11 de diciembre de 2020
11.12.2020
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Tiritan los astros

10.12.2020 | 22:58
Tiritan los astros

Voy a hacerme unas gafas nuevas porque no sé dónde he extraviado las antiguas. Me las imagino, allá donde se encuentren, observando el panorama con la neutralidad que es propia de las dioptrías. Tal vez alguien las haya recogido y se las haya puesto y por una fracción de segundo haya visto con ellas lo último que vi yo a su través. Les diré lo último que recuerdo haber visto antes de percibir su pérdida: el cadáver de un amigo con el rostro compuesto y maquillado por un tanatopráctico que mereció las felicitaciones de la familia del finado. No es broma. En un momento dado del velatorio entró el tanatopráctico en la sala y se presentó con las maneras de un jefe de cocina de restaurante caro para solicitar la opinión de los clientes vivos (el muerto, pobre, no decía nada). Mi amigo, tan delgado y tan de negro en su ataúd, me trajo a la memoria la imagen de una estilográfica en su estuche. Pensé que, si tuviera el tamaño de una pluma, podría escribir con su cuerpo los versos más tristes esta noche.

El caso es que la señora de la óptica que me hacía las pruebas para las nuevas gafas me dijo que tenía una amiga a la que se le aparecían los muertos. Me limité a componer un gesto de ambigüedad, pues no estaba seguro de querer hablar del asunto, ya que venía de dar un pésame.

„A mí, en cambio, me desaparecen „añadió.

„¿Cómo que le desaparecen? „pregunté.

„Pues que intento evocar el rostro de mi madre y el de mi padre y solo veo de ellos partes sueltas: su boca, sus ojos, sus cejas levantadas? Se me van borrando con el paso de los años.

La mujer me colocó en los ojos unos artefactos con cristales y me pidió que leyera, de las líneas que había proyectado sobre una pantalla, la más pequeña. Esto es, increíblemente, lo que ponía: «Puedo escribir los versos más tristes esta noche».

Estuve a punto de decirle que se me acababa de aparecer ese poema de Neruda en el tanatorio, pero me reprimí para no parecer un loco. Luego, ya en casa, intenté evocar el rostro de mis padres con los ojos cerrados, y me ocurría lo que a la oftalmóloga: que se me desaparecían. Escribir por ejemplo la noche está estrellada y tiritan, azules, los astros a lo lejos.

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