20 de diciembre de 2020
20.12.2020
La Opinión de Murcia
Jodido pero contento

La única sonrisa que importa es la del consumidor

19.12.2020 | 20:37

Por lo visto el comercio local no tiene suficientes problema con los efectos de la pandemia para que a estos no se le sume el agravio añadido de una campaña de imágenes melifluas y discurso lacrimógeno con el que la Comunidad Autónoma promueve que devolvamos la sonrisa a los comerciantes. Este tipo de campañas gubernamentales, en los que se promueven intereses por cuenta de un colectivo intentando congraciarse con sus miembros, (buscando el feedback por el efecto ´adalid' o campeón) tienen sentido si son capaces de demostrar las ventajas competitivas que aportan los ´defendidos' y no pueden basarse, como hace en parte esta campaña, en estimular falsos sentimientos compasivos y de solidaridad emocional. Como si los comerciantes no tuvieran argumentos y una sólida representación colectiva para defenderlos y proclamar el valor que aportan a las ciudades

Además, pretender hacer demagogia atacando a la gran alternativa del comercio local, que es Amazon (atentos al juego de la sonrisa con el imagotipo de la multinacional), que es la que muchos consumidores han elegido para cumplir en estos días con las restricciones de movilidad impuestas por la autoridad competente (el mismo Gobierno autonómico que paga la campaña del comercio) me parece, como poco, lamentable. Puestos a apoyar al comercio local, hay múltiples políticas mejores que una campaña de publicidad. La que prefiero personalmente es la eliminación de impuestos (no la trampa saducea de la moratoria) y el dinero contante y sonante mediante transferencias directas a las cuentas de las empresas comerciales. En el resto de políticas, como facilitar la rehabilitación urbanística de los centros de las ciudades, mejorar el transporte urbano o dejar de obligar a los promotores a hacer bajos comerciales donde no se necesitan cuando levantan un edificio de obra nueva, no entro porque alargaría este artículo hasta alcanzar una dimensión impublicable.

ante al ataque a Amazon que despliega, proclamar mis experiencias con la susodicha plataforma, que en mi caso son altamente satisfactorias. Me abrí mi cuenta en la entonces solo librería de Amazon hace tanto tiempo que, a veces sospecho (viendo la biografía de su fundador Jeff Bezos) si algunos de los libros que recibí fueron empaquetados por él mismo en el garaje de la casa donde empezó el negocio. En concreto, descubrí con Amazon la posibilidad de comprar y recibir en un plazo razonable y a precios estándar los escasos títulos disponibles de la especialidad de marketing en el que he basado mi carrera profesional. Títulos que nunca vi en venta en ninguna librería local, por cierto.

También fui de los primeros compradores de los Kindle, el libro electrónico que me permite leer en otros idiomas consultando las palabras que no conozco mediante el diccionario contextual. Cuando se convirtió en una aplicación ubicua, la utilizo en todos mis dispositivos electrónicos, con la seguridad de que podré leer en cualquier sitio y no tendré que recordar la página por la que iba. Excuso decir que tengo una Alexa en cada habitación de mi casa, lo que me sirve para oir mi música favorita de Spotify sin perder una nota de la canción que estaba escuchando al moverme de un lado para otro, como si de un hilo musical se tratara. Como colofón, me acabo de dar de alta en Audible, la plataforma de audiolibros de Amazon, mediante la cual estoy disfrutando estos días de los versos de Neruda recitados por el propio poeta y que escucha en cualquiera de mis altavoces Alexa repartidos por la casa.

En todo caso, lo que más valoro en Amazon, y no me aporta una tienda física, es conocer la opinión de otros usuarios sobre el producto que estoy pensando comprar y también, obviamente, la facilidad de encontrar alternativas y comparar precios. Y eso por no hablar de la facilidad para devolver un producto comprado a través de su Plataforma, operación en la que Amazon siempre se pone siempre de tu parte, incluso doblando la cerviz del comerciante online que vende en su entorno y que intenta recular con la devolución.

no necesitan defensas como las campañas gubernamentales (una campaña promovida por los Ayuntamientos hubiera tenido más sentido) para subsistir. Aparte de que la pandemia tiene los días contados (si no fuera así, no solo serían algunos sectores como el comercio y la restauración los que atravesarían por graves dificultades), el comercio local tiene un enorme capacidad de regeneración y de adaptación a los cambios. Ello implica, obviamente, que muchas marcas desaparecerán y otras aparecerán en su lugar, como mandan las leyes del libre mercado y la dinámica de destrucción creativa propia de las economías capitalistas. También que sectores comerciales enteros irán a menos y otros irán a más. El futuro del comercio no es de las plataformas online ni del comercio local, el futuro pertenece a los que sepan integrar el mundo físico y el mundo virtual. Amazon ya está en ello experimentando con tiendas físicas, y muchos comercios locales también han desarrollado como corresponde una sólida presencia online. Afortunadamente la tecnología está cada vez más democratizada, anulando las ventajas de los grandes operadores como Amazon.

Para concluir, me reafirmo en la tesis que encabeza este artículo. Lo que debe preocupar y lo que deben fomentar tanto los empresarios de cualquier sector como las autoridades políticas es la satisfacción de los ciudadanos en cuanto consumidores. Su sonrisa es la que importa. Especialmente grave es que las autoridades escojan ganadores y perdedores para favorecer unos intereses frente a otros. Eso pertenece más bien a la época oscura de la economía intervenida y de los sindicatos verticales. ¿Por qué un repartidor de Amazon tiene menos derecho a un empleo que una dependienta de un comercio local? O ¿por qué un dueño de un local en el centro tiene más legitimidad para cobrar una renta que el propietario de una instalación logística en un polígono industrial de la periferia desde donde se reparten mercancías a los compradores directamente en sus hogares?

Sonría, por favor.

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