18 de mayo de 2020
18.05.2020
La Opinión de Murcia
Crónicas del bicho

Del aplauso al cabreo

17.05.2020 | 19:48
Del aplauso al cabreo

Han pasado dos meses desde que inicié estas crónicas. A lo largo de diez relatos hemos ido, sucesivamente, describiendo al bicho y sus efectos sobre nuestra vida cotidiana, social y política, pasando del confinamiento al salir a las calles, observando que se hace deporte masivamente, en un número nunca visto; espero que tenga consecuencias en el medallero de los próximos Juegos Olímpicos. Otros han pasado del aplauso al cabreo permanente, politizando incluso ese homenaje a los sanitarios, agentes del orden, basureros, cajeras, etc. Alegan 'falta de libertad' y no sé cuantas tropelías más por parte del Gobierno. Es una falsa sensación; conforme se va perdiendo el miedo al bicho la mala leche y el enfrentamiento aumenta.

Nada más erróneo: el bicho sigue ahí, matando desde Brasil a México? y también en España. Oigo por la calle que no llevan mascarilla porque no les sale. Gónadas, algo muy hispano; no hay que bajar la guardia porque el rebrote para otoño o antes (si no hacemos bien las cosas) puede ser muy duro. La economía es muy importante, pero la salud física es básica para trabajar. No confundamos las prioridades.

La incertidumbre, el instinto de supervivencia, nos ha llevado a tener miedo, que es la cosa más común del mundo, incluso a pensar que ya sabíamos de qué podíamos morir: el covid-19. Y, con una buena dosis de susto, demandamos seguridad física para nuestras vidas, que nos de confianza sea quien sea, no queremos broncas sino seguridad. Y unos siguen a la comisión de expertos y autoridades, otros quieren acabar con el Gobierno, aunque no están muy seguros de si podrían acabar con la pandemia. Y la ciudadanía, preocupada. En vez de un nosotros/todos (para afrontar y salir del mayor reto que tiene España desde la Guerra Civil) que he ido urdiendo y esbozando a través de estas crónicas; emerge el nosotros y ellos, los nuestros y los vuestros, desastre seguro del que no nos van a sacar con una comunicación errática y parcial del Gobierno ni los que no dan alternativas y sólo dan consignas, apropiándose indebidamente de la bandera de todos. Lo peor de toda la pandemia ha sido su instrumentalización política; llega hasta las mascarillas, pronto lo serán las jeringuillas. Y cuando haya vacuna el debate será: ¿a qué colectivo se inmuniza antes?

¿Qué nos queda? se preguntarán. La mayoría que somos, un nosotros inclusivo, incluidos muchos de los citados anteriormente, somos ese continente que debe proponerse actuar con responsabilidad social y cívica, demostrando que sabemos la prudencia que hay que tener en estos momentos. No a la sangre de Caín. Podemos resistir desde la intimidad al espacio público, como señala Josep María Esquirol en La resistencia íntima, el primer paso para cuidar a los demás es cuidarse a uno mismo. En nuestra rutina cotidiana, en nuestro confinamiento (ya más relajado), llevando esa vida en común que somos. Es un compromiso entre todos los que piensan y sienten que una España democrática, libre, tolerante y solidaria es posible. Vivir es convivir. Del yo al nosotros es nuestro itinerario. Sabemos lo que interesa a nuestros hijos y a los hijos de ellos, no nos disgreguemos en nuestra búsqueda del interés general. Ahí encontraremos nuestra seguridad en esa resistencia íntima que forma parte de nuestra tarea. Porque es mucho más lo que nos une, lo que tenemos en común que las divergencias entre nosotros. Los polos intolerantes se quedan fuera.

No es ninguna utopía, es una respuesta ciudadana, cívica, ética, prudente, donde la competencia y efectividad son emblemas para esta empresa. No podemos repetir una y otra vez el mismo error como país, siguiendo los mantras de los liberticidas: «Es que los españoles no tenemos remedio». Ha llegado el momento de salir, como diría Kant, de nuestra 'minoría de edad', de la que somos responsables, ejerciendo nuestros derechos por el bien común; los gallos de pelea, los boxeadores, no luchan, no se pegan si no hay espectadores. Rechacemos los duelos a garrotazos en las instituciones que tienen que resolver los problemas de los españoles. Eso nos lleva, de nuevo, al desastre. Y, por favor, que nos digan que lo hacen todo por los ciudadanos, no insulten nuestra inteligencia. Lo que están mostrando a los ciudadanos es cóomo no se debe hacer política, sólo priman los intereses partidarios e ideológicos que no concuerdan con los del pueblo español.

Acuerdos, pactos, eficiencia, resolución de problemas y, puestos a pedir: cumplir con lo que manifestáis en sede parlamentaria (no digo mítines, declaraciones y vocinglerías varias). Es sencillo, hay que tener voluntad, coraje, altura de miras y patriotismo. Sí, patriotismo, como el de Jovellanos.

Poco más me queda que deciros en esta última crónica, recordad que cada vez que dan una cifra de fallecidos no son mera estadística, podríamos ser cada uno de nosotros.

«Nadie es una isla, cada hombre es un pedazo del continente? La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti». ( John Donne, 1624).

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