Cuando vimos ampliar el bonito paseo marítimo de la bahía del puerto de Águilas a costa de un trozo de la calzada y de una forma un tanto precaria, algunos ingenuos pensamos que sería algo temporal. Dada la fría acogida que parecía tener el invento, pues los ciudadanos preferían seguir deambulando por la espaciosa acera a salvo de los vehículos, nos parecía poco justificado hacer desaparecer de un brochazo cien aparcamientos de cara al verano.

Pues no ha sido así: nuestra ínclita alcaldesa no solo ha mantenido su iniciativa sino que la ha consolidado, sin escatimar gastos, y ha conseguido un coqueto carril bici. Viéndolo desde mi balcón me recuerda a los tebeos que diseñó Alfonso Guerra para la campaña electoral de la gran mayoría, mostrándonos España como una arcadia feliz.

Hasta ha conseguido que algunos ciclistas utilicen esta nueva vía. El último fin de semana estuve atento y contabilicé en un solo día no menos de cuarenta ciclistas y más de veinte viandantes. Es que Águilas, pueblo acogedor, ecológico y limpio donde los haya (sobre todo sus políticos) tiene, aparte de las hordas lorquinas, entre las que me encuentro, su dosis de turismo fino. No mucho, pero cierto. De ahí estos bajos ratios de uso.

No es raro que Mari Carmen Moreno se llevara al huerto a los aguileños. Y que la votaran mayoritariamente. Observen como un político eficaz, como ella, es capaz de solucionar con una sola medida varios problemas.

1. Ha colocado a Águilas en la nómina de ciudades verdes de España.

2. Ustedes sabrán que la venta ambulante está prohibida en Águilas como en todas las poblaciones españolas, pero muchos comerciantes, en su mayoría panaderos se saltaban a la torera dicha prohibición y lograban traernos el pan a la propia puerta de la casa. Esto se ha terminado porque ya no tienen donde aparcar como no sea encima de la acera. Una solución nada aconsejable porque la Policía Local de Águilas funciona muy bien.

3. Recordaran los más mayores esa leyenda urbana según la cual los aguileños no suelen ser muy acogedores con los lorquinos (éstos no entran en la categoría de turistas). Bueno, la verdad es que algunos sí nos demuestran cierto afecto. Hay algún restaurante al que cuando llamo para reservar no tengo que decirles ni nombre porque me reconocen la voz. Igual pasa en alguna pescadería y bares. En las tiendas de ropa conocen más a mi mujer. Los promotores y agencias de alquiler tampoco son reacios a recibir a los lorquinos. El consistorio debería reconocer que es un chollo contar con unos ciudadanos que solo residen aquí dos meses y el resto del año siguen pagando basura, agua e impuestos.

La alcaldesa ya ha dado el primer paso para la solución de este conflicto. Yo mismo, que tuve la osadía de comprar un piso en primera línea sin aparcamiento, he decidido ponerlo a la venta y comprar en otro pueblo. No se imaginan lo molesto que resulta dejar el coche a doscientos metros con suerte y dirigirse a casa con dos paquetes de agua de dos litros cada una, bajo un sol de justicia.

Mientras nos vamos reubicando en otros sitios y por el bien de la convivencia voy a hacer unas sugerencias a los lorquinos: báñense con tranquilidad porque las playas pertenecen a Costas. Consigan un certificado de buena salud y llévenlo en sitio visible. Mientras la alcaldesa no logre suspender el tren, y con el fin de no mancillar la limpia ciudad de Águilas procuren ir a su casa de Lorca todas las mañanas a mearla y cagarla, aunque en esto seguro que nos supera Mari Carmen I, La Empecinada.