Quiero decir bofetones con H, claro. Uno, el anuncio del fin del Trasvase –Segura. Dos, la decisión de tachar a la mayoría de los votantes murcianos como tránsfugas, por parte de una comisión, ni independiente, ni neutral, ni ecuánime. Tres, negación de poner el nombre de Juan de la Cierva al aeropuerto de la Región de Murcia. Eso, hasta ahora. La discriminación presupuestaria es el bofetón que no cesa.

Con esos agravios en muchas partes de la Piel de Toro tendrían suficiente para montar un sentido de irredención abocable en nacionalismo separatista. Tal peligro no existe, gracias a Dios, o a quien digan los ateos y agnósticos recalcitrantes. En esta Región estamos para eso. Votamos equivocados, y eso tiene consecuencias. El caso es que, cuando no se votaba equivocado (tiempos de Carlos Collado) ya sucedía igual. Ser esquina chica y segundona del mapa conlleva estos padeceres.

El anuncio del fin del Trasvase Tajo-Segura es un palo a toda España, que pone el abastecimiento de frutales y verduras a cargo de los marroquíes, perdón de su rey Mohamed VI, que es el amo del país. Y crea paro en la zona Alicante-Murcia-Almería, y desertización en la geografía correspondiente. Murcia es periferia, barriada del extrarradio y merece eso. La ideología provuelta al neolítico así lo ha decidido para mayor gloria de su fe ideológica, tan parecida a una religión dogmática y hegemónica.

Lo del trasfuguismo tiene gracia. La minoría expulsa a la mayoría, y se arroga la ortodoxia entera, pura y auténtica. Los pactos, o son de legislatura o son apaños entre bandas de patio de colegio. Quien confunde ambas cosas se retrata como atacado de ambición y cargos. Risible que una comisión presidida por quien claramente es juez y parte, decida sobre transfuguismo. Risible y vergonzoso. El caradurismo de esa comisión es proverbial. No tiene ninguna autoridad respetable.

Y, por último, ordenar que cese el expediente para poner el nombre del murciano universal Juan de la Cierva, porque un historiador tan poco neutral, y significadamente marxista, como Ángel Viñas, lo diga, es, cuando menos, provocador. Lluís Companys, que ordenó la muerte de 8.000 personas, una de ellas el alcalde de Lérida por montar Cabalgata de Reyes en fecha adecuada, tiene innumerables calles en Cataluña y el Estadio Olímpico de Barcelona lleva su nombre. Está claro que cortan el hilo por donde más débil aparece.

Doy por supuesta que los murcianos vamos a llamar a nuestro aeropuerto con el nombre de Juan de la Cierva, y que se xoda Ángel Viñas y los del ministerio de Fomento, ea. Ya está.