Septiembre, el mes de los coleccionables: abanicos, coches acorazados de la II Guerra Mundial o 'monta tu propia casa de muñecas'. Septiembre, el mes de la vuelta al colegio, a la rutina, a los buenos propósitos y hábitos saludables, el mes de ponerte manga larga en las noches de terraza a pesar del veranillo de San Miguel. Septiembre, mes del Lemon Pop, del olor a azahar en el portal de casa de mis padres, mes de escaparte al Granada Sound a cerrar la temporada de festivales. Septiembre, el mes de lucir el moreno de los días de playa, de quedar con amigos, ver los atardeceres de tres colores desde el tejado, y cómo anochece antes. Septiembre es el mes de empezar a taparse al dormir, mi mes favorito junto al mes de abril, pero este año ni uno ni otro han sido como esperaba.

La vida nos ha cambiado. Aunque muchos se resistan a creerlo, hemos tenido seis meses para acostumbrarnos, para aprender a vivir con mascarilla, geles y distancia, para no tocar ni besar, para entender que nadie está exento de contagio y que tenemos que protegernos para proteger a nuestros mayores y personas de alto riesgo. Hay que aprender a vivir con ello, así que es mejor que no se resistan y entiendan que es responsabilidad de todos cumplir con las medidas de protección y hacer una vida lo más normal posible, para evitar volvernos locos. Muchos dicen que habría sido necesario mostrar ataúdes y muerte para que la sociedad fuera consciente de la gravedad y les prometo que por más que intento entender de qué serviría, pienso que se no cumplirían las normas sanitarias con responsabilidad, pienso que si Aylan, un niño de dos años muerto ahogado en la orilla de una playa, no consiguió hacernos entender el mayor drama migratorio jamás vivido en Europa en los últimos años, nada nos hará entender que lo que nos está ocurriendo es mucho más grave de lo que la sociedad piensa.

Llegó el verano, el país se ponía el bañador y nos dábamos una tregua tras los meses vividos, y la clase política no defraudaba: Casado, en un intento desesperado por encontrar su sitio, prescindió de su portavoz en el Congreso y verso suelto Cayetana Álvarez de Toledo, provocando el descontento de la exportavoz que, a lo Chenoa al enterarse de su ruptura con Bisbal por los medios, salía a ofrecer declaraciones. Cayetana se fue dejando algún recadito y lanzando varios dardos a sus compañeros de partido, y remató tirándole los tejos a los señores de verde. Veremos en qué queda el culebrón gaviotil porque sabemos que esto no ha hecho más que empezar. Pero Casado tenía más sorpresas veraniegas preparadas, poniendo en el disparadero a Martinez Almeida, alcalde de Madrid, con el fin de neutralizar su posible ascenso debido a su popularidad, tras la gestión de la pandemia. Nada mejor que los tuyos te den un regalo envenenado, la portavocía del partido, para que te quemes lentamente ante tu sobreexposición pública, lo que llamamos en fontanería política 'fuego amigo'. Apasionante, ¿no creen? Y mientras, en el PSOE... si alguno de ustedes ve a Ángel Gabilondo o a Diego Conesa, diganles de mi parte que hagan algo, no sé ¿oposición? ¿trabajar? Es una vergüenza que no sean capaces de soplarles en la nuca a López Miras o Díaz Ayuso, y anda que lo tienen fácil.

La gestión de lo público, la coordinación entre Administraciones, el diálogo y la previsión, esos grandes desconocidos para nuestros gobernantes, y si no que se lo digan a las responsables de Educación o Política Social de la Región de Murcia. Desde hace meses tenemos encima de la mesa el reto de que los niños vuelvan al colegio; me resulta impensable que no se contraten los profesores que sea necesarios, al igual que no se usen los espacios municipales cedidos para mayor comodidad de alumnos y profesores, al necesitar lugares amplios, para la seguridad de todos. Pues ni una cosa ni la otra, dicen que no contratan, apuestan por la semipresencialidad y que los niños den clase en sus casas una vez por semana. Apañao, una chapuza en toda regla.

Llámenme loca, pero me ha parecido una barbaridad que la ministra de Educación se haya reunido con las consejerías a finales de agosto, y por esas fechas empezaran a darse las indicaciones y protocolos para la puesta en marcha del curso, o que la consejera de Educación de la Región de Murcia no haya sido capaz de sentarse con los representantes del profesorado público para coordinar el arranque del curso escolar; eso sí la concertada y la privada no han tenido la misma suerte, al contrario. Añadir un último detalle: geles y mascarillas deben ser comprados por los centros educativos en vez de cedidos por Salud, cosa que cuando me la contaron me dejó bastante alucinada.

No soy madre, y en estas últimas semanas hablaba con amigos que se enfrentan a llevar a sus hijos a los centros educativos y qué ansiedad me ha provocado escucharles. Creo que en el fondo todo el mundo piensa: «Los niños irán al colegio dos semanas y después algún foco de contagio hará que todos se vayan a casa», y lo saben.

Pero en la Región no es sólo preocupante la vuelta al colegio. Desde finales de agosto las residencias de ancianos y de discapacitados se enfrentan al caos, descoordinación, protocolos que no se cumplen y un sinfín de disparates que no se deberían permitir. La vicepresidenta y titular de Política Social no sé a qué se dedica desde que llegó a este Gobierno, porque con frases mohinas y mucho humo no se gestiona y menos se protege a nuestros mayores y discapacitados. Es intolerable su manera de mentir, como es intolerable que a los trabajadores de las residencias públicas no se les hagan PCR para incorporarse al trabajo en sus centros. Son más de dieciséis centros con residentes y trabajadores contagiados y la consejera sólo miente o le tira los marrones al Consejero de Sanidad, Manuel Villegas, y lo que me enfada sobremanera es que nadie diga o haga nada.

Decía el presidente de la Comunidad en una comparecencia el pasado viernes por la tarde que era responsabilidad de todos protegernos ante la crisis sanitaria y yo le digo que es responsabilidad suya y de la consejera de Política Social dejarse la piel para que se cumplan los protocolos en las residencias públicas practicando a sus trabajadores pruebas PCR para que se puedan incorporar a su trabajo sin ser focos de contagio para los colectivos de alto riesgo.

Cómo es posible que salga a la luz un documento de la consejería de Política Social en el que consideran que no es necesario hacer PCR a los trabajadores de residencias y días más tarde trate de hacernos creer que es un bulo, ante la ola de contagios, y mienta de manera descarada. ¿Se está riendo de todos nosotros? Y sobre todo no debería estar tranquila al ver la situación de nuestros mayores. Basta ya de jugar a política, le queda muy grande y nos estamos jugando la salud de muchas personas, que en sus manos están desprotegidas, solo de pensarlo me pongo enferma.

Septiembre de 2020. ¿Qué les parece el panorama? Es más que evidente la nula capacidad de gestión de unos y otros. Quizás sea una idealista y todo esto que aquí les vomito lo consideren demagogia barata, o que es muy fácil escribir y verlo desde fuera, pero entiendo la política como un servicio público a los ciudadanos, y no lo veo por ningún lado. Dejen de una vez la política a golpe de tuit, la foto con mascarilla y el cartón pluma con el 'vamos a hacer' y pónganse a trabajar.