02 de julio de 2020
02.07.2020
La Opinión de Murcia
De un grano de arena

El vaho

02.07.2020 | 04:00
El vaho

Corría julio de1981 cuando el Gobierno presidido entonces por el hierático Leopoldo Calvo Sotelo facultaba a la Guardia Civil de Tráfico a practicar los primeros controles preventivos de alcoholemia en las carreteras del país.

La Orden se llamaba de 'investigación sobre la impregnación alcohólica en los usuarios de la vía pública' y establecía ya la incorporación de los primeros etilómetros portátiles de medición mediante aire espirado.

En una charla informal hace un tiempo con un agente del Instituto Armado en esta Región, con lustros a cuestas en la vigilancia vial, alguien le preguntó cómo se intentaba evitar que conductores borrachos cogieran el volante, antes de aquello. No sin cierta sorna, comentó que lo que más valor tenía, cuando los cuartelillos se prodigaban por casi todos los pueblos, era que los guardias conocían a la mayoría de vecinos con sus virtudes y defectos. Al habitual de verlo por la taberna, cuando la patrulla le paraba el coche le invitaba a bajar la ventanilla y echar 'el vaho', el aliento, a las inquisidoras membranas pituitarias de la pareja de la Benemérita.

Esta anécdota me viene al caso cuando he leído los detalles de lo que supone el control de viajeros que llegan a los aeropuertos, dentro del dispositivo de prevención de brotes de coronavirus. No parece muy tranquilizador que se fíe la identificación de infectados a obligarles a rellenar un papelito diciendo (que no demostrando documentalmente) dónde van a estar, a tomarles la temperatura y a somterlos al sagaz ojo clínico de un avispado sanitario destacado en la terminal.

Vamos, que como le ocurría a aquel guardia civil en los años 70 con los conductores bebidos ahora se pide al personal que dictamine si un turista es sospechoso de padecer la covid-19 por el aspecto de aparentar venir descompuesto.

Exigir un certificado de haber dado negativo en una prueba PCR los días anteriores o portar obligatoriamente durante la estancia una aplicación de geolocalización en el móvil podría dar alguna garantía mayor sabiendo que la probabilidad cero no existe. Pero algo más de rigor sí se le daría al control de quienes vayan a venir en avión a España.

Y subrayo lo del avión porque en las conexiones por carretera con Portugal y Francia no se pide absolutamente nada. Y uno se pregunta por qué esa impunidad cuando uno de cada cinco turistas que llegaron en verano de 2019 a nuestro país lo hicieron por carretera.
Y fueron cinco millones.

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