El Ejecutivo regional ha reparado dos goteras en la casa que comparten PP y Ciudadanos sustituyendo las consejerías de Salud y Transparencia pero no ha entrado a fondo a revisar la estructura y la salud de la construcción sobre la que se sostiene.

Hace falta que los inquilinos se den cuenta de que hay que remover los cimientos de un pacto que presenta muchas grietas y hace inestable la la firmeza requerida en estos tiempos. Hasta la fachada del Palacio de San Esteban presenta desconchones cuando debería proyectar a la ciudadanía el orden y concierto que presupone a sus moradores.

Los dos socios políticos conviven, como pasa en muchos vecindarios, soportándose los unos a los otros compartiendo escalera pero con las puertas propias cerradas herméticamente. Aunque como ocurre en muchos pisos, las paredes son tan finas que se acaban escuchando las discusiones.

Aún más, si alguno de los moradores de la planta con la puerta naranja abre las ventanas para que se oiga todo por el hueco del patio. Como ocurre con la ancestral rivalidad entre Isabel Franco y Ana Martínez Vidal que ha quedado divulgada de tal manera que solo faltó su proclamación en la plaza Cardenal Belluga, la del mitin tan recordado de Inés Arrimadas.

El gobierno de López Miras está en crisis y el parcheado de estas semanas tras las salidas de Villegas y Ballesteros no pueden darla por cerrada.

El presidente debe aprovechar la coyuntura para preparar un Ejecutivo que tiene que enfrentarse, sin perder tiempo, a circunstancias para las que el anterior salido de las urnas de 2019 ni está preparado ni estaba pensado para responder a la pandemia.

No hablo de personas. Es más importante repensar el reparto de las competencias de las consejerías y, si hace falta, formalizar alguna más sin tener que engrosar la nómina de altos cargos.

Si la crisis sanitaria exige una ya existente cartera exclusiva de Salud, el reto económico, las exigencias de Bruselas y el cambio del modelo de desarrollo que nos demandan los Fondos Europeos exigen una consejería de Economía y Hacienda, sin tribulaciones de Presidencia, una de Medio Ambiente y otra que ligue las Nuevas Tecnologías y la Transformación Digital a la Empresa y las Universidades.

No nos quedemos en quitar y poner nombres porque de ser así, solo servirá para satisfacer egos personales y cobrarse venganzas, esas que tanto gustan y a las que tanto tiempo dedican los políticos.

Y los cambios, ya.