27 de diciembre de 2020
27.12.2020
La Opinión de Murcia
Jodido pero contento

Una Europa renacida de las cenizas del Brexit

26.12.2020 | 18:39
Una Europa renacida de las cenizas del Brexit

Se ha cortado de raíz el peligro de que Reino Unido se convirtiera en un enclave 'pirata' para que el resto del mundo pudiera vender sus mercancías baratas sin ninguna cortapisa ni control de calidad en la Unión Europea. Es lo que los partidarios del Brexit llamaban convertirse en un 'Singapur en el Támesis'

Algo de razón tenían los euroescépticos cuando calificaban a la Unión Europea como el tercer intento de Alemania por controlar los destinos del continente Europeo. El primer intento desembocó en la Primera Guerra Mundial, y el segundo en la Segunda. Alemania fue un proyecto informe que se fue fraguando con los siglos en el corazón de Europa, desde una pléyade de territorios gobernados por nobles feudales hasta la proclamación del Imperio Germánico en 1871, fruto de la adhesión final a Prusia de los territorios todavía autónomos de cultura alemana.

Lo que nunca contaron los británicos euroescépticos es que la sangre vertida por los combatientes británicos durante las dos guerras mundiales se convertiría en agua de borrajas al abandonar voluntariamente un proyecto europeo que actuaba de contención definitiva del poder alemán en el continente europeo. Porque, antes de cualquier cosa, la UE es un proyecto para asegurar la paz y la prosperidad en un espacio en el que durante dos siglos predominó la guerra y la miseria de las postguerras. La idea de Europa nació del hartazgo del enfrentamiento permanente de la Francia y la Prusia imperial en esos dos siglos, al que se sumaron de forma entusiasta al principio y resignada después los imperios Austrohúngaros, la Rusia Zarista y, por último, Gran Bretaña. De Gaulle se opuso terminantemente a la entrada de Gran Bretaña en el proyecto europeo porque creía a pies juntillas (y el tiempo le ha dado la razón) que a los ingleses solo le interesan sus intereses, valga la redundancia.

Sus intereses eran la creación de un espacio de libre comercio único en el que ellos llevaran la voz cantante. Cuando la Comunidad Económica Europea devino en un ambicioso proyecto de unión política confederal, los británicos se aprestaron a hacer las maletas para abandonar el club. Como en el chiste de la novia que deja al novio porque tenía muchos defectos, pero no le devuelve el anillo de pedida porque éste no tenía ninguno, Gran Bretaña seguirá aprovechándose del espacio económico europeo sin tener que contribuir un ápice a su mantenimiento.

tendrá un acceso privilegiado a los mercados europeos de la UE y viceversa, pero no es más cierto que lo hará con una fuerte carga burocrática para los fabricantes, que será disuasivo para los que no vean un beneficio evidente en asumir tanta burocracia los tiempos de espera en las aduanas. Eso, simplemente, perjudicará a las cadenas de suministro de producciones complejas como las de los vehículos, que integran elementos intermedios que cruzan las fronteras varias veces antes de constituirse en un producto final. La UE ha impedido también (con el famoso 'campo de juego nivelado') que decaigan los estándares de calidad en los productos británicos con el fin de bajar el precio y vender con ventaja en relación con los productores europeos. Eso afecta a la política medioambiental, sanitaria, de subvenciones y de costes laborales. En definitiva, una vez más, la Unión Europea impone sus estándares al resto del mundo, como ya ha sucedido en los múltiples acuerdos comerciales firmados en los últimos años, y cuyo rechazo por parte de los Estados Unidos es la razón principal por la que no ha finalizado con éxito aún la negociación pendiente con este país.

En este sentido, se ha cortado de raíz el peligro de que Reino Unido se convirtiera en un enclave ´pirata' para que el resto del mundo pudiera vender sus mercancías baratas sin ninguna cortapisa ni control de calidad en la Unión Europea. Es lo que los partidarios del Brexit llamaban convertirse en un ´Singapur en el Támesis'. Por otra parte, los políticos británicos están muy contentos de que, a partir de este 1 de Enero, los europeos no podrán residir ni trabajar sin ninguna restricción en Reino Unido, olvidando que a los que más interesa poder residir y trabajar en la Unión Europea serán a sus jubilados y profesionales, cuyos títulos no se homologarán automáticamente a partir de ahora. En este juego, todos perdemos, los británicos y los europeos. Un juicio aparte merece el rechazo de los británicos de que sus estudiantes continúen en el esquema Erasmus. Más cerril, paleto y nacionalista no se puede ser.

tras cuatro años y medio de marear la perdiz, cada parte ha conseguido sacar de lo negociación lo que estaba buscando básicamente. Los antieuropeos británicos, con Boris Johnson a la cabeza, tienen el ´Brexit duro' que buscaban, aún a costa de poner en peligro la unidad del Reino, con controles aduaneros entre el resto del país e Irlanda del Norte y, más que probablemente, en Gibraltar; y, lo más grave, un exacerbado independentismo escocés, que les aboca a un conflicto nacionalista interminable (los españoles sabemos algo de eso). Por otra parte, la Unión Europea consigue que la salida del Reino Unido no le salga gratis, como prometían los antieuropeos para justificar el Brexit (lo de ´comerse el pastel sin que se acabe'). A partir de ahora, nuestro futuro no es el de ellos. A ellos les irá bien, no lo pongo en duda. Es un gran país, con una cultura fascinante y una instituciones democráticas sólidas y ejemplares. También son grandes comerciantes y poseen un sector financiero que seguirá actuando como un imán para las fortunas de medio mundo, especialmente las de origen dudoso. No dominarán los mares como en el pasado imperial, pero seguirán muy orgullosos de haber sido lo que han sido, sin tener en cuenta que han renunciado con el Brexit a tener un papel privilegiado en un futuro que pertenecerá a tres grandes bloques geopolíticos: Estados Unidos, China y la Unión Europea.

Por otra parte, la Unión Europea ha salido muy fortalecida de este proceso, sin haber mostrado la más leve fisura en estos años de duras negociaciones entre sus miembros, mirando siempre por los intereses de la Confederación, al margen de los puramente locales o nacionales. Sin el Reino Unido, Europa ha demostrado ser más ambiciosa y mucho más eficaz, con Alemania como brazo económico y Francia como brazo político.

Se adivina un nuevo principio para un futuro continental lleno de promesas, en el que el ´experimento europeo' se jugará el ser la gran potencia benigna que todos deseamos. Afortunadamente, sin el lastre de los euroescépticos británicos.

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