19 de junio de 2020
19.06.2020
La Opinión de Murcia
Grupo 30

Nosotros, vosotros, ellos

18.06.2020 | 22:09
Nosotros, vosotros, ellos

Mis mayores me hablaron de que a ellos les inculcaron que había que llevarse bien con los vecinos porque en caso de necesidad serían los primeros en atenderte; antes que tu propia familia ellos escucharían tus demandadas de auxilio y te proporcionarían la primera atención. Luego vendrían el parentesco y la obligación de la sangre. También que Dios era un ser justo y misericordioso que a veces se encolerizaba y respondía con castigos a los que se podía hacer frente, aunque con sufrimiento siempre. Lecciones que ya no tenían sentido, pues en la sociedad del egoísmo ayudar no tenía cabida, interesarse por los demás se convirtió en cotilleo puro y duro, y dios se guardó en un trastero del que fue desahuciado por falta de pago.

La política se hizo con los servicios públicos y sociales. Y el todo es de todos siempre que tuvieras la patente de corso autorizada, se convirtió en un mantra que generó la fábula del estado de bienestar. Un Estado sustentado con el esfuerzo de muchos, especialmente de quienes por la fantástica gestión económica de los recursos impuesta, se verían abocados a tener una proyección laboral pésima que sería sobrestimada por las clases elevadas al considerarlos empleos indignos aunque fuesen vitales para el desarrollo del día a día de la humanidad. Siempre ha habido clases y clases (¿o deberíamos decir castas? nunca lo tengo claro), lección siempre vigente. Mientras, el grupo que apuntalaba y garantizaba el cuidado y la atención del rebaño en su conjunto, gozaba de mayor consideración social si bien se decía de ellos que eran unos pedigüeños porque tenían de todo pero siempre querían más. Un más que no era necesario porque acuñado el lema de tenemos una de las mejores sanidades públicas del mundo no hacía falta nada más. Ya se sabe que la publicidad no es engañosa nunca. Y que es un dogma irrefutable que lo privado es mejor que lo público siempre.

Pero de repente llegó marzo de 2020 y el mundo no se paró, pues la naturaleza siguió su curso de manera extraordinaria revirtiendo en poco tiempo años de maltrato, pero la humanidad se quedó huérfana de sus principios, demostrando que se sustentaban en pilares de barro agrietados por filtraciones de agua. Los mismos que decían que todo estaba controlado cambiaron de discurso de manera genérica sin atender colores ni partidos en todas partes. Fue curioso verlos hablar por primera vez de ciencia, dio la sensación de que lo hicieron de forma apresurada, eso me pareció pues la costumbre es verlos aludiendo al triunfo del deporte como insignia de la grandeza de los pueblos. Y nosotros por primera vez apelamos a nuestro grado de responsabilidad con un sistema en el que necesitamos creer. Nos pusimos manos a la obra para dar el menor trabajo posible y favorecer a aquellos, a vosotros, que cada día os dejabais la piel, el alma y las lágrimas en vuestro trabajo. Se hizo por vosotros, no por ellos. Sin medios ni recursos la batalla fue durísima demostrando que no es el mejor sistema pero que tiene a los mejores preparados de nuevo. Y por fin se empezaba a reconocer la labor de tantos y tantos en tareas no apreciadas. Os prometimos no olvidar nunca esta lección.

Una tarde a las ocho los aplausos con los que se pagaba vuestro trabajo se comenzaron a sustituir por reproches. En las tribunas ellos comenzaron a remover las aguas como si nada estuviera pasando con el afán de sacar ganancias sin dejar tiempo ni para el dolor y sus duelos. Todos tienen la solución y saben lo que hay que hacer empezando por lo importante siempre: que si la playas se abren así, que mejor empezar por los bares, que el 30% no da para nada mejor el 50%, que si dos metros, mascarilla ahora, luego y ya veremos. Da gusto contar con gente tan preparada en estos momentos en los que la salud va dejando de ser la prioridad porque ya se sabe que todo lo es la economía, estúpido, como dijo un presidente de EE UU. La emergencia sanitaria no se ha resuelto pero urge solventar la emergencia económica.

Y mientras la calle se va calentando con nosotros de uno y otro signo, alentados por lo que ellos dicen y dejan de decir, y vosotros, los que nos cuidáis, os lleváis las manos a la cabeza. Así se entiende la libertad, hacer lo que uno quiera sin darse cuenta que su frontera es la vida de los demás. Mis mayores tenían un refrán para todo: el hombre es el animal que tropieza dos veces en la misma piedra le iría bien a esta situación. Disculparnos, no tenemos remedio. En lugar de seguir peleando por vosotros nos hemos centrado en nosotros.

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