10 de abril de 2020
10.04.2020
La Opinión de Murcia
Corodiario de una crisis

Murcia, 8 de abril: ser un mitläufer

10.04.2020 | 04:00
Murcia, 8 de abril: ser un mitläufer

Murcia, 8 de abril

Uno de los mejores momentos de estos días de recogimiento es aquel que dedico a la lectura de libros que tenía pendientes. Acabé Madame Bovary, de Gustave Flaubert, y me produjo una sensación de tristeza similar a cuando terminé hace unos años La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín. Cuánta angustia acumulada se refleja en las mujeres de esa generación bajo el yugo de una cultura dominada por el machismo y la hipocresía. Cuánta frustración y cuánto deseos de vivir aventuras al margen de la vida programada.

Ahora ando embarcado en una gran obra, mezcla de ensayo y reportaje, de memoria familiar y de diagnóstico sobre el presente, escrita por Géraldine Schwartz, en el que aborda la historia familiar de sus abuelos, en el contexto de la Alemania nazi. Unos abuelos que eran buenas personas, que no se implicaron de forma activa ni en el fanatismo del momento, ni en su combate. Vamos, que pasaron sin llamar la atención. Que fueron cómplices. Que fueron mitläufers. Y de eso es lo que trata Los amnésicos, un sugerente título para una más que fascinante historia.

La propia autora ha explicado que el mitläufer es quien, por ofuscación, por indiferencia, por apatía, por conformismo o por oportunismo, se convierte en cómplice de prácticas e ideas criminales. Géraldine Schwartz ha querido mostrar que lo que está en el origen de los peores crímenes de la humanidad es la indiferencia. Ella asegura que los verdaderos perseguidores, los verdugos, los monstruos en general son pocos. Y siempre nos interesamos por los monstruos, o por los héroes, o por las víctimas. Pero la mayoría de las personas no se identifican con ninguna de estas tres categorías, que solo conciernen a una minoría. Los mitläufers son una masa de personas que, por su número y de manera más o menos pasiva, pueden consolidar un régimen criminal.

Ocultos por la batalla mediática de la pandemia se encuentran numerosos conflictos o situaciones en el mundo ante los que en muchas ocasiones demostramos una gran indiferencia. El drama de los refugiados sirios y de otras nacionalidades, sin ir más lejos, en las puertas de Europa o en otros escenarios del mundo, como en Centroamérica y el éxodo hacia los Estados Unidos. Sin caer en el maniqueísmo, también podemos preguntarnos si hemos sido en cierta medida mitläufers cuando nos quedamos al margen de las protestas contra los recortes, entre ellos las que protagonizaron la mareas blanca por la sanidad o la verde por la educación públicas.

Suscribo con esta autora que no somos víctimas de la historia, sino que debemos tener un papel en ella, porque para que una democracia funcione es indispensable que las personas nos demos cuenta de que tenemos responsabilidades: de ahí que sea imprescindible comprometerse, participar en la sociedad civil y también demostrar capacidad de discernimiento.

Bien es verdad que la historia, y más en el momento presente, puede ayudarnos a identificar los métodos demagógicos de personajes políticos de nuestra España o Europa actuales, que se parecen a los de hace un siglo: difundir el miedo, inventar enemigos o chivos expiatorios, hacernos perder los puntos de referencia difuminando la frontera entre lo verdadero y lo falso, y difundiendo teorías de la conspiración. Porque su objetivo es que dejemos de creer en nada para manipularnos e invertir los valores. Este tiempo de pandemia puede servirnos para no caer en la indiferencia. Seguro.

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