Supongamos que usted tiene dos hijos pequeños. Usted, la madre, tiene un trabajo que le gusta y en el que se realiza como persona. Gana unas perras no muy abundantes, pero sí vitales para que su casa funcione. Su marido también tiene un empleo mileurista, es un hombre que comparte los trabajos del hogar y que es buena persona. Ustedes vivían bastante felices, con sus apuros económicos al final de algunos meses, pero, como son jóvenes todavía, lo llevaban estupendamente, con buen humor. Cada mañana, su hogar, sencillo pero confortable, ofrecía una estampa muy de serie americana. ‘Hijo, termina el desayuno que os tengo que dejar en el cole y llego tarde al trabajo’. ‘María, quítate esa minifalda y ponte un pantalón para ir al instituto’, y también se podía escuchar, algún ‘Ay, mamá, qué pesada te pones’, o un: ‘Hoy, no me entra la tostada, papi’.

Usted, la mujer, trabaja en un gran supermercado. Era cajera, pero ya es supervisora y el ascenso fue una gran alegría, primero, porque pasó de ganar novecientos euros al mes a que la paga fuese de más de mil. Pero también por otras razones, porque le habían reconocido su valía, porque se habían fijado en su gran concentración a la hora de defender su puesto, cómo volaban los productos pasando en sus manos por delante de la pantalla que marcaba el precio cuando había mucha gente en la cola, cómo, sin embargo, se entretenía con los clientes habituales cuando le era posible, preguntándoles por su salud, por cómo llevan los años a los mayores y comentando qué guapo ese tatuaje, tía, ¿es nuevo? con los más jóvenes.

También era una artista colocando la compra en las bolsas, aquí lo más pesado, abajo, ahora las magdalenas, ahora el arroz, aquí los tomates. Usted siempre ha sido una profesional, y, por eso, ahora es supervisora, pero no tiene ningún problema, cuando hay mucha gente en la cola, para abrir una nueva caja y ponerse al frente, aunque Paco, el encargado, ya le ha dicho dos veces que eso no es ya cosa suya. Pero se lo dice con la boca pequeña, porque en el fondo le gusta que no se le caigan los anillos a la hora de volver a ser cajera.

Usted, el hombre, es electricista. Hizo FP en esta especialidad porque le gustó siempre. De joven, cuando estudió y terminó FP2 había recibido una formación general bastante buena, además de la técnica, y una profesora de Lengua lo aficionó a la lectura, que es algo que ahora lo acompaña siempre. Suele leer en el teléfono móvil los libros que se baja, casi todos gratis. También el inglés que aprendió le sirve ahora mucho porque trabaja en mantenimiento, en un resort con campo de golf, y puede llegar a entenderse con los ingleses o los alemanes que lo rodean por todas partes, como empresarios o como clientes. La verdad es que lo suyo es la electricidad y lo contrataron para eso, pero si lo requieren para hacer de fontanero no tiene problemas, ni para echarle un vistazo al aire acondicionado tampoco. Lo llaman el ‘goodforeverything’ -‘bueno para todo’- a lo que el suele responder con sorna ‘but the best one for nothing’ - ‘pero el mejor para nada’-, aunque está claro que le gusta sentirse necesario y apreciado en su empresa, por más que la paga no vaya más allá de mil quinientos euros.

Ustedes, la mujer el hombre y sus hijos, llevan una vida sencilla, pero muy agradable. La pareja sigue sintiendo mucha de esa atracción física que los llevó a enamorarse y a decidir vivir juntos. No se casaron por la iglesia porque no quisieron y porque usted, señora, estaba embarazada de ocho meses cuando decidieron hacer los papeles, y dijo que no se ponía el vestido y el velo con esa tripa. Ya llevaban cuatro años viviendo juntos y sabían que querían seguir estándolo. Están de alquiler porque no quieren meterse en la obligación de vivir siempre en la misma casa, ni tampoco ir de cráneo por tener que pagar una hipoteca.

En estos momentos, usted, electricista, está en un ERTE , y usted, supervisora, ha dado positivo en el Covid y está aislada en el salón de su casa aunque no tiene síntomas. Pero sigue entrando un dinero en casa, aunque sea menos, y no han tenido que hacer lo de la anterior crisis económica, cuando no hubo más remedio que irse a vivir con los abuelos para poder subsistir con la pensión que ellos cobraban.

No sé si me explico.