04 de agosto de 2020
04.08.2020
La Opinión de Murcia
La Feliz Gobernación

Esta vez no se va por Cartagena

"No soy mucho de tocar el callejero, pero ya que no nos devuelven el dinero, lo sensato sería rendir las placas"

03.08.2020 | 23:34
Esta vez no se va por Cartagena

"Unos intentan desacreditar la monarquía por las acciones impresentables de un rey; otros, tratan de blanquear a Juan Carlos por su contribución a la democracia, como si no supiéramos que otra fórmula política habría sido impensable"

Vivo en una zona de Murcia en la que el alcalde Cámara se empeñó en marcar el callejero con locutores muertos de la Cope y con la totalidad del elenco de la Casa Real, solo a falta de Froilán, quien dada su vinculación con la Región pronto tendrá también su calle.

Por esta circunstancia, cada día que salgo de casa para venir al periódico debo transitar bajo una placa que celebra a una choriza, la llamada infanta Cristina. A nadie se le ha ocurrido retirar ese rótulo, incluso a pesar de que su propio hermano, el rey, la despojó del título y la apeó de la línea de sucesión. Ya no es infanta, ni siquiera vive en España, y su marido, del que fue cómplice en trapicheos con dinero público, aunque ella lo hiciera sin darse cuenta (otra que no vio el Jaguar) está en la cárcel, purgando él solo por la pareja, algo así como si Clyde se hubiera entregado para salvar a Bonnie.

La calle Infanta Cristina desemboca, menos mal, en María Zambrano, una inspiración insólita de algún concejal raro, pero ambos nombres no se merecen hacer esquina. Quedar, como yo hago a veces, en Infanta Cristina con María Zambrano es una anomalía democrática, cultural y urbana.

A veces, esta sociedad tan moderna se aproxima en algunas cosas al estatus medieval, en que los siervos de la gleba lloraban las ocasionales desgracias de los reyes como si fueran propias. Si blanqueamos las tropelías y rapiñas del rey saliente y su entorno ¿con qué bagaje crítico podemos reprochar cualquier desliz al concejal de Urbanismo de nuestro pueblo?

En un par de ocasiones, a finales de los 80, en que entrevisté a Sabino Fernández Campo, entre preguntas típicas sobre la Familia Real para el suplemento de verano, me repitió una frase que entonces no parecía tener trascendencia: «La monarquía todavía no está consolidada en España». Lo decía el Jefe de la Casa Real en un tiempo en que la Corona, empaquetada en aquel hermoso texto constitucional que inauguró la democracia, gozaba de la simpatía general. Cuando a Sabino le preguntaban por qué no escribía sus memorias solía responder con una frase magnífica: «Lo que puedo contar no es interesante, y lo que es interesante no lo puedo contar». No obstante, antes de morir se le fue la lengua con Luis Herrero, quien escribió un libro en que se leen algunas de esas cosas tan interesantes como incontables, poca materia para lo que hemos venido sabiendo después. Tal vez acabemos sabiéndolo casi todo cuando se desclasifiquen los documentos secretos del 23F.

Y ya estamos liados. Unos, intentan desacreditar la monarquía por las acciones impresentables de un rey (la monarquía, como institución, será cuestionable por otras muchas cosas, pero no por la corrupción de su titular); otros, tratando de blanquear a Juan Carlos, Primero o Último, por su contribución a la democracia, como si no supiéramos que otra fórmula política habría sido impensable tras 'el hecho sucesorio', eufemismo utilizado durante la dictadura con que se evitaba mencionar la muerte de Franco. Fue la democracia la que salvó la monarquía, no al revés. Y cabe recordar que el abuelo se marchó precisamente por facilitar el cambio de una democracia por una dictadura. Por fortuna, esta vez la escapada no se produce por Cartagena.

No soy mucho de tocar el callejero, pero ya que estos señores no nos van a devolver el dinero, lo sensato sería rendir las placas. ¿Se imaginan en la Región avenidas Francisco Rodríguez Adrados, plazas Pijoaparte, o calles Juan Marsé, por ejemplos que traen acontecimientos recientes? Algo que exprese que la anomalía no es María Zambrano. Y que no tengamos que hacer los trayectos como si en vez de en ciudades modernas nos desplazáramos por aquellos viejos caminos de Sierra Morena.

López Miras quiere hacer de Sánchez, pero se arruga

López Miras ya sabe lo que es hacer de Pedro Sánchez. Le toca tomar decisiones trascendentales en relación a la pandemia ante las que se arruga. Como ayer, cuando renunció a ampliar la 'fórmula Totana' a otros municipios que, en la lógica de esta localidad, habrían requerido medidas similares. Ahora son los alcaldes los que le sacan a él los dientes, como el presidente hacía con Sánchez, pero con más éxito. Y, por cierto, todavía no sabemos la razón de que se retuviera durante dos días la información oficial sobre los bares de Lorca donde surgió el rebrote de la localidad. Aunque en Lorca hay muchos que dicen que sí lo saben.

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