Sin duda el vicealcalde de la séptima ciudad de España se está convirtiendo en la prueba del algodón de la decadencia de un partido que llegó a ilusionar a cientos de miles de murcianos y murcianas.

Ya ni siquiera vale que se saque un título de debajo de la chistera o que le eche la culpa de su puntuación a un 'error' humano de alguien que forma parte de la Comisión de Baremación del SMS; el daño no sólo a la propia política, sino algo que es más grave, a la propia institución ya está hecho. Incluso si se ve abocado a dimitir no frenará la caída libre en la que se encuentra Ciudadanos.

Un Pacto con el PP después de decir su líder Arrimadas aquella frase que la perseguirá toda su vida política en la Región: «¿Se imaginan cuatro años más de Partido Popular en la Región».

Unos meses antes, las primarias demostraron que el pucherazo de Castilla y León no era un hecho aislado.

Ahora, ya confirmado el liderazgo de la actual portavoz del Gobierno regional, Ana María Martínez Vidal, pocos olvidan que en estos meses para elegir nueva dirección ni ella ni Isabel Franco fueron capaces de someter sus nombres a votación entre la militancia; más aún, nadie duda que la consejera ha sido designada desde Madrid sin consultar las bases, sólo oyendo, que no escuchando, a un puñado de dirigentes teledirigidos.

Hace menos de un año, Miguel Garaulet era el encargado de gestionar y negociar Gobiernos locales y el autonómico. Pocas semanas después, él y su excompañero diputado José Luis Martínez, reciben el olvido de una gestora que lo único que ha demostrado es parcialidad, sectarismo y subjetividad como única bandera.

El otro día, el senador Miguel Sánchez, único cargo que tiene Ciudadanos en Madrid, ofreció desde la tribuna de la Cámara Alta, lleno de coraje, conocimiento e historia, y que hizo retrotraer a su partido a sus inicios, cuando la gente aplaudía la regeneración; pues bien, no sólo las estructuras regionales naranjas no salieron en tromba a aplaudir su intervención, sino que essabido que pidieron disculpas a San Esteban por su alocución, y dieron orden de volver a silenciarlo.

Ya nada ni nadie espera nada de un partido que sigue destrozándose a base de trampas y atajos, de mentiras y enchufes, de arrodillarse en vez de rebelarse.

Mario Gómez es simplemente un viejo político que cambió un color por otro, pero que como dice el refrán: «Aunque las monas se vistan de naranja, monas se quedan».