06 de enero de 2020
06.01.2020
360 grados

Apuesta por un nuevo feminismo

06.01.2020 | 04:00
Apuesta por un nuevo feminismo

Para la filósofa y politóloga estadounidense Nancy Fraser, el que califica de 'feminismo liberal' es sencillamente un «socio progresista de Wall Street, de las finanzas, del capitalismo digital». Es el tipo de feminismo elitista que encarnan, por ejemplo, la ex candidata demócrata a la Casa Blanca Hillary Clinton o la nueva presidenta del Banco Central Europeo, la francesa Christine Lagarde y que sólo representa al 1 por ciento de las mujeres de todo el mundo. En su libro Manifiesto de un feminismo para el 99 por ciento, que ha escrito con Cinzia Arruzza y Tithi Bhattacharya (Ed. Herder), aboga por un feminismo diverso, una alternativa a «la falsa dicotomía entre populismo reaccionario y populismo progresista» que permita crear un bloque «contrahegemónico».

El neoliberalismo progresista, sostiene esa profesora de ciencias políticas y sociales en la New School for Social Research, de Nueva York, ha traicionado a las clases trabajadoras y ha abrogado muchas de las políticas que mantenían el equilibrio entre la esfera de la producción económica y la de la reproducción social. De esa forma, explica Fraser en declaraciones al semanario italiano L´Espresso, se han sentado las bases para la consolidación de un populismo reaccionario como el que representa, por ejemplo, Donald Trump en EEUU.

La crisis actual tiene, según ella, distintas dimensiones: financiera, ecológica, política y social, y todas ellas están en cierto modo interrelacionadas de forma que «convergen en un sentimiento difuso que nos dice que no se puede seguir así». Como nos enseña el filósofo marxista Antonio Gramsci, una crisis no se vuelve «históricamente generativa» hasta que no se perciba como tal y la mayoría se decida a actuar para «cambiar el orden social».

De momento, reconoce Fraser, «las reacciones (a ese malestar social) proceden en su mayoría de la derecha, de movimientos populares reaccionarios, pero no es tarde para que se produzca una respuesta progresista».

En opinión de la filósofa estadounidense, «el capitalismo ha dividido el espacio de la producción económica- fábricas u oficinas - del espacio íntimo en el que se desarrollan los cuidados y la reproducción social», cuyo valor no se reconoce. De aquí, señala, la crisis de la reproducción social, que hoy recuerda «el inicio del capitalismo industrial». La respuesta fue entonces «el capitalismo socialdemócrata, que gravaba al capital y confiaba al Estado el desarrollo de políticas conducentes a un mejor equilibrio entre producción y reproducción», algo que ya no se da con el nuevo tipo de capitalismo.

En EEUU, explica Fraser, el bloque hegemónico del neoliberalismo progresista se consolidó con la presidencia de Bill Clinton, y en Europa, con los gobiernos socialdemócratas. Clinton apostó por un nuevo Partido Demócrata, que dio al traste con el New Deal del presidente Roosevelt y las políticas keynesianas, apoyándose en cambio en la economía digital, en Wall Street y en Silicon Valley.

Tras tres décadas de hegemonía de ese bloque, la clase obrera tradicional, estrechamente vinculada al sector manufacturero, se ha visto golpeada duramente; los sindicatos que la representaban están debilitados, han caído los salarios y los trabajos son cada vez más precarios. En la era socialdemócrata, el concepto de igualdad incluía la idea de un trabajo seguro de la plena ocupación y la de que cada individuo era miembro de pleno derecho de la sociedad, pero hoy no se dan ya ninguno de esos presupuestos. Los movimientos surgidos en el seno de la Nueva Izquierda estadounidense siempre «han gravitado hacia el neoliberalismo, han adoptado sus posiciones meritocráticas».

Fraser aboga por un populismo de izquierdas porque intentar combatir el populismo de derechas desde posiciones liberales se le antoja tarea imposible. Para el populismo reaccionario, explica, la sociedad la componen tres partes: las elites, poder auténtico, que monopoliza la riqueza; luego está el «verdadero pueblo», cuya representación se arrogan los demagogos como Trump, y finalmente, una subclase, que incluye a los inmigrantes.

El populismo de derechas defiende a los de en medio, que se sienten aplastados por los de arriba y los de abajo. Por el contrario, para un populismo de izquierdas, como el que ella defiende, están por un lado las elites, ese 1 por ciento que monopolizan la riqueza y el poder político, y el 99 por ciento restante, del que habla su libro manifiesto.

El feminismo por el que aboga Fraser reclama que se valore el trabajo de reproducción social, socialmente necesario pero no asalariado: si dejamos de considerar sólo trabajo el que se desarrolla en la fábrica o en la oficina, «se amplía el concepto de clase».

Ése debería ser el punto de partida de una nueva alianza de toda la izquierda, que incluiría a las feministas, los activistas gay, los antirracistas y cuantos luchan contra el cambio climático. Se trata, sostiene, de romper la «alianza populista reaccionaria» y recuperar a la clase trabajadora, que, sintiéndose traicionada por el neoliberalismo progresista, ha gravitado a la derecha.

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