03 de diciembre de 2020
03.12.2020
La Opinión de Murcia
Erre (rock) que erre (and roll)

El talento

02.12.2020 | 20:43
El talento

 

Ayer leía una entrevista a Ígor Paskual, cuyo compendio venía a ser el siguiente: «La medicina cura el cuerpo y la cultura salva el alma». Qué gran verdad, es necesario crear, bailar, cantar... Y cuando peor estamos es más necesario aún. Una actividad artística, como es la de entonar música, por poco punzante que parezca, puede ser igual de incisiva que empuñar una espada. No hay conflicto ni guerra que se precie de la que no haya salido un himno para manifestar quienes eran los unos o los otros, para distinguir al oponente, o simplemente para divagar de los malos tiempos, que según la época, nos ha tocado vivir. Esas canciones construidas en momentos de crisis bien pueden considerarse medicina pura, terapia para el alma o sencillamente vía de escape.

No hay sociedad sin cultura y jamás sucedió un acontecimiento que marcase una página de la historia donde no se generase una obra de arte. Pienso en el Guernica de Picasso mientras hago esta reflexión. ¿Cómo puede nadie imaginar una obra de tal magnitud aludiendo e interpretando un bombardeo que en ese momento se manifestaba tan cruelmente en la patria del autor? Plasmar la destrucción de un pueblo como símbolo del terror de una manera tan brutalmente bella.

Pienso en la composición que Norbert Schultze fue capaz de crear en el 37, mientras medio mundo estaba siendo masacrado, en su capacidad de captar el atractivo inimaginable, con esa delicadeza, en una época tan hostil, después de leer la carta que un soldado escribió a dos mujeres de las que andaba medio enamorado. Hablo, por supuesto, de Lili Marleen, himno generacional traducido a decenas de idiomas y versificada desde hace cien años hasta nuestros días.

Pocos grupos han mantenido un arquetipo tan resistente componiendo mientras andaban inmersos en un conflicto como The Clash. Su 1977 (White Riot Single) marcó la ruptura con su manera de entender la música, pero sirvió además como tema clave para el movimiento punk con el que muchos jóvenes de la sociedad anglosajona se desmarcaban de roles que consideraban opresores e hipócritas. Con su canción Washigton bullets (Sandinista. CBS/EPIC) marcaron en 1980 el camino que muchos andaban buscando, convirtiéndose en un grito dirigido a defender la ideología izquierdista que el grupo reivindicó siempre.

Podría seguir largo y tendido con temas recurrentes de Strummer y Simonon, pero necesitaría otra columna. Actualmente no vivimos una guerra, pero sí una pandemia que ha paralizado el mundo, afortunadamente no el talento de muchos jóvenes que se esfuerzan, a veces a cambio de nada, en mostrar su lado creativo y darnos la vida a los que consideramos la cultura como medicina para el alma.

Ayer tuve el privilegio de presentar los Candidatos a los Premios de la Música Murciana que concede el Ayuntamiento de Murcia junto a la Asociación Cultural «Hay un tigre detrás de ti», en la que además formo parte de los 21 miembros del jurado que votan por el talento. Nos hemos visto desbordados a la hora de elegir, bajo nuestro criterio , a los tres finalistas en cada una de las secciones. 35 grupos noveles, 55 videoclips, 16 discos pop, 21 rock, 18 de otras tendencias, 7 proyectos de música clásica y 6 de música tradicional. Una maravilla y una bendita locura que me hace sentir orgullosa de la capacidad de nuestros artistas. Músicos a los que pocos organismos ayudan, a los que casi ni subvencionan, los mismos que llevan nueve meses en dique seco sin apenas oportunidad de subir a un escenario y demostrar su valía. Me parecía de justicia dedicarles esta columna, por valientes, por sanadores de las almas que creemos en su medicina.

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