21 de diciembre de 2020
21.12.2020
La Opinión de Murcia
Murcia D. F.

Podemos: ser o no ser

La formación morada ha completado su organigrama local y está en disposición de intensificar su labor en el Ayuntamiento de Murcia siempre y cuando no se produzcan choques en el interno del partido

20.12.2020 | 20:05
Podemos: ser o no ser

Podemos a nivel local se ha quedado niquelado. Es decir, los partidarios de Pablo Iglesias y de Javier Sánchez Serna, diputado nacional y cabeza visible de la formación morada en la Región, se han hecho con la cabeza del organigrama en el municipio de Murcia (campando a sus anchas y con los críticos controlados), logrando una candidatura única con integración de personas de las otras dos listas que pretendían disputar la portavocía a Luigi Carinci, el supuesto candidato del aparato y hasta ahora responsable de la secretaría autonómica de Sociedad Civil.

La figura de portavoz sustituye a la del actual secretario general del municipio, cargo que ostentaba desde 2018 el portavoz del grupo en el Ayuntamiento, Ginés Ruiz Maciá (Gino para los amigos), y es una responsabilidad muy interesante. Se trata de una especie de enlace entre los concejales, el staff del partido y las bases, y cobra especial relevancia en formaciones salidas de movimientos sociales o que se consideran herederos de la calle, como es el caso de Podemos que siempre se ha erigido como el representante del 15M en las instituciones.

Carinci no es nuevo en la política local. Es un viejo conocido del PP y del equipo del alcalde de Murcia, José Ballesta, ya que en el anterior mandato estuvo trabajando a las órdenes de Ahora Murcia, la marca blanca de Podemos (el partido de iglesias no se presentó con marca propia en la etapa anterior) encabezada por Alicia Morales, cuya lista logró tres concejales, uno más de los que alcanzó en las pasadas elecciones la formación morada.

Tampoco es ajeno el nuevo portavoz de Podemos en el municipio de Murcia a las consecuencias que tienen los enfrentamientos internos de los partidos. No en vano fue cesado a petición de Morales antes de que acabara el mandato, y de una forma poco elegante, y su salida fue premonitoria, ya que un tiempo después se descolgó de ese grupo el edil Luis Bermejo, que pasó al grupo mixto para abandonar después la corporación sin que hubieran expirado los cuatro años.

Bermejo y Carinci, de la cuerda de Pablo Iglesias (los otros ediles de Ahora Murcia eran errejonistas), trabajaron codo con codo en ese mandato, una experiencia que le viene muy bien en su nuevo cargo y que servirá (o debe servir) para intensificar el trabajo del grupo de Podemos en el Ayuntamiento de Murcia, que está un poco desdibujado en este tiempo de pandemia y por la situación de los dos concejales que representan al partido de izquierdas, ya que no están liberados y deben atender sus responsabilidades profesionales a la par que sus políticas e institucionales. Aún así han llevado a pleno interesantes propuestas y se muestran muy críticos con uno de los grandes problemas del municipio de Murcia, como es el transporte público.

En esta nueva etapa que inaugura Podemos mucho deberá trabajar el nuevo portavoz y su equipo para volver a ilusionar a la militancia, esquilmada y purgada por errores propios y ajenos, tal y como pretenden, además de realizar acciones y propuestas desde el grupo municipal que encabeza Gino, que puedan mermar los votos de la derecha de cara al 2023. Carinci ya conoce cómo se las gastan los populares, que tienen pendientes de dar respuesta a decenas de propuestas de este mandato y del anterior sin que se sepa cómo se van a materializar esos acuerdos alcanzados con la mayoría de toda la corporación. Es decir, el nuevo portavoz sabe de buena tinta que las mociones que se presentan al pleno como principal acción política e institucional tienen poco valor práctico, por no decir que no sirven para nada, ya que se cumplen tarde, mal y nunca.

La incorporación de nuevas estrategias de oposición al grupo municipal en esta nueva etapa puede conllevar un riesgo añadido por el choque que se puede producir en esa bicefalia, que puede derivar en una lucha interna haciendo saltar la organización local por los aires. No sería algo nuevo en Podemos a nivel local, que ya vivió con Bermejo los estragos de esas pugnas hasta el punto de que el concejal tuvo que poner un candado en la puerta de su despacho, una situación inédita hasta ese momento en la Glorieta, al no fiarse de sus compañeras de grupo.

Otro de los retos es seguir profundizando en la relación que mantiene Podemos con IU de cara a una confluencia para las próximas elecciones municipales bajo la marca Unidas Podemos. Curioso es que ambos partidos hayan recorrido el mismo camino. Podemos sacó un rédito brutal del 15M hasta hacerse con tres concejales, igual que le ocurrió a IU en sus buenos tiempos. Resultados espectaculares para después iniciar una curva de decadencia hasta perder la representación en las instituciones. La formación morada puede estar recorriendo el mismo camino y con el nuevo organigrama se encuentra en la encrucijada de volver a ser el partido ilusionante o dejarse arrastrar hasta la intrascendencia. En definitiva, ser o no ser.

Por nadie pase.

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