21 de noviembre de 2020
21.11.2020
La Opinión de Murcia
Escrito en el agua

Mendelsohn, cómo salvar a seis personas del Holocausto

"Los hundidos es un libro colosal en el que Mendelsohn indaga en la conciencia de la humanidad para encontrar respuestas al Holocausto"

21.11.2020 | 04:00
Mendelsohn, cómo salvar a seis personas del Holocausto

Daniel Mendelsohn entraba en una habitación familiar, con apenas seis años, y sus tías rompían a llorar. Sucedía a menudo, por lo que la costumbre convirtió el llanto en algo normal. En Nueva York o en Miami, durante los veranos de la infancia, cada vez que se encontraba con un allegado se repetía el ritual. Su rostro llevaba impreso la tristeza. Lo veía reflejado en los demás. Descubrió así que, muchos años antes, sus abuelos habían nacido en Europa, en un lejano país que ya había cambiado unas cuántas veces de nombre y que una monstruosa guerra había partido a su familia en cientos de recuerdos dolorosos. Comprendió también que lo que observaban sus tías al reconocer su rostro era la cara de un familiar suyo, hermano de su abuelo, enterrado en la larga serie de atrocidades que ocurrieron al otro lado del Atlántico, junto a su mujer y sus cuatro hijas, primas hermanas de su madre. Supo de los seis millones de muertos que dejó el exterminio judío y de la necesidad de buscar a seis de entre todos ellos.

LOS HUNDIDOS

Nace así Los hundidos, un libro colosal que desborda los límites de la investigación periodística. Mendelsohn indaga en la conciencia de la humanidad para encontrar respuestas al Holocausto. Y lo hace con la humildad del que quiere recuperar unos nombres y con la tenacidad del que comparte la misma sangre de los desaparecidos. Rescata las conversaciones con su abuelo, a quien la pobreza obligó a abandonar su pueblo natal, Bolechov (en la actual Ucrania), en el corazón de Galizia, uno de los puntos más calientes del antisemitismo europeo. Un libro que enfrenta el pasado con sus fantasmas.

La búsqueda de Mendelsohn es paciente, pero desesperada. Cada mes que pasa es una oportunidad perdida. Un superviviente del Holocausto que muere. Siente que ha llegado tarde a la historia. Sus familiares van muriendo y cada vez son menos los testimonios que encuentra: algunas fotografías, canciones de cuna, documentos perdidos por internet y cartas. Las lee y en ellas le pone voz al sufrimiento. Es su tío Shmiel que pide auxilio desde Bolechov, donde vive una comunidad judía de tres mil personas. Es el año 39 o 40. Los nazis acaban de invadir la región. Reclama ayuda a sus hermanos de Nueva York (el abuelo del escritor) y describe una situación de vejaciones constantes, violaciones y asesinatos en masa. Shmiel no sabe cuánto podrá seguir aguantando. Mendelsohn se lamenta porque solamente encuentra una voz en la conversación. Las cartas de su abuelo se han perdido en la ignorancia de los años. Conoce la trama. Esta historia es desgarradora porque todos nos anticipamos al final. Se trata de construir el inicio. De aquellos tres mil judíos de Bolechov, carniceros, rabinos, maestros, niños y recién nacidos, solamente sobrevivieron 48 al exterminio nazi.

Pero no se rinde. El libro se convierte en este punto en una obligación. ¿Cómo dejar morir el recuerdo de cuatro niñas que se perdieron en los hornos de Auschwitz? Mendelsohn recorre medio mundo. Busca a los supervivientes del pueblo. Es su última oportunidad. Acude incluso a Australia para entrevistarse con ellos. Son gente de memoria frágil pero que en apenas cinco minutos de conversación reviven todo el dolor: los asesinatos de familiares delante de sus ojos, la quema de la sinagoga con los creyentes dentro, las huidas por el bosque y las noches encerrados en los armarios de madera, rezando para que los perros no los olieran. Pero la memoria es tenue como el humo de las velas. Los datos de los supervivientes son contradictorios. Apenas eran unos niños cuando sufrieron en sus carnes la persecución. Muchos de ellos han olvidado como método de defensa contra el dolor. Otros, como un escudo griego, inventan historias, acaso ciertos finales posibles. Parece que la memoria de su familia se aleja a cada paso.

TESTIMONIOS

Los hundidos es un libro de testimonios. Un conjunto de voces rotas y unidas en la desesperación de un pasado común. A través de sus páginas descubrimos la historia de Bumo e Ignacy, que escaparon de noche de la última razia nazi y llegaron hasta Irán a pié, atravesando bosques nevados y desiertos tórridos, perseguidos por asesinos a sueldo, entre las filas enemigas. Su objetivo era la Tierra Prometida, un Israel que significaba la salvación. Y lo consiguieron. O el relato de una mujer que se salvó gracias a una campesina de Bolechov, que la ocultó durante años en un cobertizo para cerdos. Decenas y decenas de historias que se acumulan en el lector y que lo abruman, porque son verídicos y están formados con la dialéctica del dolor, de una parte de Europa que enloqueció y que no debemos olvidar.

Tras consultar los archivos de Yad Vashem, un instituto israelí dedicado a recuperar cualquier dato de las víctimas del Holocausto, Mendelsohn decide viajar a Bolechov, el origen de su familia, el destino de su investigación. Apenas queda nada del pasado que los unió con aquella tierra dura. La sinagoga ahora es un edificio moderno y en un parque hay una placa, medio caída, que susurra todo el sufrimiento provocado. Porque el libro no se queda solamente en las víctimas. Se cuestiona las motivaciones de tal desastre y saca a la luz que no solamente los nazis llevaron a cabo las masacres. En muchos pueblos de Galizia, cuando el ejército alemán entraba, la misma población ucraniana ya había adelantado el trabajo de exterminio. Eran vecinos, claro, pero decían que las circunstancias los obligaban a verlos simplemente como judíos.

MEMORIAS DE INFAMIA

Seis entre seis millones. Ese es el propósito de estas memorias de la infamia, pero contadas con una voz tan íntima que el lector se siente parte de su familia, involucrado sentimentalmente en el dolor. Una de las últimas escenas, donde el propio Mendelsohn se encierra en el entresuelo en el que supuestamente fue asesinada una de sus primas (de apenas quince años) emociona y desarma. Es la intimidad de los muertos. Inspeccionar el ataúd y darle la luz que tantas décadas de oscuridad ha arrojado sobre él. Su historia se compone de seis familiares. Sabe sus nombres. Ha reconstruido el sufrimiento de sus últimos años. La soledad a la que se vieron abocados cuando ya nadie los escuchaba. La sentencia de sus esperanza y la humillación de sus vidas, muriendo cada día un poco más. Leer Los hundidos nos recuerda qué cerca estamos del peor rostro del ser humano y que la mejor literatura sirve también para conservar la memoria de todas las víctimas.

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