01 de septiembre de 2020
01.09.2020
La Opinión de Murcia
El Foro Político

Cuidar, cuidarte, que te cuiden

01.09.2020 | 04:00
Cuidar, cuidarte, que te cuiden

La Educación es un factor clave para mantener la igualdad y, por tanto, el refuerzo de los servicios públicos debería estar en el centro de las políticas públicas municipales y autonómicas.

Hablar de cuidados es hablar de todo que hace posible la vida, lo que sostiene no solo el nacimiento, la maternidad, la enfermedad, la muerte€ Hablar de cuidados es hablar de lo que sostiene la existencia de los seres humanos: es un engranaje invisible de haceres y responsabilidades, de políticas y decisiones que tienen como resultado personas como tú, que lees esto, y como yo, que lo estoy escribiendo.

Debido al contexto social y sanitario de los últimos meses y en aras de salvar vidas y evitar contagios, hemos asistido a la obligación y la recomendación del teletrabajo y a no considerar la Educación, en todas sus etapas como un servicio esencial, lo que entraña graves riesgos para las garantías y derechos de las mujeres y de las familias, ahondando en la crisis de cuidados a la que estábamos asistiendo y sometiendo a las unidad familiar a un estrés e incertidumbre probablemente nunca antes vividos.

Y es que el hecho de que los servicios educativos, los centros de día y la atención a la dependencia no hayan sido considerados como servicio esencial está suponiendo un retroceso en el papel de las mujeres y los hombres en la corresponsabilidad de los cuidados.

Esta caída de las prioridades del sistema educativo acarrea graves consecuencias: las madres y los padres se sienten perdidos ante la falta de claridad a la hora de tomar decisiones por la evidente dificultad para planificar el día a día. Todo esto en una realidad nueva, cambiante, a la que nos enfrentamos por primera vez en nuestras vidas.

Si antes de la pandemia teníamos elevadas tasas de parcialidad y temporalidad en el empleo femenino, ahora la vuelta al cole y al trabajo es una incógnita para muchas mujeres de nuestro país, sobre todo por la incertidumbre relativa al inicio del curso escolar y a las ayudas a la conciliación. No podemos permitirnos retroceder, no podemos dejar caer a tantas personas. Y por eso desde el Gobierno central se trabaja en desplegar medidas para que podamos cuidar de nuestros hijos e hijas.

En otros países europeos, como Suecia, los dirigentes políticos tomaron la decisión de no cerrar las escuelas. En Suecia las mujeres son independientes económicamente durante toda su vida y la educación es universal. ¿Podemos aprender del sistema sueco manejando, gestionando, el miedo que nos produce a todos esta nueva manera de vivir?

La educación es un factor clave para mantener la igualdad y, por tanto, el refuerzo de los servicios públicos debería estar en el centro de las políticas públicas municipales y autonómicas. Pero partimos de una situación con deficiencias estructurales muy graves, pues no existe un sistema eficaz, dotado económicamente de manera adecuada que facilite la corresponsabilidad de cuidadores y cuidadoras, que permita que los hombres y las administraciones públicas desplieguen dinámicas corresponsables.

La incertidumbre, el miedo al futuro no pueden paralizarnos en la toma de decisiones de tan amplio calado como son el trabajo por el bienestar y el desarrollo integral de nuestros hijos e hijas. Los derechos humanos no deben estar supeditados al miedo. Nunca.

Y hay algo mucho más grave en toda esta lógica de desprotección de los cuidados y son las consecuencias para los abuelos y a las abuelas, para nuestras cuidadoras. Porque, ¿quién nos cuida si nuestras madres trabajan? O, ¿quién nos cuida si nuestras madres no trabajan? Ellas.
La respuesta es muy sencilla y podemos dárnosla reflexionando sobre cuántas horas han sido necesarias para que estemos aquí, vivos y vivas, sanas; sobre quién ha trabajado todas esas horas. Gracias a las madres, a los padres, a las hermanas y hermanos, a las vecinas, a las abuelas y a los abuelos. Gracias a quienes hacen posible la vida con su dedicación, su amor y su trabajo. Pero esta gratitud conlleva, sin paliativos, una responsabilidad institucional más que evidente: no les dejemos en la estacada desde los Ayuntamientos y los Gobiernos regionales. Invirtamos en educación y cuidados, ampliemos los espacios para que nuestros hijos e hijas puedan retomar sus rutinas. Bajar las ratios es ahora más necesario que nunca.

Los equipos de Gobierno también están formados por madres, abuelos, hermanas y vecinas. Que se note.

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