25 de marzo de 2020
25.03.2020
La Opinión de Murcia
Corodiario de una crisis
Murcia, 23 de marzo

Casa viva

25.03.2020 | 04:00
Casa viva

Comienza una nueva semana laboral. Bueno, laboral, laboral, lo que se dice de trabajo normal, pues va a ser que no. Al menos, en sentido estricto. Pero diantres, vamos a tomárnosla como si lo fuera. La alarma como despertador del teléfono móvil sigue programada, por lo que permite levantarse temprano (más o menos). Luego llega el aseo, con afeitado incluido, y el momento de vestirse como si fuéramos a salir a la calle. Dejamos de lado la bata y las zapatillicas de pensionista, elementos que forman parte de la indumentaria de andar por casa. Aquí comienza el guión a cumplir.

Aunque entre los buenos propósitos al iniciar este período de confinamiento se incluía la pretensión de mantener la casa más limpia que el jaspe. La realidad, sin embargo, se impone al deseo. Las diferentes estancias de la vivienda tratan de amoldarse a una nueva situación. Es verdad que, si haces pronto la cama, la sensación que ofrece la alcoba es diferente que a la de antes de la crisis del coronavirus. Para ello hay que airear bien la habitación y darse prisa.

Pero la cocina, ay la cocina, sigue siendo ahora igual de desagradecida que antes, porque no hay manera de que todo esté recogido, limpio y en orden. Cuando no es por culpa del desayuno, lo es por ese tentempié de mitad de mañana, con café revitalizante. Y no digamos después de terminar de cocinar y llenar el estómago con la comida de mediodía. Los correspondientes sofás, tresillos, 'chair longue', sillones o tumbonas que se precien nos invitan a dejar la fregaza para más tarde. ¿Y quién es capaz de no sucumbir a esos cantos de sirena? Al final, pasa la tarde, la merienda y llega la cena. El fregador está lleno y, a lo sumo, el lavavajillas abre tímidamente su puerta reclamando que lo llenes para cumplir su misión en esta vida. Y vuelta a empezar. Rara es la noche que todo esté protegido en su armario correspondiente. El cansancio ha hecho mella.

No digamos nada si hay niños en casa, porque hay que sumar el caos de sus habitaciones, donde cobran vida los cuadernos, bolígrafos, rotuladores, lápices de colores, ceras, plastilinas, libros, mandos de la play y juguetes varios que jamás pensabas que iban a servir para algo. Te preguntas que cómo es posible que los renacuajos aún quieran salir a la calle con esa variopinta posibilidad de elección de elementos para el entretenimiento. Pues sí, resulta que todos esos materiales son el resultado de las innumerables fiestas de cumpleaños que se han ido acumulando en esta geografía humana. Que tienen de todo. Las mercancías todo lo abarcan. Hay más surtido que en una tómbola de feria. Y esos productos han vuelto a la vida saltando desde los cajones y esas cajas que hemos ido adquiriendo en el Ikea o en los merca chinas con la noble intención de que el orden reinara en nuestro hogar.

No hay manera de que todo lo que puebla una casa, al acabar la jornada, regrese a sus cuarteles de invierno. Ropa, juguetes, material escolar€ todo forma parte de un inventario doméstico que invade el espacio vital. Lo más grave del asunto es que mañana será otro día, y vuelta a empezar. La casa recobrará vida de nuevo.

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