18 de enero de 2020
18.01.2020
Espacio abierto

¿Conspira la sociedad para que la violencia machista continúe?

"La sociedad se confabula para que seamos más bonitas que fuertes, más cuidadoras que aventureras, más sirenas que ballenas, más dialogantes que guerreras, y hasta más buenas que malas€"

18.01.2020 | 04:00

Seis de enero, un hombre mata a su pareja y a su hija de tres años en Esplugues. Doce de enero, una mujer es asesinada a tiros en Puertollano por su pareja, después se suicida.

Una cultura patriarcal que asesina porque puede.

Mientras tanto, la igualdad formal se ha conseguido en nuestro país a través de las leyes que nos llevan con paso firme hacia un tiempo mejor, el pacto de estado contra la violencia de género aún tiene medidas pendientes, pero es un avance con respecto a otros países. En lugares como Gaza las mujeres no pueden ir sin la compañía de un hombre a lugares públicos. Pero esto no sucede en España, un país democrático que forma parte de todas las instituciones supranacionales que defienden la igualdad entre los sexos.

¿Qué esta pasando entonces con los casos de violencia que constantemente aparecen en los informativos? ¿Son quizás hombres que tienen problemas mentales? ¿O tal vez no tienen ningún tipo de formación y por eso no saben utilizar otras estrategias?

No podemos buscar explicaciones simplistas a un problema que se considera una importante causa de dolor y muerte para las mujeres en nuestro país. No, no vamos a engañarnos. La sociedad tiene que asumir su responsabilidad y actuar, porque no son casos aislados y está claro que no se soluciona con medidas coercitivas.

La sociedad somos todos y todas. Son nuestros padres y madres y su educación tradicional, son los medios, son las instituciones, incluida la escuela, es el modelo capitalista-patriarcal incompatible con la vida plena para todas las personas, son las manadas que salen a la caza, son los jueces, es el Estado.

Se ha construido socialmente un espacio de 'sentido común' en el que se asume que la violencia sucede como suceden las tormentas o la lluvia, y esa inevitabilidad nos traiciona. En ese espacio del que hablamos se tolera de una forma no consciente, claro, nadie en su sano juicio apoya la violencia de género ni ninguna otra, y por eso es tan difícil de desmontar. Es parte de esa lógica en la que, si alguien comete un delito, se le juzga y penaliza; no debería por tanto ser un problema; pero sabemos que no es así.

Un factor muy importante a la hora de abordar la cuestión es la socialización. El proceso de enculturación es diferencial entre hombres y mujeres, porque somos distintxs, pero la cultura patriarcal binarista privilegia una parte sobre la otra, y elimina las demás opciones, de ahí que las tareas de cuidados, tan desvalorizados, hayan sido tradicionalmente asignadas a las mujeres, constituyéndose además como barrera para frenar su desarrollo laboral, social y personal. Para el sistema somos el sujeto productivo más importante porque además de 'producir' a las personas, nuestra contribución desde casa se hace de la forma más barata posible, nos dice Silvia Federici (Federici 2010).

La sociedad se confabula para que seamos más bonitas que fuertes, más cuidadoras que aventureras, más sirenas que ballenas, más dialogantes que guerreras, y hasta más buenas que malas€ Puede parecer que no hay relación entre esta lógica-trampa de la belleza para nosotras y la fuerza para ellos, que siempre ha sido así, pero no.

Marcela Lagarde habla de los 'mandatos de género' (Lagarde, 2005), donde los hombres son 'seres para sí' y las mujeres somos 'seres para otros'. Un modelo de relación que se construye sobre el altruismo femenino, que sale tan barato al sistema, y que invisibiliza la labor de cuidado imprescindible para engrasar una maquinaria de consumo sin fin. Los medios de comunicación, y la publicidad se alían con esta dinámica para que formemos parte de un dispositivo amoroso donde los mitos de la media naranja, del amor romántico, del destino, son asumidos solo por nosotras. Los hombres no viven las relaciones de pareja de la misma forma, desarrollan más independencia emocional y delegan en nosotras esa faceta (Almudena Hernando 2019).

Los micromachismos, los manspreadings, los manxplaining, y otro tantos man.. nombran una realidad de la que hasta hace bien poco no éramos conscientes.

Por otro lado, el fenómeno de anestesia social en el que estamos sumergidxs hace que cuando las mujeres y hombres feministas salimos a las calles a reclamar el derecho a vivir sin miedo, a veces seamos tachadas con etiquetas imposibles de reproducir, desde el cuñadismo más recalcitrante.

En un contexto mundial de expansión depredadora, colonial, racista y clasista, el cuerpo de la mujer es una extensión más del territorio dominado, y la lógica machista, instaurada mucho antes que apareciera el capitalismo, encuentra aquí el 'perfecto maridaje'.

Hacernos conscientes de la profundidad del problema es empezar a ser parte de la solución. Si no entendemos lo que significan los cuidados y la Naturaleza, no habrá economía, ni tecnología, ni política, ni sociedad, nos dice Yayo Herrero (Herrero 2020), y si hay en estos momentos alguien que aúna los valores más auténticos sobre los que podemos apoyar nuestro futuro es Greta Thumberg desde el movimiento por el clima.

¡Deconstruyamos la conspiración! ¡Cuidémonos y cuidemos el planeta!

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