13 de diciembre de 2020
13.12.2020
La Opinión de Murcia
Jodido pero contento

Golpe al imperio Facebook

12.12.2020 | 20:57
Golpe al imperio Facebook

La maquinaria antimonopolio se ha puesto en marcha contra Facebook en Estados Unidos y probablemente nadie podrá pararla, y mucho menos el espabilado estudiante que la creó de la nada hace apenas 16 años por la increíble razón de que no se comía una rosca con las tías en sus años universitarios. Hay precedentes en Estados Unidos de acciones de tal envergadura contra monopolios, como en el caso de la petrolera Standard Oil de los Rockefeller o ATT, la marca con la que se disimulaba el imperio de telecomunicaciones creado con mimo por el inventor del teléfono y muchas otras cosas, Graham Bel. Esta, a diferencia de aquellas, es la primera que se enfrenta directamente a uno de los gigantes de la nueva economía ubicados en un espacio geográfico que ya ha adquirido carácter mítico y que se denomina Silicon Valley.

El Gobierno Federal, acompañado por los fiscales generales de 49 de los 50 Estados norteamericanos, acusan a Facebook de haber actuado con tácticas monopolistas, al comprar Instagram en un momento dado y Whatsapp posteriormente. No es que en aquellos momentos de las compras ninguna de las dos compañías estuviera haciendo sombra a Facebook, pero ambas estaban es un estadio prácticamente fundacional y sus propietarios de entonces de decantaron por aceptar una oferta económica por un cantidad que nunca hubieran imaginado alcanzar simplemente desarrollando sus respectivos proyectos empresariales. Vamos, que les hicieron una oferta que no podían rechazar. El movimiento de adquisición, como tantas otras decisiones empresariales de Mark Zuckerberg, se demostró un tremendo acierto. Ambos proyectos han multiplicado su valor múltiples veces, hasta el punto que su venta obligada por la operación antimonopolio recientemente emprendida, volvería a los accionistas de Faceobook inmensamente ricos, lo cual sería estupendo para ellos si no fuera porque ya son asquerosamente ricos en la actualidad. Y como decía un buen amigo argentino: ¡No podés comer dos bifes en un solo día!

Seguro que mucha gente sigue preguntándose a estas alturas cómo va a valer tanto dinero una cosa como Whatsapp que, en su modelo de negocio aparente, recuerda más bien el lema del día de la madre: Dar mucho, pedir poco. Pero poco no es nada. Es ni más ni menos que tus datos personales sin que tú tengas conciencia de que están siendo utilizados porque no ves ningún mensaje publicitario directamente en la aplicación. O que te vuelvas tan dependiente de la aplicación que, cuando los reguladores les obliguen a respetar tu voluntad de privacidad de forma explícita a cambio de usarla, no tendrás más remedio que dar tu consentimiento. Eso ya está sucediendo con Google y Gmail en Europa y terminará pasando con Whatsapp. Los chicos de Mark, y él mismo, lo tienen tan claro, que en las deposiciones de este ante el Congreso norteamericano reconoció que una Ley de Privacidad como la europea se tendría que acabar asumiendo también en Estados Unidos. Ese cinismo de ponerse al frente de la manifestación cuando la ola de protestas es imparable es típico de este genio de la tecnología, el marketing, las finanzas y, sin duda, de la política.

El secreto del inmenso poder de Facebook, como en el de todos los monopolios que en el mundo empresarial se han formado, está en el modelo empresarial de Estados Unidos, con algunos inversores de riesgo dispuestos a asumir la financiación del desarrollo inicial de una idea prometedora, que actúan como locomotoras de un tren que va incorporando en sucesivos vagones cada vez más inversores convencidos de que los más enterados saben algo que ellos desconocen. De ese esquema surgieron los potentados del ferrocarril, del acero, del petróleo o de la electricidad con la industrialización de finales del siglo XIX y principios del XX, los que fueron llamados, no por casualidad, los ´robber barons´, porque eran maestros en absorber las posesiones de los que estaban en posición más débil pero que podrían en un futuro impedirles su continuo desarrollo y expansión. Mientras que en Europa siempre hemos dependido del Estado omnipotente para generar monopolios de suministros esenciales que, como mucho, se abrían a la participación popular en forma de las "telefónicas" o cualquier otro instrumento del capitalismo popular garantizado por el Estado, en Estados Unidos los monopolios se crean tradicionalmente por la iniciativa de emprendedores individuales que logran transmitir su visión de futuro a los primeros inversores, que arriesgan mucho ante la perspectiva de un gran enriquecimiento futuro. No hay que decir que el modelo norteamericano ha contribuido al florecimiento de las industrias que dominan el mundo, empezando por la misma Europa.

El único contrapeso a esta dominación es, por paradójico que parezca, la actuación del propio Gobierno norteamericano en base a las leyes antimonopolio aprobadas en su momento para combatir precisamente a los ´robber barons´. También Microsoft, ya en la era de la informática, sufrió la amenaza de desmembramiento, que suele ser el resultado de estas operaciones antimonopolio como en el caso de ATT y la Standard Oil Company, pero su caso acabó en agua de borrajas debido a la hábil jugada de Bill Gates de apoyar, con la compra de un sustancial paquete de acciones, a su directo competidor Apple, cuando esta compañía se encontraba en su peor momento. No le irá tan bien a Facebook, probablemente. Tanto desde la derecha como desde la izquierda norteamericanas se le tienen muchas ganas a este genio, maestro en poner inexpresivas caras de póker y dar la razón a los que le interrogan con el objetivo de encontrar en él supuestas debilidades y contradicciones.

También le resbalan, como a Google o Microsoft, las multas impuestas por la Unión Europea, que son como picotazos de avispa en la piel de un elefante. El gran pecado del conglomerado bajo el control de Facebook es haberse convertido en un caballo de Troya que actúa como plataforma para que los nuevos troyans (que son, para aclararnos, los cibermilitares rusos y chinos) desestabilicen las democracias occidentales sembrando el disentimiento, el enfrentamiento y el caos.

Es irónico que el último gesto de la derrotada presidencia de Trump sea dificultar en el futuro las acciones de los mismos que facilitaron su victoria en primera instancia.

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