11 de junio de 2020
11.06.2020
La Opinión de Murcia
Mata al rey

Contra el hombre

"Es más que probable que yo nunca sienta qué significa tener la regla todos los meses o dar a luz"

11.06.2020 | 04:00
Contra el hombre

O mejor, Ad hominem. Lo pongo en latín, no se me vayan a ofender los de Vox, pero sobre todo porque me refiero a la falacia clásica. Siempre es curioso comprobar cómo la lógica y la política se pueden dar la mano. Tanto es así que alguien debería escribir un artículo explicando ese fabuloso encuentro. Y ya que me he puesto, voy a escribirlo yo.

Primero aclarar que cuando hablo de lógica no me refiero al sentido común, que a menudo es casi su contrario, me refiero a la noble ciencia de la argumentación. Según esa ciencia, la falacia Ad hominem es una trampa que consiste en intentar demostrar que un argumento es falso atacando a quien lo defiende y no al argumento en sí. Entre otros, Wikipedia da este oportuno ejemplo: «Tú no eres mujer, por tanto, no puedes opinar acerca del feminismo». Eso es una falacia, porque el solo hecho de no ser mujer no invalida automáticamente todo lo que yo tenga que decir sobre el feminismo.  Sin embargo, si afinamos un poco más, veremos cómo la lógica no puede ayudarnos a aclarar el problema sin cierta ayuda. Pongámoslo así: Tú no eres mujer, por tanto; no sabes lo que es tener la regla cada mes, o qué se siente al tener un hijo, o la sensación de ser devaluada continuamente, o el miedo y la humillación de que te acosen por la calle.

Parece que esos ejemplos se deberían aceptar como parte de la ecuación. Y esto no quiere decir que el argumento Ad Hominem no sea una falacia, o que haya casos particulares en los que no lo es. Pero nos pone en la pista de otro problema: los sesgos cognitivos; la idea de que no somos seres puros y capaces de conocerlo todo por igual sino que nuestro conocimiento está determinado por nuestra experiencia y, puesto que hay experiencias que yo no he tenido nunca, hay formas de conocimiento a las que me resulta más difícil llegar.

Ni la lógica ni el feminismo van contra los hombres; están para corregir a los hombres que piensan y actúan mal, y también a las mujeres, por cierto. Hay quien afirma que fenómenos como el mansplaining, el techo de cristal, la violencia de género y, en definitiva, las desigualdades cognitivas y sociales, no existen; que podemos pensar y actuar exactamente igual seamos hombres, mujeres o fenicios. Y hay quien afirma que esos sesgos no solo existen sino que son infranqueables; que un hombre, una mujer o un fenicio jamás serán capaces de entender algunas ideas. Así planteadas, creo que es claro que ambas posturas son apuestas por la incomunicación.

Es más que probable que yo nunca sienta qué significa tener la regla todos los meses o dar a luz, pero estoy más cerca de comprenderlo ahora que un hombre de hace 50 años o que uno que se traga hoy las trolas de Vox. Aún más, gracias a esa paulatina y sin duda demasiado lenta comprensión, hoy se respeta más el parto de las mujeres y hay países que tienen un día al mes de baja laboral por la menstruación.

La comunicación existe. Es más, es inevitable. Nuestros sesgos cognitivos cambian con los años, y cambian a peor si nos refugiamos en argumentos Ad hominem. Sin duda, muchos de esos sesgos son heridas profundas y dolorosas, pero debemos recordar con Rumi que la herida es el lugar por dónde entra la luz. Como todos los límites, pueden servir para aislarnos en guetos o para construir puentes y ampliar nuestra ciudad. Claro que para construir un puente primero hay que reconocer la brecha. Algo que no todo el mundo está dispuesto a hacer.

De hecho, ya estoy escuchando a algunos que han dejado de leer al final del párrafo anterior y claman ofendidos: «¡Oiga! ¡Pero esto no es justo! ¿Y por qué no existe un día de baja laboral por la menstruación para el hombre?».

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