Nadie lo quiere reconocer porque tienen muy mala fama en un país como el nuestro, pero si los fondos de inversión norteamericanos no hubieran comprado la ruina de viviendas invendibles, edificios sin terminar y suelo urbano condenado al ostracismo, o sea, los restos del naufragio inmobiliario español, una parte sustancial de nuestro sistema financiero se hubiera ido al carajo, y con él miles de millones de euros de ahorros en cuentas individuales y la posibilidad de reactivar el crédito y mantener viables a las empresas que dependen de él.

Y no es que personalmente tenga simpatías por los banqueros a los que los fondos buitre salvaron el culo, mayormente pertenecientes al corrupto entramado político financiero soportado en las grandes familias locales que se adueñó de regiones como la valenciana, murciana o asturiana en aquellos años de la burbuja inmobiliaria, sino porque el desastre que se nos venía encima hubiera acabado para siempre con nuestro futuro, el de nuestros hijos y, probablemente el de nuestros nietos.

En aquellos años de furor austericida por parte de la Troika, con una estrategia de estabilización financiera que posteriormente se ha demostrado estúpida y suicida, estuvimos a punto de caer en la trampa de la intervención total si el Gobierno de entonces no se hubiera opuesto con astucia y ambigüedad gallega a la decisión ya tomada por Europa, como sí había sucedido en los casos de Grecia y Portugal.

Mariano Rajoy, al que sus sucesores en la dirección del Partido Popular niegan hoy el pan y la sal, consiguió eludir la intervención dando una de cal y otra de arena a Europa. Por una parte decretó recortes de gasto, ante la oposición tumultuosa de funcionarios de diferentes negociados (las famosas mareas) y por otra cedió en el rescate de parte de la Banca, con la condición en este caso impuesta por el BCE de sanear previamente los balances de la podredumbre del ladrillo. En ese momento los banqueros regionales se negaban a soltar los activos inmobiliarios por la experiencia histórica de que, tras el derrumbe y las dotaciones a pérdidas, siempre venían las recuperaciones y el reparto del botín en forma de adjudicaciones bajo mano de casas embargadas a favor de los bancarios, sus familiares y sus amigos. Y no hablo de oídas. Eso sucedió literalmente en la urbanización Puerto Almirante en Cabo de Palos, que pasó a propiedad de la CAM por impago del crédito promotor y después se repartió de la forma mencionada estafando de paso a los otros legítimos acreedores, como la empresa de mi padre, que había suministrado los forjados con los que se armaron las viviendas. Hablando de buitres, en las poltronas de dirección de las Cajas de Ahorro locales no han faltado nunca espléndidos representantes de dicha especie.

Aquí debo hacer un paréntesis, porque nuestro sociedad, incluso la parte más sensata, contaminada como está por la moralina anticapitalista del pensamiento único de izquierdas, no entiende que los llamados fondos buitre no son otra cosa que fondos de inversión alimentados con los ahorros de muchos norteamericanos que se privan del consumo diario para ahorrar para su vejez. Y no es que en Estados Unidos no existan pensiones públicas, que existen y son superiores a las pensiones mínimas que aquí disfrutamos (es un decir), pero la gente ahorra porque se lo puede permitir y se siente motivada para ello. Obviamente los ahorradores, muchos de los cuales mutualizan su ahorro a través de fondos gestionados por los empleadores públicos o privados, buscan la mayor rentabilidad posible, como cualquier hijo de vecino.

Pues sí, fueron estos malvados fondos y sus directivos, ninguno de los cuales que se sepa está en prisión por corrupción como algunos de nuestros célebres banqueros, los que decidieron jugarse su dinero y pagar a los bancos por esos despojos que en aquel momento no tenían escaso valor económico. De momento, lo que consiguieron fue ganar tiempo para el que el fracasado sistema de Cajas de Ahorro y el sistema financiero español en general se pudiera reestructurar, y de paso evitar la inminente y nefasta intervención de la Troika.

La gran Banca nacional, que había jugado un papel discreto en la fiebre del oro inmobiliaria, también aprovechó la ocasión para quedarse con algunas entidades significativas y sus activos inmobiliarios respectivos. No sin una fuerte ayuda de fondos públicos en su caso. Volviendo a los fondos, su intención inicial era revender esos activos inmobiliarios en cuanto el mercado se recuperara, porque su modelo de negocio cifra la alta rentabilidad para sus ahorradores en una estrategia de rotación. Pero, y he aquí su fatal error, quedaron fascinados, como en los cuentos de hadas, con el sector inmobiliario español, olvidando que nuestro país no goza de algo parecido a la seguridad jurídica como en las naciones serias.

Aprovechando las facilidades de una figura financiera específica como las SOCIMIS, su intención era poner en alquiler decenas de miles de viviendas a precios muy competitivos cuando les sorprendieron dos decretos de aquellos famosos ‘viernes sociales’ inspirados por Unidas Podemos en los que se alteró el ecosistema contractual de alquiler en España buscando perjudicar expresamente a los fondos de inversión. O sea, invitas al capital global a que rescate tu sistema financiero trayendo dinero fresco para comprar la chatarra a entidades financieras fallidas y poco tiempo después te dedicas a darles patadas en los cojones para perjudicarlos.

La última patadita a los grandes tenedores de vivienda ha sido la expropiación de casi una cincuentena de pisos por parte del Gobierno de izquierdas balear para ponerlos en alquiler a precios restringidos. Como siempre, las intenciones son loables, pero la pregunta es por qué los políticos no invierten fondos públicos en construir viviendas sociales (Franco lo hizo durante cuarenta años) y en su lugar tienen que robar a los propietarios privados para quedar bien y favorecer a sus votantes. Y si piensas que tú, ahorrador individual que tienes un piso vacío, como lo podrías tener en cualquier resorvorio de valor como un cuadro, una cuenta de ahorro, dinero debajo del colchón o en los célebres bitcoins, no estás al alcance de estos depredadores con cargo público y mando en plaza, tiéntate los machos, porque el siguiente en su lista eres tú.