La radicalización política se cura gobernando. Es una de las frases que suelen utilizarse cuando un partido distinto a los tradicionales accede a algún área de poder institucional. Véase Podemos: aunque para algunos este partido es la sombra del diablo, habrá que admitir que sus posiciones en el actual Gobierno nacional, por muy incómodas que algunas sean para sus socios del PSOE, distan mucho de sus postulados originales. Y es que la política de gobierno siempre exige una adaptación al pragmatismo.

Pero ¿y Vox? Este es un partido inédito en las instituciones ejecutivas y se presenta todavía sin pulimento alguno. Su emergencia se debe precisamente a que sus señales programáticas son incompatibles con el estatus convencional. Parece estar en fase creciente, y esto porque aún no ha tomado el mando de ninguna Administración con la consecuencia necesaria de adaptar su programa a la realidad de las cosas, lo que en tal caso podría desilusionar a parte de su electorado más ortodoxo. Vox es pura ideología sin funcionalidad.

En esas estábamos cuando, sorprendentemente, una jugada maestra del diputado Juan José Liarte en el transcurso de la moción de censura de PSOE y Cs contra el Gobierno del PP (y de Cs) ha obtenido como prenda la consejería de Educación y Cultura para una de las diputadas, Mabel Campuzano, que obtuvieron escaño bajo el logotipo de Vox. Se dirá que Campuzano, como Liarte, ya no militan en ese partido, aunque conserven el escaño y el voto, constituyan con un tercer diputado la mayoría del grupo que se sigue denominando de Vox, y el propio Liarte sea su portavoz parlamentario. Así es, pero su disidencia del partido con el que se presentaron a las elecciones no se debe a matices ideológicos o de estrategia, sino a algo más prosaico como la administración de los recursos económicos del Grupo Parlamentario, pues se negaron a ser tutelados desde Madrid en ese aspecto. Los Tres de Liarte son Vox en estricto sentido, aunque no lo sean orgánicamente.

Precisamente esta particularidad, la de ser de Vox sin serlo, es lo que añade más perplejidad a la voluntad de querer gobernanr una consejería, pues detrás de estos tres diputados díscolos no hay nadie, más que un vago electorado al que apelan que en realidad es de los titulares de la marca Vox. ¿De dónde va a sacar Campuzano el equipo especializado en Educación y Cultura que comparta sus planteamientos si quienes pudieran hacerlo militan en Vox o en algún otro grupo de los que se han formado recientemente por el hecho de que sus cabecillas no encajan en la dirección del partido original? Y todo esto en una consejería especialmente delicada, que ha de conformar a grupos muy diversos y con gran experencia en la movilización.

Empezamos por la cultura. Unas cien firmas de personalidades muy destacadas y diversas, de distintas disciplinas y actividades y amplio espectro generacional han mostrado públicamente su escándalo en una carta abierta al presidente de la Comunidad ante el anuncio de este nombramiento. Su pasmo sea posiblemente mayor al constatar que el programa con que Vox se presentó a las elecciones incluía tres exclusivas prioridades: apoyo a las tradiciones, a la caza y a la pesca, y a la tauromaquia. Sobre esta última creen necesario promover una ley regional que, a la vista de los escrúpulos morales sobre la educación sexual en las aulas, quién sabe si podría contener la prohibición de que las mujeres acudan a los toros en ‘minifarda’, tal como aspiraba Manolo Escobar. Proponían también la elaboración de una Ley regional de Mecenazgo, cuya tramitación sería dudosa, al menos en su alcance, ya que las autonomías no pueden legislar por su cuenta en asuntos fiscales más que en el marco de sus propios ingresos. En realidad esta propuesta, largamente demandada por el sector de la Cultura al Gobierno del Estado, está encaminada en la política de Vox a endosar a la iniciativa privada cualquier compromiso público con la administración de la cultura.

Que un grupo con tres diputados de entre 45 y sin organigrama detrás se disponga a gobernar la Educación y la Cultura de la región con un planteamiento programático que incluso será complicado de encajar, en muchos de sus aspectos, en las líneas de actuación del propio PP por su naturaleza radical es natural que provoque inquietud en los sectores afectados. Educación y Cultura son áreas competenciales que exigen habilidades del tipo encaje de bolillos, ya que tocan las fibras más sensibles de la sociedad plural, y Vox es (todavía) un bloque minoritario de la representación política en el marco autonómico murciano.

La radicalidad política se cura gobernando, dicen. Pero también demuestra la Historia que puede extremarse aún más.