Se llama venalidad a la conducta consistente en vender cargos públicos a cambio de un precio. Hubo tiempos en los que se podía comprar cualquier cargo, desde un ministerio hasta una vara de alguacil, para mandar a capricho y vivir sin trabajar. Hoy se mira con repugnancia la posibilidad de que alguien pueda comprar el cargo de ministro, juez, notario, alcalde o consejero autonómico.

Se llama legitimidad al hecho de que los representantes elegidos se atengan al mandato de las urnas durante todo el tiempo que ejercen sus cargos. Sin legitimidad no se puede pedir lealtad ni respeto. Nadie quiere ser representado ni gobernado por personas que prostituyen la voluntad del pueblo cambiando el resultado de los votos, aferrándose como garrapatas a una poltrona que no les corresponde.

Se llama transfuguismo a la conducta consistente en cambiar de bando para trastocar la composición de los Gobiernos o los Parlamentos a cambio de ciertas ventajas personales o patrimoniales. Nadie mira con agrado a las personas que se presentan a las elecciones por un partido y luego, sin renunciar al cargo electo, cambian de chaqueta por egoísmo, indisciplina o componendas inconfesables.

Se llama López Miras un personaje de la política murciana que ha sido capaz de poner en venta los sillones del Gobierno regional, a cambio de confeccionar una mayoría parlamentaria dócil y amaestrada, que le permita mantenerse en el cargo de presidente de la Comunidad autónoma y además se preste a cambiar el marco legal para que pueda permanecer cuatro años más como jefe de la taifa regional.

Se llama Alberto Castillo el primer presidente de un Parlamento democrático en España que, atribuyéndose una esencia superior, ha sido capaz de traicionar a su partido, a su palabra, a su firma, a sus compañeros de grupo, y ha permitido, con la complicidad de otros diputados de distinto pelaje, que la Asamblea Regional esté manchada de ilegitimidad y la acción política dirigida por expulsados de varios partidos.

Se llama vertedero o desguace a un Gobierno regional compuesto por tránsfugas y traidores que han sido capaces de dar la espalda a los votantes que les eligieron a cambio de poltronas en despachos y coches oficiales, embolsándose un sueldo de 80.000 euros pagado con impuestos del contribuyente, sabiendo que fuera de ese ambiente enrarecido no tienen nada a qué agarrarse, ni pueden presumir de nada honorable porque se han entregado en lo personal, patrimonial y político al comprador de sus voluntades.

Se llama dignidad a la conducta del pueblo de la Región de Murcia que ha expresado reiteradamente su voluntad de tener un Parlamento que les represente legítimamente y un Gobierno que defienda el interés general y no la ambición personal de sus integrantes. En la encuesta avalada por la Universidad, cerca del 70% de los murcianos exige elecciones autonómicas anticipadas para devolver la legitimidad perdida al Parlamento y al Gobierno de la Región de Murcia.

El Congreso de los Diputados ha declarado ‘tránsfugas’ al presidente y los consejeros del Gobierno murciano por violar normas de conducta básica sobre decencia política, y en particular a López Miras, por sacar beneficio de la operación. Es insoportable para esta región que nuestros dirigentes tengan esa ‘medalla’ y sigan como si nada hubiera pasado. Y ahora, ¿cómo calificar al presidente López Miras cuando dice que va a convocar elecciones si el pueblo murciano lo pide en una encuesta? ¿Podemos llamarle mentiroso, además de tránsfuga, si no anuncia la convocatoria electoral de forma inmediata?

Transfuguismo, venalidad, ilegitimidad, mentiras, traiciones, humillación. La gente honrada y trabajadora de Región de Murcia no merece esta vergüenza de telediario. Estamos secuestrados por personajes dispuestos a cualquier cosa con tal de seguir mandando en su propio beneficio. Hay que ir a elecciones para que el parlamento se parezca al pueblo de la Región de Murcia. Sin elecciones anticipadas perdemos eso que se llama decencia política, una virtud que no puede faltar en ninguna sociedad que se respete a sí misma. No podemos vivir condenados a la miseria moral de soportar callados un Gobierno y un Parlamento regional con tantas carencias.