06 de noviembre de 2020
06.11.2020
La Opinión de Murcia
La balanza inmóvil

Fotos como prueba

06.11.2020 | 00:05
Fotos como prueba

No hace mucho escribía sobre el valor de los WhatsApp, y de los burofax en juicio. Hoy, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea da un paso más acerca de la admisión de nuevas pruebas como consecuencia de las nuevas tecnologías. Además de los medios antes dichos ahora, junto a las pruebas documentales, testificales, periciales y de inspección ocular, también se admiten las fotos. Lo cual no es novedad, porque desde siempre se han admitido, dentro del concepto de prueba de documentos, con el único requisito lógico, que no estuviesen trucadas. O lo que es lo mismo, son válidas siempre que no se impugnen por la contraparte, y o si lo hace deben ser adveradas a través de prueba testifical o pericial en el juicio. O simplemente si se encuentran dentro de un documento público notarial, donde el notario ha dado fe de su existencia y de su veracidad. La novedad en consecuencia radica, en la confrontación entre dos derechos: por una parte, el de autor y por otra, el de libre presentación de pruebas en juicio. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea, en una sentencia reciente de 28 de octubre de 2020 (hace nueve días), ha considerado que la aportación de una fotografía como prueba en el marco de un procedimiento judicial entre particulares, no es un acto de comunicación público y por tanto no vulnera el copyright de la obra. Y digo yo para ese camino no hace falta estas alforjas. Me recuerda a aquella tesis doctoral que tras 400 páginas de circunloquios y recovecos, acabó con la conclusión que el comer vegetales nada tiene que ver ni influye, para que se produzca un desprendimiento de retina. La sentencia referida proviene de un proceso donde tanto el demandante como el demandado son personas físicas, que gestionan cada una de ellas una página web. La cuestión se suscitó, porque en el procedimiento se presentó una fotografía por la parte demandada, sobre la que la parte actora tenía la los derechos de autor. Como no se había pedido permiso a la otra parte, ésta le pide una indemnización de daños y perjuicios, por infracción de los derechos de propiedad intelectual (supongo que la foto jugaría mucho en su contra, de ahí el cabreo). El dicho Tribunal Europeo, recuerda que según su jurisprudencia el concento de comunicación al público, comprende la presentación por vía electrónica ante un órgano jurisdiccional, de una obra protegida como prueba en el marco de un procedimiento particular entre particulares. Para que un acto de comunicación sea considerado como público y por tanto no infrinja los derechos de autor, se precisa según el TJUE la conjunción de dos elementos cumulativos: un acto de comunicación de una obra y la comunicación de ésta a un público (más elemental la conclusión no puede ser). Sigue afirmando que debe ser dirigida a un número indeterminado pero considerable de destinatarios potenciales, pues si se trata de un número determinado de personas, no se cumple con el concepto de comunicación pública. En definitiva, creo que el TJUE viene a establecer que prima el derecho a la aportación libre de pruebas a los efectos procesales, sobre el derecho de autor o de propiedad intelectual, pues éste no puede entenderse como absoluto, sino en contraposición a otros derechos fundamentales, puesto que, concluye el tribunal, que el derecho a la tutela judicial efectiva se vería seriamente comprometido, si un titular de derechos pudiera oponerse a la presentación de pruebas ante un órgano jurisdiccional por el único motivo que éstas contengan una prestación protegida por el derecho de autor.

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