04 de noviembre de 2020
04.11.2020
La Opinión de Murcia
Desde mi picoesquina

Juan de la Cierva no es nombre para el aeropuerto

Es conocida la destacada intervención del ingeniero murciano en el alquiler, con dinero del banquero Juan March y junto al periodista Bolín, del avión Havilland Dragon Rapide, que trasladó a Franco desde Canarias a Tetuán para ponerse al frente de las tropas africanistas. Pero hay más...

03.11.2020 | 20:13
Juan de la Cierva no es nombre para el aeropuerto

Se imaginan que, hoy, el aeropuerto internacional de Frankfurt llevara el nombre de Hans-Ulrich Rudel, piloto de caza nazi famoso por sus múltiples 'hazañas' y que, tras la guerra, fundó una organización de ayuda para los refugiados nazis que permitió a los fugitivos escapar a América Latina? Destacado traficante de armas, Rudel fue asesor de Juan Domingo Perón, en Argentina, y de los dictadores Augusto Pinochet, en Chile, y Alfredo Stroessner en Paraguay. Pues bien, lo que no es posible en Alemania, país que aún trata de desembarazarse del trauma del nazismo y donde está prohibida legalmente la apología de ese criminal régimen, sigue siendo posible en España.

Hace unos días supimos por LA OPINIÓN que el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, daba el visto bueno, algo que ya había adelantado el pasado 12 de abril, a que el aeropuerto de Corvera tenga el nombre del ingeniero murciano Juan de la Cierva, conspirador contra la República y facilitador del golpe de Estado de 18 de julio de 1936. A pesar de la oposición de entidades memorialistas de la Región y de algunos partidos políticos, si no se remedia, puede darse la desagradable situación de que el nombre de ese personaje salude a los escasos turistas que toman tierra en el aeródromo murciano. En contraposición, el mismo ministro anunció, en el acto de homenaje a Miguel Hernández celebrado hace unos días en Valencia, que el aeropuerto de Elche-El Altet llevará en adelante el nombre de tan insigne poeta. Doble vara de medir del ministro, pues podría haberse buscado una denominación no tan cargada de polémica; personajes relevantes, de ambos sexos, los hay en la Región.

Argüir que los méritos del ingeniero se basan en el hecho de haber sido el inventor del autogiro, obviando, como ahora veremos, su destacada contribución al golpe de Estado contra la Segunda República, supone una indignidad y falta de respeto a las víctimas del criminal régimen franquista. Vayamos por partes.

El diplomático e historiador Ángel Viñas, quizá uno de los que más ha buceado en la trayectoria del ingeniero murciano, en artículos recientes y en su libro Quién quiso la Guerra Civil destaca que la trama monárquica fue una parte importante del golpe de Estado contra la II República. En esa trama, Juan de la Cierva aparece como un personaje destacado.

Afirma con rotundidad que Juan de la Cierva, de familia de rancia raigambre monárquica, asentado en Londres, formaba parte activa del mundillo más o menos cerrado de los clubes londinenses en los que, desde muy pronto, empezó a conspirarse contra la República. Uno de los tertulianos, Charles Petrie, historiador y ultracatólico, se pavoneaba de su flirteo con el fascismo. Otros tertulianos, como Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, XVII duque de Alba de Tormes, posterior embajador de España con Franco, se dejaban caer por esas citas. Luis Bolín, corresponsal del diario monárquico Abc en Londres y amigo personal de Juan Ignacio Luca de Tena, agregado de prensa de la embajada de España en Londres, constituyó en esa ciudad, junto al duque de Alba y Juan de la Cierva, la Asociación Amigos de España, que desarrolló una activa labor antirrepublicana, con el apoyo del conservadurismo británico.

Es conocida la destacada intervención del ingeniero murciano en el alquiler, con dinero del banquero Juan March y junto al periodista Bolín, del avión Havilland Dragon Rapide, que trasladó a Franco desde Canarias a Tetuán para ponerse el frente de las tropas africanistas. Pero hay más. Viñas recuerda que, en los inicios de la sublevación, cuando dos columnas avanzaban hacia Madrid ( Mola desde el Norte hasta la Sierra de Guadarrama, y Franco desde el Sur), los sublevados disponían de abundante material, pero necesitaban doce aviones de transporte, doce de reconocimiento, diez cazas, mil bombas de cien kilos, 2.000 de cincuenta kilos, ametralladoras, etc. Era fundamental el apoyo de Italia y Alemania.

Bolín fue informado de que, con fecha 21 de julio, el exmonarca Alfonso XIII había escrito a Mussolini para informarle de que, a instancias del propio Franco, Juan de la Cierva y él mismo, acompañados del marqués de Viana, se trasladarían a Roma para adquirir elementos modernos de aviación, para lo que contactaron con Ciano, yerno del dictador italiano y ministro de Exteriores de Italia entre 1936 y 1939. Así, pese a las estipulaciones del Comité de No Intervención, De la Cierva pudo adquirir en el plazo de tres semanas unos diez aviones civiles, con dinero del banquero Juan March y del propio Alfonso XIII. (Ángel Viñas, La soledad de la República).

En agosto de 1936, De la Cierva adquirió también aviones en el mercado libre británico con destino al general Mola, con la aquiescencia de las autoridades de aquel país, conocedoras de que esas aeronaves irían destinadas a los rebeldes españoles, pues, debido a los numerosos intereses británicos en la península, aquéllas se habían venido mostrando hostiles hacia la República. ( Paul Preston, Un pueblo traicionado).

Item más, Viñas tiene documentado incluso, fruto de los contactos del inventor murciano con la Alemania nazi, un viaje a Berlín en septiembre de 1936 para, por encargo del general Mola, comprar armas y cartuchos para los sublevados, para lo que contactó con Wilhelm Franz Canaris, el que luego sería jefe del espionaje alemán.

Con estos precedentes, cuando desde el Gobierno se está tramitando un proyecto de ley sobre Memoria Histórica que supera en ciertos aspectos la tibieza de la anterior Ley 52/2007, resulta paradójico que un ministro de ese Gobierno haga valer la votación de febrero de 2019 de la Comisión de Fomento del Congreso de los Diputados, que ratificaba la denominación Juan de la Cierva para el aeropuerto murciano con los votos de PP, Ciudadanos y Foro de Asturias, el rechazo de Podemos y Compromís y la sorprendente abstención del PSOE (que había votado en contra en la Asamblea Regional de Murcia).

En todo este proceso, la Federación de Asociaciones de Memoria Histórica de la Región de Murcia (FAMH-RM) no ha cesado de dirigirse a varias instancias gubernamentales, entre ellas a la dirección general de Memoria Democrática, alegando las razones históricas, ideológicas y morales que hacen incompatible tal denominación con la legislación vigente en materia de Memoria Democrática, reivindicación en la que, recientemente, ha contado con el apoyo del Encuentro Estatal de Asociaciones de Memoria Histórica y de Víctimas de la Guerra Civil.

En un reciente comunicado, FAMH-RM sostiene que «poca o ninguna credibilidad para con el compromiso de la Memoria Democrática puede tener un Gobierno que, jactándose de progresista y defensor de las víctimas del franquismo, permita la ignominia de llevar a cabo ese cambio de denominación en el aeropuerto de la Región de Murcia, por lo que, por la dignidad de las víctimas de la represión franquista, espera que el Gobierno rectifique».

Hace unos días el titular de la dirección general de Memoria Democrática del Gobierno, Diego Blázquez Martín, se dirigió a FAMH-RM reafirmando la voluntad de la secretaría de Estado de Memoria Democrática de "trabajar por la retirada de cualquier símbolo de exaltación, personal o colectiva, de la Guerra Civil o de la dictadura».

Sería deseable que el Gobierno rectificara.

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