05 de enero de 2020
05.01.2020
La Feliz Gobernación
Censura en duda

El PSOE tira la moneda al aire en Murcia

"En el interior del PSOE hay algunas personalidades que instan a Conesa a que anuncie la moción de censura en el pleno de aprobación del decreto sobre el Mar Menor"

05.01.2020 | 04:00
Diego Conesa, ayer ante la tribuna del Congreso de los Diputados, con los representantes de su partido por Murcia: Juan Luis Soto, Mari Sol Sánchez Jódar y Pedro Saura.

"También fuera de su partido hay quienes aspiran a orientarlo por ese camino. Y él mismo duda porque aprecia dos circunstancias: una, el cumplimiento de su palabra; dos, que a lo largo de la legislatura no va a tener mejores 'perchas'".

La alegría mostrada ayer por Diego Conesa ante el desbloqueo político que permitirá un inmediato Gobierno central del PSOE en coalición con Unidas Podemos más la aquiescencia de Esquerra Republicana ha de tener necesariamente un envés menos eufórico fuera de foco. Porque el líder socialista murciano sabe, debe saber, que las buenas noticias para el PSOE no lo son tanto para el PSRM.

Recapitulemos. Conesa anunció, tras el gráfico colapso del Mar Menor el pasado octubre que presentaría una moción de censura al Gobierno regional si éste no elaboraba un decreto de Protección Integral de la laguna antes de final de año. Literalmente, López Miras ha cumplido. El decreto-ley está redactado y cuenta para su aprobación en la Asamblea con el visto bueno de Ciudadan0s y de Vox, es decir, de la mayoría parlamentaria que facilita el Gobierno. ¿Dónde está el PSOE? En el no. Y esto, por varias razones, empezando porque los populares no han aceptado ni una sola de las propuestas cualitativas que los socialistas intentaron negociar con el Gobierno. Además, López Miras ha decidido aprobar en unos días el decreto a capón, sin previo debate parlamentario. Legítimo, pero no parecen formas de aspirar al consenso en una cuestión principal que parece requerirlo como pocas. Lo cierto es que de antemano era obvio que el consenso resultaría imposible por la enorme distancia que separa el esquema básico con que el PSOE y Vox abordan la solución al problema. Y, claro, el PP prefiere abrigarse en Vox, que lo sostiene en el poder, antes que en el PSOE, que lo pretende para sí y al que López Miras intenta aislar políticamente.

Podría concluirse, por tanto, que Diego Conesa está prendido de su palabra. Es cierto que el Gobierno reaccionó a la crisis del Mar Menor con el recurso y en el tiempo que el socialista exigía, pero el contenido del decreto no acoge sus propuestas, que han sido despreciadas. Al Gobierno no le preocupa el voto negativo del PSOE; diríase que le sirve ante los sectores mínimamente afectados por su iniciativa para que reciban el mensaje de que se ha resistido a ir muy lejos. Y esto a pesar de que el rechazo al decreto no solo lo protagoniza el PSOE sino también un amplio colectivo de organizaciones ecologistas, sociales y vecinales más exigentes con la urgencia medioambiental, y de que la impresión general en la calle es la de que en las medidas hay más cosmética que tijera: el exponente más expresivo es esa reserva de quinientos metros a distancia del litoral para el uso de nitratos en los cultivos, que parece una broma.

En el interior del PSOE hay algunas personalidades que instan a Conesa a que anuncie la moción de censura en el pleno de aprobación del decreto. También fuera de su partido aspiran a orientarlo por ese camino. Y él mismo duda porque aprecia dos circunstancias que le empujarían a tomar esa decisión: una, el cumplimiento de su palabra; dos, que a lo largo de la legislatura, que apenas acaba de empezar, no va a tener mejores 'perchas' para intentar desplazar al PP del Gobierno que la conmoción ciudadana que ha producido la liquidación ecológica del Mar Menor.

Pero es claro que presentar ahora esa moción sería un esfuerzo inútil. Obviamente, fracasaría. El PSOE necesita de Cs para componer mayoría, y éste apoya el decreto tal y como lo ha facturado el consejero Javier Celdrán, experto en pasar desapercibido a pesar de ser el 'cerebro' político del presidente. Si Cs apoyara la moción con ese pretexto, sería como si se censuraran a sí mismos. Más importante que esta obvia contradicción resulta el hecho de que, hasta mediados de marzo, Cs está en el limbo, a la espera de que la recomposición de su liderazgo nacional y el posible retoque a sus políticas les traiga el oxígeno para intentar curarse de la conmoción sufrida por el aplastamiento electoral del pasado diciembre. Bastante entretenidos están en sus luchas internas a vida o muerte como para tomar decisiones de alcance, aparte de que ¿quién tiene ahí autoridad para dictar una solución de tanta trascendencia, tanto regional como nacional?

Por cuestión de pura funcionalidad, hasta marzo es inútil pedir peras al olmo de Cs. Y a partir de entonces, tal vez menos por otras circunstancias. El pacto para la gobernación de Pedro Sánchez con ERC y la estela de novedades que va a producir esta relación radicalizarán aún más a Cs en su actual estrategia y se abrigará más en el espectro de la derecha, con el riesgo de confundirse en ese magma. En cualquier caso, si hace seis meses no les era posible pactar con el PSOE en las Comunidades donde la dirección del partido estuviera en manos de 'los amigos de Sánchez', está bien claro que durante bastante tiempo será difícil cualquier acuerdo entre esos dos partidos. La mayoría de los dirigentes referenciales en esta etapa proceden de descartes del PP, que redujeron la cuota principal de inicio integrada por upeydeos, y aun así ¿dónde está hoy Rosa Díez?

La lectura de que Cs equivocó su estrategia al renunciar a la transversalidad y que esto los llevó a la molicie es la más compartida, pero a pesar de esto la jugada de Sánchez para alzarse a la presidencia arrastrará a Arrimadas (ya se vio ayer) a compartir sin apenas variantes el vocabulario del PP y Vox sobre la situación.

Todo cálculo sobre el éxito de una moción de censura conduce a la melancolía, y esto sin contar con que el PP dispone del recurso al adelanto electoral si percibiera cualquier posibilidad de cambio en Cs, y lo menos que interesa a éste y también al PSOE en esta fase sería un reencuentro con las urnas.

Y un último matiz: el recurso a la moción de censura siempre estará a la mano, para ganarla o perderla, durante los tres años y medio que restan de legislatura autonómica, de modo que los socialistas utilizarían prematuramente un cartucho que ha de dispararse con moderación si no quieren proyectar la impresión de sufrir ansiedad.

Es cierto que habrá pocas perchas tan perfectas para colgar esa moción como la del Mar Menor, que pone patas arriba la inacción proteccionista del PP a lo largo de años, pero también lo es que la política general del Gobierno carece de diseño y rumbo (están a la que salta y siempre con el previsible dedo esgrimido hacia Madrid), y además el decreto de medidas para salvar la laguna no promete una acción efectiva, pues la política medioambiental requiere de convicción y de voluntad. Y de esto, hay poco en esa casa. A muchos se les ha olvidado que el consejero estrella, Celdrán, lo fue de Medio Ambiente antes que de Presidencia, justo en la etapa en que el Mar Menor ofrecía síntomas visibles de extenuación y cuando en vez de adelantar medidas que ahora han de tomar a medias por la vía de urgencia decidieron entrar en una catarsis negacionista y estigmatizadora de quienes describían el deterioro estructural. A Celdrán le acompañaba en su anterior consejería el actual titular de la cartera, Antonio Luengo, como jefe de una presunta dirección general del Mar Menor sin estructura, medios ni competencias sobre el asunto que la rotulaba. Sobre esos mimbres, cabe esperar que la aplicación del decreto sea más bien discreta, como discreta es la actuación sobre nuevas roturaciones irregulares de fincas que se siguen produciendo en el entorno sin que la denuncia de los ecologistas avive al Gobierno para detenerlas.

Por otro lado, la propia figura del presidente López Miras no logra arraigar como líder institucional que satisfaga más allá de su propio partido, y ni siquiera en todo. La próxima y ya casi inmediata convención o congresillo regional del PP constituye un intento de reparar esa avería. Lo paradójico es que Teodoro García, la personalidad en la que López Miras se apoya, también le proyecta sombra, pues cunde la sensación en el PP de que habiendo ruedas de primera están circulando con un repuesto. López Miras reforzará la dirección del PP probablemente promocionando como segunda figura al alcalde de San Javier, José Miguel Luengo (un futuro presidenciable) y como portavoz del partido a la diputada y fugaz exconsejera Miriam Guardiola, famosa por aquellos tuits que proclamaban que el Mar Menor estaba a salvo gracias a la gestión de López Miras.

Pero lo relevante es que, a pesar de las habilidades del sutil, discreto y escurridizo Celdrán, el Gobierno no furula con una proyección compacta, hay consejeros que no emergen, y la actualidad es un puro sobresalto, sin que se perciban la hojas de ruta si las hubiera. Las disfunciones internas de Cs no ayudan, y el pacto de gobernación está completamente desdibujado y sin desarrollo, torpedeado a cada paso por Vox, con el que necesariamente tanto PP como Cs han de cumplir para sacar adelante cualquier cosa, Presupuestos, que no son cualquier cosa, incluidos. Todo esto, si no hay conciencia sobre la necesidad de una reconducción, acabará colapsando, como el Mar Menor. Y ahí es cuando los socialistas tendrían una oportunidad para presentar la moción de censura, con beneficio político incluso en el caso de que la perdieran.

Pero el PSOE, como Cs, no está para muchos festivales. Ambos son por ese orden tercera y cuarta fuerza política en las generales aunque los socialistas resultaran la primera en las autonómicas. Y aunque por precepto ideológico en ese partido haya agnósticos o ateos, todos deberían rezar para que el 'experimento Sánchez' salga bien. Sin recurrir a augurios tiene todas las trazas de que saldrá mal. Las políticas dulces respecto al conflicto catalán cuentan con escasas simpatías en casi todas las otras Comunidades, y en la de Murcia, donde Vox ha estrenado reinado, menos. El pacto con Podemos, un partido que en la Región declina, tampoco causará furor por aquí.

Se añade a este marco que Sánchez, en los espacios generales, como ayer en el Congreso, es poco o nada expresivo sobre esta Comunidad, ya que está fuera de las que cuentan con fuerzas a las que deba mimar para apuntalar su pacto de Gobierno. Ni una referencia al Mar Menor, y una abstracta apelación a la cuestión hidrológica que vale para cualquier provincia. Su Gobierno en funciones no ha adelantado en lo relativo al agua una voluntad de empatía.

Si Sánchez, al cabo, escapa con éxito de la complicada aventura que inició ayer y no se hunde el mundo como predicen las fuerzas de derechas, tal vez no haya grandes repercusiones. Pero si el artefacto no funciona y las terceras elecciones que se quieren evitar se acaban convocando dentro de un año o dos, no hay que ser un lince para asegurar que el PSOE no levantará cabeza durante una larga temporada. Es el riesgo de tirar la moneda al aire. Si sale cara, todo irá relativamente bien. Si, lo más probable, sale cruz, en esta Región habrá que empezar a pasar de la ya remota posibilidad de un Gobierno PSOE-Cs a la más previsible perspectiva futura de dúo PP-Vox, o quién sabe si Vox-PP. En cualquier caso, perdurable.

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