07 de abril de 2020
07.04.2020
La Opinión de Murcia
Espacio abierto

Como siempre, es necesaria la ética

06.04.2020 | 22:05
Como siempre, es necesaria la ética

No es de recibo la propuesta de sacrificar a personas mayores con el fin de que la maquinaria económica siga funcionando: eso sería tomar el crecimiento económico como un fin y a los seres humanos como meros medios al servicio de aquella

Sin lugar a dudas, en estos momentos complejos de catástrofe sanitaria provocada por el virus Covid19, sigue siendo necesaria la ética.

La pandemia corrobora fácticamente lo que expresan filosofías morales de distinta escuela. Por un lado, que los seres humanos somos interdependientes ( Cortina). Por otro, que la vulnerabilidad física es intrínseca a todo ser humano. Necesitamos, pues, también la moral, como mecanismo de protección social, para afrontarla ( Habermas, MacIntyre, Nussbaum). Aunque ahora vivimos circunstancias excepcionales, no debería darse una situación de excepción ética. La crisis sanitaria ha de abordarse manteniendo los parámetros de respeto a la dignidad de los seres humanos y a sus derechos humanos, contando con la justicia y la solidaridad. No es de recibo la propuesta de sacrificar a personas mayores, con el fin de que la maquinaria económica siga funcionando: eso sería tomar el crecimiento económico como un fin, y a los seres humanos como meros medios al servicio de aquella ( Kant). Valoramos la vida y la salud como bienes prioritarios, sin desdeñar tampoco los valiosos medios económicos que las hacen viables. Lo prudente es buscar un equilibrio entre ambos valores, teniendo en cuenta que en una economía ética todo el peso ha de recaer en el desarrollo humano ( Amartya Sen), siendo en éste la salud imprescindible.

Esperamos y deseamos que la ciencia aporte cuanto antes soluciones: cuidados médicos adecuados, medicación curativa, vacunas protectoras. Pero recordemos que la medida inmediata es el confinamiento. Apelar al distanciamiento social es apuntar al comportamiento y la responsabilidad individual; es mentar la evitación de daños propios para evitar también los ajenos, en beneficio de todos. Aunque pueda pensarse que contagiar a otras personas constituye un daño involuntario, con probable escasa repercusión, no puede olvidarse que la información con la que contamos nos proporciona conciencia de que el riesgo de extender involuntariamente el virus no es nulo y que su expansión puede conllevar consecuencias, siquiera indirectas, de gravedad para otros.

La interdependencia de todos los ciudadanos de unos medios sanitarios que pueden estar saturados, convierte en un compromiso moral el conocido lema «quédate en casa», o las medidas de higiene y distanciamiento, si necesitamos perentoriamente salir de ella. Otros compromisos éticos individuales tienen que ver con las acciones solidarias, económicas o de otro tipo, con quienes puedan tener algún tipo de necesidad (Kant).

Las profesiones sanitarias también pueden enfrentarse a dilemas éticos, al disponer de insuficientes recursos. En tal situación, el empleo de los recursos ha de satisfacer la combinación del principio de necesidad, atendiendo los diferentes grados en que se encuentren los pacientes, con el principio teleológico de atender a quien tiene más posibilidades de beneficiarse ( Diego Gracia). Lo cual implica tener que seleccionar pacientes, sabiendo que todas las vidas son igualmente valiosas (al margen de quién se trate, la edad o el estado de salud). Ante la escasez de recursos, los criterios asistenciales, en especial en asistencias de mayor intensidad, han de tener en cuenta, prioritariamente, las posibilidades de supervivencia. Dichos criterios (organizaciones médicas e institutos bioéticos) deben ser claramente articulados, difundidos con transparencia, aplicados prudentemente en consenso del equipo médico, y dando justificación de su aplicación a las personas afectadas que lo requieran. También debe proporcionarse cobertura alternativa, y atención digna y afectuosa, a pacientes relegados de cobertura intensa (UCI) en situaciones de saturación, atenuando así el sufrimiento psicológico de pacientes y sanitarios.

Además de la corresponsabilidad de los ciudadanos, también tienen gran responsabilidad ética las instituciones (fundamentalmente, el Estado), dado que la salud, como componente básico del desarrollo humano, cuenta con una importantísima dimensión social. Se hace imprescindible a) un mínimo exigente de preparación ante posibles pandemias: recursos suficientes en labores de investigación; inversión suficiente en el sistema sanitario, proporcionalmente a la totalidad de los recursos económicos y a la población; formación técnica y ética de los profesionales sanitarios para afrontar situaciones catastróficas, etc; b) en el período de pandemia las instituciones se han de guiar por los valores de justicia y solidaridad: proteger equitativamente con todos los recursos sanitarios y bienes disponibles a la totalidad de la población; prestar especial atención a los grupos de personas más vulnerables; poner coto a abusos económicos o acaparamiento de bienes necesarios para beneficio particular; reorientar aquellas partes del sistema económico que puedan contribuir en la producción de bienes necesarios para proteger la salud, etc; c) en los momentos inmediatamente posteriores a la pandemia constituye una exigencia moral reconstruir el sistema sanitario, proporcionando apoyo psicológico a sus profesionales, para seguir cumpliendo su labor con eficacia; abordar con justicia y solidaridad la crisis económica y social derivada, teniendo en cuenta a aquellos grupos más vulnerables, etc.

Corresponde a los Estados la cooperación internacional en las fases antes indicadas, para facilitar a países con necesidades perentorias y/o con más débiles sistemas sanitarios y sociales una mejor protección de su población, más vulnerable. Razones de justicia y humanitarias la avalan, dado que el derecho humano a la asistencia sanitaria y los mínimos justos de desarrollo humano sobrepasan las fronteras ( Nussbaum).

En tiempos de crisis, la ética sigue siendo necesaria ¿Para qué? «Para reducir el sufrimiento humano». (Adela Cortina). Es una vacuna con la que ya podemos contar.

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