05 de noviembre de 2020
05.11.2020
La Opinión de Murcia
El mirador

Dos pilotos

04.11.2020 | 21:36
Dos pilotos

Hace muy poco que hemos recibido el Informe de Lectura previo que, la Editorial Planeta, bajo el sello Universo de las Letras, ha hecho del libro El Teniente Galindo, Biografía Autorizada de un Piloto de la República , de próxima edición, y que, sobre la peripecia vitale histórica, de mi padre como aviador de la República Española, hemos escrito al alimón entre mi hermano y yo. Sirva esta nota para mantenerles atentos a su ya cercana aparición.

No quiero pecar de falsa modestia, así que, sin transcribirles ningún halagador párrafo de tal Informe, sí que puedo decirles que califica el libro, digamos que, como muy interesante y recomendable, lo cual, sonrojo aparte, me anima a tratar de empezar a ´vendérselo´ a ustedes, si me permiten el atrevimiento de tomarme tal libertad.

Pero el hecho de que esta semana dedique mi artículo a la ´memoria de dos guerras´ de mi padre como piloto de la Aviación Republicana (no puedo evadirme a ello) es porque también se cumplen 120 años del nacimiento de Saint-Exúpery, afamado escritor, autor del conocido El Principito, aviador como mi padre, y que voló los mismos aviones que él, como pudieron ser aquellos legendarios Breguet-14, cuando cumplía servicio en la aeropostal francesa en el norte de África, casi que en los mismos años en que el Teniente Galindo se aprestaba a vivir, o a sufrir, su intensa aventura en los cielos españoles, aunque los cielos no tengan más patria que sus propias nubes, su propio éter, y solo pertenezcan a aquellos que, como ellos, se atrevían a conquistar, o ser conquistados, por sus infinitos grises y azules. Saint-Exúpery, como mi padre, también se estrelló con su avión.

Él en el desierto de Libia, un episodio que refleja en su Principito, y el Teniente Galindo fue derribado sobre la sierra de Guadarrama en acción de guerra. Ambos sobrevivieron para poder contar sus experiencias a quiénes quisieran escucharlos, o leerlos, en el tiempo, y en las historias que dan vida a la Historia. Existen ciertos paralelismos entre ambos: el primero, explorador, aviador y aventurero, contó su vida como un reto; el segundo, luchador, aviador y militar, contó su vida como un proyecto frustrado.

El primero discutía al propio De Gaulle cómo luchar contra los nazis, y los combatió; el segundo, discutía consigo mismo cómo superar a los franceses y sobrevivir a los nazis, y lo consiguió. El primero, tras su último vuelo en sus años finales, se convirtió en un hombre depresivo; el segundo, tras su último vuelo, y en tiempo de derrota y exilio, se convirtió en un superviviente a base de puro coraje y determinación, en un hombre nuevo. Una frase característica de Saint-Exúpery extraída de sus obras, canta más que cuenta: «Apoyado en el avión averiado, delante de aquella curva de arena, de aquella flexión del horizonte, velaba sus amores, como un pastor».

Mi padre también veló sus amores, de chiquillo, siendo pastor de un hato de cabras, y sus amores eran las dunas del cielo y las alas que las surcaban, y su curva de arena, donde embarrancaban sus sueños, aquel lentiscar cercano y hermano que le susurraba frágiles poesías hechas de aire. Dice más adelante: «Habíamos luchado, habíamos sufrido, habíamos amado, habíamos jugado a cara o cruz con la muerte». No se puede poner ni quitar una sola palabra, ni una letra fuera de su sitio, ni una coma, a lo vivido por el Teniente Galindo en el viaje y en el regreso a su Ítaca. Y prosigue: «Nadie llegará nunca al conocimiento de una sola alma de hombre. Hay un paisaje interior de llamadas olvidadas, de quebradas de silencio, de pesadas montañas, de jardines secretos».

Cierto, inmaculadamente cierto, la odisea de mi padre arranca y encierra el conocimiento de muchas almas de muchos hombres que vivieron su misma y sufrida vivencia, hay muchos paisajes de quebradas, montañas inaccesibles e inasequibles, y de jardines personales. Es lo que se da en una guerra o, como mi padre, en dos guerras. Y termina: «¿Una aventura? no queda más que el regusto en la boca y cierta acidez de la carne». ¿Una aventura, una desventura, quizá ambas cosas? ¿o acaso ninguna de las dos porque solo es experiencia? Tal y como ellos. Tal y como tantos otros. No reclamo en este artículo de hoy unos laureles para nadie, ni quiero aprovecharme de un reconocido y famoso autor, mundialmente leído, para resaltar la figura del Teniente Galindo.

No es eso. Lo único que deseo hacer notar es que existen, o han existido, seres humanos, muchos, aún desconocidos, a los que su propio destino, a través de su personal y particular historia, los ha llevado a, participando directamente en la Historia, terminar formando parte de la propia Historia. "No me dejéis tan triste. Escribidme enseguida. Decidme que el principito ha vuelto". El Principito, todos los principitos del mundo, siempre vuelven. Han de dejar escrita su historia. Deben escribir la Historia.

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