01 de mayo de 2020
01.05.2020
La Opinión de Murcia
Crónicas del bicho

El bicho, en forma de cizaña, se ha colado en las redes

'El drama de Internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad' (Umberto Eco). Y en eso estamos, frente a los cizañeros, un pensamiento crítico que no se contente con lo primero que encuentra, que sepa discernir entre lo verdadero y lo falso

01.05.2020 | 04:00
El bicho, en forma de cizaña, se ha colado en las redes

Decididamente, hay que llevar mascarilla contra el bicho cuando uno entra en las redes sociales. El Covid-19 ha mutado, está omnipresente en forma de odio, xenofobia, homofobia, misoginia, racismo, revanchismo y demás bajezas, repletas de fakes news que distorsionan la realidad, desde Facebook a Google+, pasando por Twitter o Instagram.

He recordado a Umberto Eco, fallecido hace ya años, y su libro De la estupidez a la locura, que nos dejó esta joya: «Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas».  

Los que tenemos años sabíamos que las noticias venían respaldadas por una agencia, fuera Efe o Reuters, daban confianza y fiabilidad a las crónicas. Las noticias eran verificadas y contrastadas. Había y hay periódico 'amarillos', como los tabloides ingleses, que no dan información contrastada y su desprestigio sólo es similar a su tirada. Vender a cualquier precio.

Hay periódicos internacionales, entre ellos varios españoles, que gozan de ese prestigio, aunque en tiempos de globalización manda el Consejo de Administración. Ya quedan muy pocos periodistas, columnistas, que sean realmente independientes, cada grupo tiene a los suyos y a ellos se deben. Hagan un estudio de las primeras páginas de nuestros periódicos; comprobarán cómo, a veces, una noticia (y no digamos las del coronavirus) viene formulada de diversos modos, se afirma una cosa y su contraria, siendo más opinión que información. Después de zapear las noticias en diversas cadenas uno está muy próximo al transtorno de estrés postraumático (TEPT).

Además, por si esta situación no fuera ya algo que se aparta de la normalidad, nos encontramos con el trol, troles en plural, persona o personas de identidad desconocida que se dedican a volcar en las redes mensajes de odio, teorías conspiranoicas y todo tipo de difamaciones, amparándose (para más escarnio) en la libertad de expresión. Muchos de ellos están organizados y a sueldo  de importantes lobbys y grupos de interés muy diversos. La finalidad es clara, confundir a los ciudadanos y hacer virales falsas noticias que beneficien a intereses políticos, económicos, etc.

Pues en tiempos de la sociedad red y de internet, no digamos, cualquiera tiene acceso a subir un vídeo, hacerse eco de no sé qué noticia o inventársela. Y a veces se cae en el error, luego uno va aprendiendo y se da cuenta del peligro de las noticias falsas. Internet es un pseudoperiodismo (no me refiero a los diarios digitales de periódicos de prestigio).

Otros las aprovechan para esparcir su estiércol político-mediático y algunos, como el simpar Donald Trump, afirma en rueda de prensa que ingerir lejía mata al bicho€ ante el pánico de sus asesores; a estas horas ¡no sabemos cuántos norteamericanos han ido a urgencias! La realidad siempre supera a la ficción. Y para arreglarlo va y dice: «¡Era sarcasmo!». El borracho de Luces de Bohemia ha resucitado: ¡cráneo previlegiado!
Con la globalización y la sociedad red algunos pensaron que era la democratización de la información, que no habría fronteras para internet; empezando por China y muchos países árabes sabemos que esto no es así. Es cierto, que se ha convertido en un instrumento para la resistencia allí donde se carecen de libertades. Pero en este primer mundo, que se pavonea de la cuarta revolución industrial, prevalece el vaticinio del semiólogo italiano: «El drama de Internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad». Y en eso estamos, frente a los cizañeros, un pensamiento crítico que no se contente con lo primero que encuentra, que sepa discernir entre lo verdadero y lo falso. Así también se construye el nosotros.

Y es muy duro, estar encerrado ya cuarenta y tantos días; yo, les confieso, queridos lectores, que me estoy acostumbrando y me va a costar salir a la calle. Porque no hay que relajarse, el bicho sigue matando.

Y que cuando haya que salir, lo hagamos todos juntos.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook