Opinión | La Feliz Gobernación

Nido de obispos

Ángel Montiel

Ángel Montiel

Lorca Planes es un obispo conservador. Alguien podría añadir: valga la redundancia. Obispo conservador no es un oxímoron, aunque hay obispos más conservadores que otros. Incluso los hay progres. Y hasta hay papas progres, dentro de un orden, como el actual. El obispo de la diócesis, en la Conferencia Episcopal, pasa incluso por ser ultra. Antes estaba alineado en el sector Rouco, pero ahora se mantiene leal a la línea Francisco. Y esto se explica porque, en el fondo, es un hombre del establecimiento. Se adapta con facilidad a la mayoría jerárquica. Digamos que estaría en buena sintonía con cualquier papa.

Esta es la razón por la que se ha mostrado tan decidido en la intolerancia contra la pederastia en el seno de la Iglesia. Es éste un dictado muy especial y directo del papa, y la obediencia de Lorca Planes está garantizada. Pero digamos en su favor que otros obispos no se han revelado tan dispuestos a hacer tan evidente esa lucha.

El obispo muestra así obediencia absoluta a la voluntad que se expresa desde la pirámide jerárquica de la Iglesia en este momento, pero hay quienes me hacen observar que esto es así en cuanto a cuestiones como la lucha contra la pederastia porque se trata de indicaciones expresas del papa. Sin embargo, cuando lo que proviene del Vaticano es opcional se muestra más distante. Por ejemplo, Francisco ha creado un dicasterio de Justicia Social que Lorca Planes no ha establecido en Murcia.

Por otro lado, sus nombramientos responden al perfil que se le adjudica: conservadores de la posición más bunquerizada. Y no se olvide que fue destinado a Murcia para templar las relaciones del obispado con la Universidad Católica, pues su antecesor, Reig Plá, polemizó de manera muy aguerrida con el presidente de esa entidad, Mendoza, a pesar de la condición mutua de kikos, por la propiedad de esa institución. Desde que aterrizó Lorca Planes no se ha vuelto a decir palabra sobre el asunto. Al obispo y al ‘cardenal laico’ cabe situarlos en el mismo espacio ideológico, aunque discrepen en la práctica en la administración de las vacunas: para Mendoza son una trampa, pues nos inyectan un ‘chis’ con el que nos quieren controlar, mientras el segundo se ha apresurado a administrársela junto al resto de la cúpula, aun cuando estaban fuera de protocolo.

Hasta este suceso, Lorca Planes se ha distinguido por ser un obispo discreto, limitado al club que preside, el de los católicos practicantes. No ha intervenido en política y se ha contenido en asuntos como el matrimonio homoxesual o la eutanasia, así como ha intentado poner paz, concordia y limpieza en la administración de algunas cofradías. Es cierto que carece del carisma de algunos de sus predecesores, Azagra o Ureña; dicen que tiene una formación teológica normalita y que los curas no vibran de emoción ante él. En definitiva, parece querer jubilarse sin estridencias.

Por esto ha resultado aún más sorprendente el episodio de su vacunación y las elusiones y claras mentiras que vinieron después, restándole autoridad a quien probablemente sea el único ciudadano murciano que, si atendiera el lema «quédate en casa» no tendría problema de contagio, pues vive solo en un imponente palacio con un amplísimo patio interior y envidiables terrazas con hermosas vistas a la zona histórica de la capital.

Que al final vaya a quedar como ‘el obispo que se vacunó’ es casi una pena.