09 de febrero de 2020
09.02.2020
En primera persona

Homenaje a Ana Soriano Olivares

El pasado 26 de enero en Jumilla, durante las Fiestas en honor a San Sebastián, los vecinos de Calvario y adyacentes hicieron un reconocimiento a una de sus vecinas

09.02.2020 | 18:21
Homenaje a Ana Soriano Olivares

El pasado 26 de enero en Jumilla, durante las Fiestas en honor a San Sebastián, los vecinos de Calvario y adyacentes hicieron un homenaje a una de sus vecinas, una de las más longevas (cumplirá Dios mediante 92 años en octubre): un homenaje a Ana Soriano Olivares.

Conocida como Anica "la zapatera", le viene este sobrenombre cariñoso por haber estado casada con Juan Morales Herrero, zapatero de profesión, y del que enviudó, lamentablemente, demasiado pronto.

Aparte de ser una de las vecinas ya más 'veteranas', la portavoz vecinal que junto con el resto de la comitiva acudió a su domicilio mencionó su labor siempre desinteresada, el trabajo y dedicación que ha prestado durante años a las fiestas, la apertura permanentemente de las puertas de su casa para cualquier cosa que se haya necesitado€ y siempre desde atrás, sin querer tener afán de protagonismo.

Anica ha sido durante toda su vida una ONG andante -aunque ahora andar€ y además están los problemas de la vista€ ya le cuesta un poco-. A nadie nunca ha ofendido y a todos siempre ha ayudado.

Ha sido una madre, abuela, esposa, hermana, tía, amiga y vecina extraordinaria. Y muchas más cosas. Ha dado comida, ropa, escucha, orientación, cariño... amor en definitiva, a cuantos le han rodeado aunque no fueran nada suyo, pero que desde el minuto uno de inmediato pasaban a ser algo suyo. Ha ayudado a personas del pueblo y a personas inmigrantes, materialmente o emocionalmente, ha sido apoyo y paño de lágrimas (sin haber estudiado Trabajo Social como dos de sus tres hijos, ni falta que le ha hecho).

Hace no mucho confesaba a una nieta que le hubiese gustado, de haber tenido otras oportunidades, dedicarse a la alta costura; y verdaderamente que habría tenido éxito, por una perfección y creatividad sin límites en esos menesteres. Pero seguro que no lo cambiaría por todo lo que ha cosido a su alrededor (incluidos los rotos del corazón y del alma), dentro de su familia, conocidos, y en el negocio familiar, donde no solo se arreglaban zapatos sino bolsos, cazadoras y lo que hiciera falta.

Pero de las cosas más gratificantes para ella han sido los años en que estuvo cosiendo, por supuesto desinteresadamente, en el Asilo de Ancianos de Jumilla que regentaba la congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de Santa Teresa Jornet. Cosía con el mismo primor los hábitos de las monjas que la ropa de los ancianos o cualquier muñeca de trapo para alguna 'abuelica' demenciada.

Y fue por lo útil que se sintió todo ese largo tiempo, por la acogida que le brindaban, y por la relación de intensa amistad que tuvo con tantas y tantas religiosas que por allí pasaron, por lo que le dio mucha tristeza desde que 'su' asilo cerró las puertas y '¡sus' monjas se marcharon de Jumilla.

Se trata de una mujer que, aparte de seguir teniendo una lucidez envidiable, siempre ha poseído un corazón de oro enorme, discreta, sencilla, humilde, dispuesta incluso a perder y que otros ganen, con una capacidad de amar que no tiene límites, centro neurálgico de la familia, una buena mujer, en definitiva; de las personas más buenas que en la vida se puede tener el privilegio de conocer. Alguien que por el solo hecho de existir hace de este mundo un sitio mejor.

Muchas gracias a los vecinos, bastantes de los cuales esa mañana fueron, desde la Iglesia Mayor de Santiago a su casa, con música, pirotecnia, con la imagen de San Sebastián, un ramo de flores, placa conmemorativa y,sobre todo, con palabras de cariño sincero que emocionaron a Anica "La zapatera" y a toda su familia.

Como espontáneamente gritó al final una de las vecinas, antes de pasar al refrigerio que había preparado para sus visitantes, ¡viva la yaya Ana!


José Morales Soriano, hijo de Ana Soriano, en nombre de toda la familia.
Dedicado a todos esos yayos y yayas (muchos ya no están), pertenecientes a una generación con valores y una especial capacidad de lucha, que con corazón y trabajo se sacrificaron por nosotros, dándonos lo mejor de sí mismos, y a los que debemos la mayor parte de lo que hoy somos.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook