26 de diciembre de 2019
26.12.2019
La Opinión de Murcia
Tribuna libre

¿De verdad podemos ponerle el adjetivo de pública a la universidad?

26.12.2019 | 04:00
¿De verdad podemos ponerle el adjetivo de pública a la universidad?

Democratizar el conocimiento' es una expresión que no dejamos de escuchar últimamente referida a procesos de investigación y divulgación. Sin embargo, para mí, también pasa por el acceso a estudios superiores. Democratizar el conocimiento es permitir que cualquiera que lo desee pueda acceder al mismo, aprender de él, impregnarse de ese saber.

Nos vanagloriamos de estudiar en la universidad pública, de enseñar en la universidad pública, de investigar (aquellos que lo hacen) en la pública, incluso de dirigir la universidad pública. Pero, ¿de verdad podemos ponerle el adjetivo de pública? Es cierto que lo es en tanto en cuanto la Comunidad Autónoma la cofinancia (menos de lo que debería, pero lo hace), y que no está en manos de grandes empresarios o conglomerados empresariales. Sin embargo, ese carácter público se pierde en el momento en el que el acceso a la universidad queda supeditado a la renta o capacidad económica de los estudiantes o sus familias.

No podemos llenarnos de orgullo de ser de la pública cuando en nuestra propia universidad estamos asistiendo a la 'elitización' de la enseñanza. A nuestras aulas acceden cada vez menos estudiantes de clases medias-bajas y clases humildes. Es responsabilidad de toda la comunidad universitaria pedir un acceso sin condiciones económicas, ya sea luchando por la rebaja de tasas, la mejora de las becas y ayudas o defendiendo la gratuidad de la enseñanza universitaria. Como sea, pero si defienden la enseñanza pública háganlo a todos los niveles, no dejemos que quien quiera estudiar no lo haga por falta de recursos.

Las universidades nacieron para crear y difundir el saber, llevarlo a cada estrato de la sociedad se acabó convirtiendo en su objetivo. Si privamos la entrada a la misma a aquellos que no tienen suficientes recursos para acceder estamos fallando a todos los que estuvieron antes que nosotros y defendían fervientemente la universidad.

Reivindicar nuestro poder en la sociedad y que se escuchen nuestras demandas es nuestro principal deber; el suyo es escucharnos (en los despachos o en las calles) y facilitar que el objetivo de una universidad pública para todos y todas se pueda lograr. Defender una Universidad de Murcia de calidad pasa por este ineludible camino, aunque para algunos, desde sus despachos, el problema sea otro.
Es nuestro deber, por lo tanto, defender una universidad verdaderamente pública.

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