31 de diciembre de 2020
31.12.2020
La Opinión de Murcia
Erre (Rock) que erre (and Roll)

Let The Good Times Roll (JD McPherson)

30.12.2020 | 21:37
Let The Good Times Roll (JD McPherson)

Hoy acaba 2020, un año muy malo, el peor en décadas para muchos. Se me hace cuesta arriba cualquier balance, más aún escribiendo esta columna en un pequeño descanso mientras toreo el vendaval en la planta UCI de mi hospital. Que no es que sea mío, pero ya se sabe que cuando pasamos tiempo en un lugar nos agenciamos los derechos morales y patrimoniales que aunque no nos correspondan, sentimos como nuestros.

Pasa como con los amigos de los que siempre me jacto, van con un «mi» por delante. Sucede con las parejas; aunque esa es otra cuestión, cuando se acaba el romance, el adjetivo posesivo se desvanece o torna a «ese». Ese con el que no tienes intención de cruzarte en mucho tiempo. Ese, al que quieres por todos los medios olvidar, como el 2020.

Y es que, como en los peores finales de un matrimonio, en este fatídico año nos han faltado abrazos, nos han cubierto la boca y clausurado la sonrisa . Ha sido una carga extenuante de sin razón, de incertidumbre, de agonía. Un año henchido de miedo. Ese miedo que sólo es capaz de desvanecerse cuando aparece el amor, el amor que paradójicamente causa terror a más de uno. A los pusilánimes mayormente.

Recordaremos estos días por las catástrofes vitales de miles de personas, y por las de cada uno que hemos visto morir, por algo totalmente desconocido, a seres queridos (los pacientes llegan a serlo, te lo aseguro). Miles de pérdidas económicas en casi todos los sectores, pequeños comercios... Ya se sabe que siempre pagan los mismos.

Evocaremos en un tiempo lo ignorantes que podemos llegar a ser dejándonos arrastrar en la lucha generada por las opiniones tan dispares que una pandemia puede ocasionar. Lamentaremos los días sin colegio, los cumpleaños sin fiesta ni velas que soplar. Será rememorado por el absoluto agotamiento de los sanitarios, sometidos a contratos interminables en condiciones a veces infrahumanas. Por dejar fenecer a la cultura, suspendiendo todo tipo de eventos por muy seguros que prometieran ser. Por tener una clase política que ha resultado ser nefasta, haciéndolo mal de febrero a junio y permitiendo la catástrofe en octubre (los incluyo a todos).

Es tan fácil venirse abajo recordando la desdicha que rotundamente me niego a creer que el mundo empeora; los que somos padres tenemos la obligación de disfrazar este caos.

Me gusta, quiero pensar que los hombres y mujeres que conozco, como buenos ejemplares mediterráneros son intrépidos por genética, farrucos por naturaleza y valientes por dignidad. Que nos levantamos erguidos cada vez que nos golpea una crisis, sea esta a nivel personal, profesional o comunitario. Me gusta visualizar el final de Zorba el Griego (Michael Cocoyannis, 1964), y aparece Anthony Quinn con esa vitalidad, seguridad y pasión por la vida, bailando al son de la majestuosa composición de Mikis Theodorakis. Es lícito, justo y necesario creer que como Zorba, miraremos este 2020 y seremos capaces de sonreír, cerrar los ojos y pensar que en todas las guerras sucede un ´alto el fuego' convencidos de que para algunos, y por motivos de agradecer, por personas que se quedarán y por momentos mágicos vividos en ese alto, ha sido un buen año.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Lo último Lo más leído