Las crisis son una oportunidad, según en la dirección en la que se conduzcan. Ha tenido que ser una crisis sanitaria ¿quién lo iba a esperar? la que ponga patas arriba la estructura económica, social y política actual. Parece una oportunidad para cambiar el actual estado de las cosas pero? no como en la crisis del 2008, cuando en palabras de Sarkozy se iba a refundar el capitalino y nos dieron tres tazas más.

«No esperes resultados diferentes si siempre haces lo mismo», decía Albert Einstein. De ahí la pregunta: ¿están todos los Gobiernos, las instituciones regionales y mundiales en posición de haber aprendido la lección? En mi humilde opinión, no. Por eso antes he mencionado la actitud que cada uno de los Gobiernos tome ante esta crisis es, además de significativo, importante.

Si, como parece, los Gobiernos no están dispuestos a cambiar el actual estado de las cosas ¿lo estamos los ciudadanos? ¿Podríamos comenzar a poner las bases para cambiarlas mediante la utilización de redes ya existentes o en crear otras nuevas?

Spain is different. ¿Qué está pasando en España? Aquí, además de la salud y las vidas de la población, está en peligro la democracia. El Gobierno actual, como todos, llegó tarde a tomar medidas, pero es justo decir que junto a Italia, tomó las más contundentes en lo referente al aislamiento social, que a la vez afectan tanto a los sectores productivos como a los trabajadores y la población más necesitada, aunque éstas sean aún a día de hoy insuficientes, pero nada que ver a como se afrontó la crisis del 2008. Son medidas criticadas de forma contradictoria por la derecha, más interesadas en el interés partidista que en el bien general de la población.

Algunas consideraciones. El actual Gobierno de coalición toma posesión el 10 de enero; sin apenas sentarse en el sillón le toca gestionar esta pandemia para la que no hay manual o experiencia anterior de la que tomar nota alguna. Recibimos la pandemia con una sanidad castigada y mermada de medios económicos y del personal por los recortes llevados a cabo por los Gobiernos estatales y autonómicos en 2012 y los años posteriores. A la vez, la investigación está bajo mínimos por las políticas del austericidio y falta de prioridad de los Gobierno de la derecha. Con unas residencias de mayores privatizadas y en manos de fondos buitre en que la falta de recursos y la mala atención a nuestras personas mayores ya era patente antes del coronavirus.

Con una producción industrial debilitada y algunos sectores como el textil, el de la producción de material sanitario, la agricultura y otros que se producen por empresas españolas en otros países, el caso más llamativo es Inditex. Un sector agroalimentario explotado y exprimido por las grandes superficies y los trabajadores en las peores condiciones de trabajo y de salario. Con los trabajadores de sectores fundamentales con salarios de miseria y una precariedad alarmante, mientras se pagan cantidades desorbitadas por un futbolista. Y con unos niveles de pobreza preocupantes fruto de las políticas de austeridad de los distintos Gobiernos.

Al igual que el virus de la explotación esta pandemia la han traído los hombres de negocios y los turistas beodos, como nos ha ilustrado Daniel Bernabé.

La campaña contra el Gobierno y en especial contra los ministros y ministras de Unidas Podemos, además de ser una campaña cruel, miserable y guiada por el odio, lo es también por el reparto de la tarta tras la crisis, es decir, a quién beneficiará el reparto de dinero, si a los de siempre o a los más necesitados.

La mayoría social y los trabajadores no podemos permitirnos una salida de esta crisis sanitaria, de modelo y de civilización como la aplicada a partir de 2012. No queremos una salida de esta crisis como la de 2008; la queremos en sentido contrario.

La difusión de mentiras, acusaciones falsas y estrambóticas contra el Gobierno de coalición con el solo objeto de desgastar o llamando a un golpe de Estado es una actitud que define a la oposición política actual y también deja clara su actitud cuando llegan al Gobierno. Por otro lado, los poderes fácticos están jugando su papel y le han hecho el sándwich al Gobierno: por un lado, la derecha política contra todo y, por otro, la derecha económica pide que se vuelva al trabajo. La vuelta al trabajo debe hacerse en circunstancias de seguridad para los trabajadores y el resto de la población.

La falta de cultura democrática en nuestro país y el desconocimiento de la estructura política y territorial lleva a la manipulación, las competencias de sanidad son de las Comunidades autónomas, en la situación de estado de alarma las competencias siguen igual. Es por esto que son incomprensibles las críticas del PP a determinados aspectos de la gestión de la pandemia cuando los Gobiernos de muchas Comunidades están en sus manos, y son ellos los que tenían que haber tenido la previsión, el material y el personal para afrontar la crisis. A un político lo mínimo que se la pide es que sea honesto. Y, sin embargo, el PP utiliza a las Comunidades que gobierna como ariete contra el Gobierno en esta crisis, queriendo tapar sus vergüenzas.

Para una salida social de esta crisis es necesario crear una estructura social, una movilización para que la historia no se vuelva a repetir, para que sea la clase trabajadora y la mayoría social la que salga beneficiada. Es necesario crear un poder social que se contraponga a los poderes fácticos, a la derecha política, económica y mediática.

Hay que ser conscientes de que las medidas tomadas por el Gobierno son importantes social y laboralmente, pero insuficientes, aún, para que lleguen a la mayoría social. Por esto, cualquier pacto, acuerdo o como se denomine debe hacerse contando con los llamados agentes sociales y los movimientos sociales que representan a la sociedad; no puede hacerse solo un pacto político de cuatro partidos encerrados en cuatro paredes del Parlamento. Cada uno debe decir qué propone y en qué está dispuesto a ceder de forma clara y pública.