La humillación como ciudadano me lleva a un lugar que no puedo soportar por su obscenidad […] Hemos sido víctimas de una irresponsabilidad política y hay que salir a la calle para dar la batalla. Francisco Jarauta. 22/03/2021

El sabio lamenta la humillación que se le inflige mientras el poder vende por treinta monedas la consejería de Educación y Cultura y, con ella, la dignidad de los docentes de la Región de Murcia. También la de los artistas y los agentes culturales. Y la de los estudiantes y sus familias. Y la de todos los ciudadanos que aman el conocimiento sin adversativas.

Siempre supimos de la animadversión de la derecha hacia la cultura y hacia la libertad que emana de la educación (les falta hasta la cortesía y la urbanidad presentes en la acepción cuarta de su definición en el DLE), que irradia la paideía griega, y que dimana de la humanitas latina.

A la derecha le encrespa que los docentes eduquemos en el sentido más amplio de la palabra (el de la Institución Libre de Enseñanza) y les preocupa que los jóvenes aprendan desde una posición independiente del control parental que supone el candado de la puerta de la casa familiar. Sacar los hijos al mundo supone invitarlos a observar con sus propios ojos, permitirles dirigir su mirada hacia el amplio horizonte y, desde luego, dejar atrás el dedo que señala la luna.

Pero dejemos la poesía, que es un arma cargada de futuro, y vayamos a lo esencialmente material, porque aunque el precio del apoyo de los díscolos, renegados y traviesillos exvoxeros pasa por la implementación del cacareado veto parental, hay otros asuntos que hoy nos preocupan igual o más que este capricho de introducir la Santa Inquisición en las aulas.

La tasa de abandono escolar en nuestra región es del 18,7% según el INE: vamos a la cola, a 2,7 puntos de distancia de la media española, que a su vez está bastante alejada de la media europea. A diferencia de otras Comunidades autónomas, en la Región de Murcia no se han visto revertidos los recortes del 2012: es urgente volver a las 17 horas en Secundaria y FP y a las 23 en Infantil y Primaria para poder atender adecuadamente a los alumnos y tener tiempo de cumplimentar la burocracia que cada día anega nuestras horas complementarias. La única maravilla que, de manera accidental, hemos constatado con la semipresencialidad chapucera impuesta durante esta pandemia ha sido que la disminución de ratios mejora radicalmente la calidad de la educación de nuestro alumnado. Por tanto, el mantenimiento de las ratios entre 15 y 20 alumnos es primordial si queremos sacar a esta región del letargo educativo en el que lleva sumida más de 25 años. Y todo esto: bajada de ratios, reversión de recortes y disminución del abandono escolar solo será posible con una mayor inversión.

Ningún Gobierno regional del Partido Popular se ha hecho cargo de la educación pública, más bien han realizado un ejercicio de dejación de funciones y nos hemos ido mantenido a pesar de que la precariedad de los espacios y el maltrato a los docentes y al alumnado aumenta cada curso. La situación de la educación pública es la de un enfermo terminal perpetuo, cada día más deteriorado, cada día más quebrado, cada día a punto de morir. Pero no.

Pero no. Porque ya está bien. Porque ya llevamos mucho tiempo aguantando esta piedra como Atlante. Hace años ya decíamos «la situación es insostenible hace años» y así ad aeternum, como en un dibujo de Escher en el que las escaleras van y vienen y suben y bajan sin sentido y, cuando parece que nos precipitamos al vacío, seguimos a flote por no sé qué capacidad de supervivencia que los docentes sacamos vete tú a saber de qué cajón descoyuntado.

La educación pública no se rinde, la educación pública resiste, la educación pública va a estar en pie de guerra siempre. La educación pública va a sobrevivir a todos los timadores que quieren hacer negocio con ella, a todos los trileros que nos quieren despistar el dinero. Porque, adivinen qué, detrás del naipe del veto parental hay toda una baraja de despropósitos que pasan por manejar los fondos europeos a capricho; regalar suelo público a los amigachos de Mendoza con el fin de dejar la red pública exclusivamente como gueto de las familias que no puedan pagar las cuotas de los concertados; promocionar esa regurgitación neoliberal que es el ‘cheque educativo’ para fomentar la famosa ‘libertad de elección’ (incluyendo, ¡oh, sorpresa!, los privados-privados). Ahora bien, ¿saben quiénes no disfrutan de esa libertad falsaria? Las familias que se ven arrinconadas entre varios centros concertados y no pueden elegir ningún cole público porque no se construyen, porque ya no se invierte en ellos, porque el Colegio Público Número 16 que iba a dar cobertura a la zona de Altorreal y La Alcayna lleva paralizado desde 2006.

No lo duden, a este Gobierno regional, propio de una novela de Roberto Saviano, le vamos a dar la batalla.

La educación pública no se vende.