Sí, sí, fuera. Pero no solo las que nos sirven como elemento de protección frente al contagio del coronavirus. También las que que llevan los políticos protagonistas estos días de la polémica de los indultos y de lo que algunos, comprando ingenuamente el relato independentista, llaman el ‘conflicto catalán’.

Mientras este país se mirará de nuevo a partir de este fin de semana con la cara despejada por las calles quienes se mantendrán embozados, escamoteando el rostro de las verdaderas intenciones, serán quienes se van a sentar en torno a una mesa para hablar del futuro de Cataluña.

El arte de la demagogia ha sido prolífico a la hora de calificar ese encuentro entre el Gobierno y los representantes de la parte separatista, que no toda de aquella sociedad. Se le llama mesa de diálogo, reencuentro, normalización, convergencia, negociación, pacificación, resolución y bilateral a secas en plan aséptico.

Pedro Sánchez acudirá a esa reunión con los soberanistas que gobiernan Cataluña con el banderín de intercambio de la conmutación de las penas a los condenados del procés.

Pero, ¿qué ofrecerán los que enarbolan la estelada como gesto amistoso? ¿Acaso la renuncia a la vía unilateral de proclamación de la independencia, si es que se atreven a plantearlo ante sus incondicionales?

Como ciudadanos de un país en el que tenemos la dicha de poder elegir a nuestros gobernantes, que no es poco, deberíamos exigir a Moncloa que nos informe previamente de qué es lo que persigue en esa reunión y qué está dispuesto a ofrecer en aras al encaje de Cataluña dentro del Estado. Esto, por cierto, interesará sobremanera a nacionalistas vascos por si hay que apuntarse a continuación a la cola de los agravios. Por cierto, también vendría ideal que el PP hiciera pública una alternativa para salir de un bloqueo que atrae a mayor número de catalanes a la orilla ‘indepe’.

También los separatistas deberían dejar bien claro si la amnistía, el derecho de autodeterminación y la convocatoria de un referéndum van a ser exigencias irrenunciables y objeto único de las conversaciones. De ello alardean en sus declaraciones y, de ser así, unos y otros deberían ahorrarse el bochorno de un fracaso seguro de cuya responsabilidad terminarán acusándose.

Es momento, como digo, de que al igual que haremos los españoles el sábado quitándonos las mascarillas y desnudando el rostro, ellos se quiten las caretas y nos desvelen de qué va esto del ‘reencuentro’ con Cataluña y la normalización.