27 de noviembre de 2020
27.11.2020
La Opinión de Murcia
Dulce viernes

Una verdad simple

Mis hijas son adolescentes. No tienen un solo recuerdo de un atentado. En su vida no existe el terrorismo etarra. Eso significa que viven en un mundo diferente al nuestro, donde sí hay coches-bomba, tiros en la nuca, secuestros, kale-borroka...

26.11.2020 | 20:55
Una verdad simple

Hace diez años que ETA tomó la decisión de no cometer más atentados. Hace diez años que no asesina a nadie. Sin embargo, para muchos, entre los que me incluyo, fue ayer cuando todavía corría la sangre. Por eso, con incredulidad, he tenido que buscar el dato y remontarme año a año en el calendario para asimilar que el pasado está en el pasado.

Mis hijas son adolescentes. No tienen un solo recuerdo de un atentado. En su vida no existe el terrorismo etarra. Eso significa que viven en un mundo diferente al nuestro, donde sí hay coches-bomba, tiros en la nuca, secuestros, kale-borroka. Su mundo está limpio, como un cuerpo que hubiera superado una enfermedad mortal. Sin embargo, nosotros estamos contaminados sin remedio, y habitamos todavía el mundo del asesinato, de igual forma que nuestros padres jamás pudieron desprenderse de la cartilla de racionamiento, las iglesias quemadas o las fosas en las cunetas. Nuestros hijos podrán ver las cosas de otra forma, pero nosotros no.

Liberarse de los prejuicios, mirar adelante, tragarse el rencor. Todo eso es necesario para avanzar. Así se hizo en la Transición. No sé si mi generación, que es la de Felipe VI, podrá hacer algo similar en estos tiempos que reclaman otra vez empezar de nuevo. No lo creo. Creo que será una generación perdida entre los asesinos y los inocentes. Pero al menos deberíamos preservar la inocencia de nuestros hijos y no trasladarles a ellos nuestras obsesiones.

Aunque al principio dudé, finalmente decidí ver con mis hijas la serie Patria. Pensé que conocer todo lo que pasó les ayudará a entender lo que ocurre hoy. Lo que he descubierto es que no entienden nada. No es que sea para ellos como una película de ciencia-ficción, que al fin y al cabo muestra lo que seremos; es más bien una película prehistórica. Es un mundo tan ajeno que no pueden entenderlo. Y eso es maravilloso.

Estábamos viendo el episodio 4 cuando sucedió algo que les hizo saltar del sofá y mirarme con los ojos como platos. Era la escena en la que la madre visita a su hijo en la cárcel. «Patxi, el del Arrano, me ha pedido una foto tuya. Os van a poner en la fachada del Ayuntamiento, en grande? En el pueblo todos te envían recuerdos». Y en los ojos del etarra asoma por un instante el orgullo del gudari. «¿Eso es normal?», pregunta una de mis hijas. «¿Cómo pueden apoyar a un asesino?». «Porque es un gudari, un guerrero que lucha por la libertad de su pueblo». «Son asesinos»,replica, «gente que mata a gente».

Esa verdad simple todavía no ha llegado.

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