El pasado día 21 de marzo se celebró el Día Mundial Forestal, antes llamado ‘Día del Árbol’, una fecha para difundir la importancia de los árboles para la salud del planeta. La fecha no se eligió al azar, coincide con la llegada de la primavera, en el hemisferio norte, y el otoño en el hemisferio sur. 

En estos tiempos de pandemia global es más importante que nunca considerar los beneficios que los árboles y arbustos aportan a la salud del planeta y de las criaturas que los habitamos.

Por esta razón nos parece necesario recuperar la figura de una mujer que superó prejuicios raciales y de género, y se convirtió en una de las figuras más destacadas en la defensa de los árboles y de la recuperación de zonas deforestadas. 

Wangari Muta Maathai nació en Kenia en 1940, y fue la primera mujer africana en recibir el premio Nobel de la Paz en el año 2004. Esta mujer, que no comenzó a asistir a la escuela hasta los ocho años, se graduó en Biología y en el año 1966 fue propuesta para ocupar un puesto como asistente investigador de un profesor de Zoología de la Escuela Universitaria de Nairobi, pero no llegó a ocuparlos debido, probablemente, a que era mujer y pertenecía a la etnia de los kikuyus. 

Fue la primera mujer de África Oriental en obtener un doctorado y ser jefa de un departamento en la Universidad de Nairobi, desde donde promovió campañas a favor de la igualdad de beneficios para las mujeres que trabajaban en la Universidad y formó parte del Consejo Nacional de Mujeres de Kenia (NCWK). 

A través de su trabajo con diferentes organizaciones, Wangari llegó a la conclusión de que la raíz de la mayoría de los problemas de Kenia era la degradación medioambiental.

Tras asistir a la primera Conferencia de Naciones Unidas sobre asentamientos humanos, propuso impulsar la reforestación en su país, dando origen al Movimiento Cinturón Verde (Green Belt Movement). A través de esta iniciativa, Maathai alentó a las mujeres de Kenia a crear invernaderos por todo el país, buscando semillas en bosques cercanos para sembrar árboles oriundos de la zona, y pagándoles una remuneración por cada semillero que se usara para reforestar en otros lugares.

Su condición de mujer fuerte y decidida, unida a la pertenencia a una etnia enfrentada al poder, le ocasionó numerosos problemas, tanto personales como políticos y laborales. Su esposo solicitó el divorcio porque pensaba que Wangari «tenía una mentalidad demasiado fuerte para ser mujer» y que él era «incapaz de controlarla». La acusó de adulterio y la calificó como ‘cruel’. El juez falló en su contra y Wangari lo tachó de corrupto (su exesposo era diputado parlamentario), lo que le supuso una acusación por desacato y fue condenada a seis meses de cárcel, aunque solo cumplió tres días gracias a la declaración de su abogado.

El Movimiento Cinturón Verde se expandió por toda África, creándose la Red Panafricana del Cinturón Verde. Con esta red quince países africanos comenzaron a realizar programas para combatir la desertificación, la deforestación, la crisis de agua y la hambruna rural.

Maathai se enfrentó al presidente de Kenia, que la tachó de ‘loca’ y de tener ‘insectos en la cabeza’. Incluso le ‘aconsejó’ que fuera una mujer acorde a las tradiciones africanas, que respetase a los hombres y que se estuviera callada. 

A pesar de los reconocimientos internacionales, las descalificaciones y el acoso al que se vio sometida en su país fue continuo. 

Wangari fue una mujer rebelde que buscó la paz a través de la conservación del medio ambiente, y que luchó por el desarrollo económico y cultural de su país desde una perspectiva ecológica que implicara a las mujeres, de tal manera que ellas fueran el catalizador de los cambios que África necesitaba. Dio visibilidad al concepto de ‘justicia ambiental’ al promover la siembra de árboles como medio para mejorar las condiciones de vida de toda la población y en especial la de las mujeres.

Ella no ha sido la única mujer implicada en la defensa de la naturaleza, ni en iniciar movimientos y acciones que permitan mantener y mejorar las condiciones de vida de todos los seres que poblamos la tierra. Son muchas otras las que llevan a cabo acciones para denunciar y pedir a los Gobiernos que tomen conciencia de los problemas ambientales a los que nos enfrentamos y pasen a la acción.

Por eso es necesario darles voz y conocer sus historias.