Iceta y su ‘Icetazo’, no sobre la temporalidad, sino sobre los trabajadores temporales, que no es lo mismo, ojalá tuviéramos alguna mínima hoja de ruta para afrontar la emergencia climática que sufrimos (véase Alemania estos días), y ojalá algún día, en este país, no se gobernara ni informara a golpe de titular o de tuit.

Hace unos días, la presidenta madrileña, acusaba a todo un país, Perú, de que 44.000 muertos habían votado en sus elecciones presidenciales, y ante tal barbaridad, no solo no se denuncia, sino que encima le reímos la gracia. En este país, algunas presidentas tienen bula.

Según la RAE, Dictadura es «Régimen político que, por la fuerza o violencia, concentra todo el poder en una persona o en un grupo u organización y reprime los derechos humanos y las libertadas individuales’». Así que ya saben cuál es el régimen que gobierna en Cuba. ¿Podemos ya hablar de la tienda de la esquina?