Qué cosas. A estas alturas de mes estaríamos pensando en el regalo del Día del Padre, en reunir a la familia para la celebración del santo (la cantidad de Pepas y Pepes que hay en la Región) y en cómo aprovechar a tope el puente festivo que se iba a presentar.

Algunos incluso habrían planeado pasarlo en casa (qué sarcasmo ahora) aprovechando para, como mucho, salir a lavar el coche, echar una ojeada a la ropa de temporada en los escaparates o probarse en prácticas culinarias y bricolajeras.

Pero la realidad de una pandemia a la que nos enfrentamos en el planeta con medidas sin precedentes nos ha noqueado personal y socialmente. Ya veremos con qué consecuencias económicas si la situación no revierte en un plazo soportable para las finanzas públicas y privadas.

Al igual que los boxeadores, nos hemos levantado de la lona todavía vacilantes para buscar la protección del rincón y las cuerdas sabiendo que vamos a encajar una nueva tanda de golpes. No van a ser días para cobardes. Tendremos que recuperar la consciencia de que lo que se trata es de cuidar el Sistema Nacional de Salud para que siga en su lucha contra las embestidas del coronavirus a los colectivos de población más vulnerables.

No puede colapsar . Para que ello no suceda tenemos que ser héroes y no villanos. Bastará con mantenernos en nuestras casas el tiempo que se nos pida, seguir las indicaciones de las restricciones de movilidad que nos impone el Estado de Alarma, colaborar con las Fuerzas de Seguridad del Estado y observar las normas de prevención domésticas tanto sanitarias como higiénicas. Y no será fácil conforme los días vayan cayendo uno tras otro sin noticias esperanzadoras a las que agarrarse.

No nos queda alternativa. No podemos, con nuestras negligencias, dejar caer la Sanidad de este país y obligar a que, por ejemplo, el Plan de Contingencia de los Servicios de Medicina Intensiva de España llegue al quinto y último estadio. Aquel que, fruto de una necesidad que desbordara las UCI facultaría a los especialistas, con el asesoramiento del comité ético, a establecer una selección de los que pueden salvar sus vidas en una cama monitorizada de los que no porque sus posibilidades de sobrevivir sean menores.

Entonces no habrá fracasado la Sanidad del país; habremos fracasado todos nosotros. Por eso, esto va de héroes y no de villanos.