19 de diciembre de 2019
19.12.2019
La Opinión de Murcia
Mata al rey

Sé lo que hicisteis con el último vegano

19.12.2019 | 04:00
Sé lo que hicisteis con el último vegano

Se acerca la cena de nochebuena, y al día siguiente, comida de navidad. Qué amargura más grande. Hoy me he levantado débil, famélico, como siempre, pero aún más resentido de lo normal; con esas ansias pasivo agresivas que tenemos los veganos de conquistar el mundo multiplicadas por el número de centollos que se van a comer delante de mí en los próximos días.  Así que esta mañana desayuno morcillas hechas con mi propia sangre, se ha acabao. De vez en cuando hay que darse un homenaje, y de rebote defiendo la economía circular. No está mal comerse a uno mismo, es como una suerte de masturbación. Y lo que me propongo después es salir a la calle en busca de la granja más cercana para salvar a la mayor cantidad posible de gallinas de ser violadas por gallos. Esas son las dos últimas noticias que, en relación con el veganismo, se han hecho virales en los últimos meses. Eso voy a hacer, sí; salvar a las gallinas. Es tan aburrido comer solo lechuga que con algo hay que entretenerse. Porque la falta de vitaminas y de alegría de vivir nos amargan la existencia, ¿saben ustedes? Y si no fuera por el dogmatismo, la sensación de superioridad y el ansia que tenemos de acabar con las tradiciones más ancestrales de España, de la Civilización Occidental y del Mundo, esto no tendría chicha. 

Ya lo dijo Santiago Abascal, echándonos un capote, y cito: «El fanatismo animalista quiere arrebatarnos nuestra libertad y quiere destruir nuestra sociedad». Ahí le has dao, Santi; en el centro de esa diana que dibujáis aquí y allá. Además, y ya que ha salido el tema, resulta que Adolf Hitler era vegetariano. Como yo. Bueno, como yo no, porque yo soy vegano. O sea que yo soy más nazi que Hitler. Yo y todos los veganos, claro. De ahí nuestras ansias de conquistar el mundo, seguramente. Qué pena que la falta de proteína convierta nuestro cuerpo en un erial en el que, malos o buenos, los impulsos mueren antes casi de nacer. ¡Pero no sufráis, hermanos y hermanas en la lucha! ¡No temáis gallinas! Por medios tal vez lentos pero más seguros, conseguiremos acabar con la libertad y la sociedad humanas. ¡El veganazismo! ¡El veganazismo va a llegar!
Y bien, por si hiciera falta algún tipo de explicación, esto es lo que suele hacerse con los veganos. Ridiculizarnos, caricaturizarnos, repetir hasta la saciedad noticias absurdas o estereotipos y chistes gratuitos. Comentarios, además, que todo el mundo cree que acaba de inventar sobre la marcha, siendo como son los lugares comunes más visitados en los reinos de Babia; que cómo puedes renunciar al jamón serrano con lo rico que está, o a la tortilla de patatas, que si el pulpo tampoco, que si acaso no sufren las lechugas, que si es la cadena alimenticia, amigo... No les voy a dar el mitin sobre las virtudes de comer menos animales. Cualquier puede encontrarlas en internet. Solo les pido, por favor, que si sientan a un vegano a su mesa estas fiestas hablen de otra cosa. De verdad, por muy originales que crean que es lo que van a decir, puedo asegurarles que miles de personas han hecho ya la misma broma con el mismo éxito que iban a tener ustedes. 

Aunque para ser justos, y por acabar reconstruyendo puentes, debo añadir aquí una ironía, una, que me hizo reír hace tiempo y que celebro. El día que me preguntaron: ¿Y el veganismo, permite la práctica del sexo oral?

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