15 de diciembre de 2019
15.12.2019
La Opinión de Murcia
Jodido pero contento

Vuelve el made in USA

No es difícil aventurar que por el renacimiento de la industria norteamericana en los próximos años veremos menos 'made in China' y menos 'made in Germany'

14.12.2019 | 16:57
Vuelve el made in USA

Mi suegro, Pepe Magaña, al que echo en falta todos los días que sale el sol desde su fallecimiento, pasó una temporada en Estados Unidos por cuenta de la Empresa Nacional Bazán donde trabajaba como ingeniero naval y con el objetivo de ampliar sus conocimientos de ingeniería en la que entonces, a más distancia que el resto que ahora, era la meca anhelada del conocimiento en la industria naval militar. Su estancia coincidió con esos dorados años cincuenta del país imperial, recién salido de una guerra mundial en una posición de privilegio precursora de un amplio dominio de la escena política y económica planetaria en las décadas venideras.

En los años cincuenta, el nivel de vida en Estados Unidos estaba a años luz del que se disfrutaba, más bien se padecía, en España. Las fotografías de aquel período son inconfundibles, bañadas de los colores característicos de las diapositivas en kodachrome, que contrastan con el blanco y negro de las fotografías en papel anteriores y posteriores a aquel par de años de estancia familiar americana. No es que los sueldos fueran altos, que lo eran, sino que el poder adquisitivo era espectacular. Su sueldo de expatriado les permitió comprar un coche que dejaron abandonado en la calle ante lo antieconómico que era traérselo a España, sobre todo por los impuestos de aduanas que habrían de liquidar en un mercado sobreprotegido en el régimen autárquico de la posguerra española.

Pero sí les compensó, por lo visto, traerse con ellos un frigorífico de la marca International Harvester que estuvo omnipresente en la casa familiar de mis suegros el resto de sus vidas y, de hecho, continúa funcionando casi como el primer día en la de uno de sus hijos, mi cuñado Pablo, sesenta años después. Ese frigorífico, ajeno a la obsolescencia planificada de los electrodomésticos actuales, es un homenaje a la poderosa industria manufacturera americana de aquellos años, esa misma que se empezó a resentir en los setenta por la competencia nipona y las últimas tres décadas por la pinza que conformaron la agresividad comercial china con sus productos low cost y la pujanza tecnológica alemana con su poderosa industria de máquinas herramienta y, sobre todo, su prestigiosa industria automovilística. El punto de inflexión de la capacidad manufacturera de Estados Unidos la marcó probablemente la venta de la división de ordenadores portátiles de IBM a la china Lenovo.

Desde ese momento, Estados Unidos pareció convertirse en el país de las empresas tecnológicas y de la industria del entretenimiento asentada en Hollywood, alejado de su glorioso pasado industrial. Los restos de la industria manufacturera se sustentaron apenas estos últimos años en las maquiladoras mexicanas, como fruto del tratado NAFTA de libre comercio, en proceso de renovación y ratificación actualmente.

Pero, para sorpresa de propios y extraños, la industria norteamericana está viviendo una fase de renacimiento en la que poco o nada tiene que ver el nacionalismo y proteccionismo de la era Trump. Clásicos fabricantes de maquinaria para la industria agrícola como John Deere o Caterpillar, especializado en maquinaria pesada para obras públicas, están aumentando su penetración en el mercado global y están mejorando sustancialmente sus beneficios empresariales, esto sí con la ayuda de la Administración republicana actual y sus drásticos recortes de impuestos a las empresas.

En cuanto a la industria del automóvil, hay que destacar el inminente fracaso que se cierne sobre la industria europea, y más en concreto sobre la alemana, habiéndose dejado comer la tostada por una empresa norteamericana, Tesla, que se ha puesto a la vanguardia de forma indiscutible en lo que sin duda constituirá la próxima generación de automóviles de prestigio no contaminantes. Flaco favor hicieron a la industria europea los directivos de Volswagen con sus mentirosos test de emisiones contaminantes, una mancha que ha recaído sobre sus marcas, lo que es lógico, pero que constituye también un baldón de desprestigio sobre marcas europeas que no tienen ninguna culpa.

El origen del renacer de la industria americana tiene más que ver (guerras comerciales aparte) con el aumento de productividad que representa la tecnología robótica masivamente aplicada, que supera en el binomio coste eficiencia a cualquier planta de ensamblaje alimentada de mano de obra china con sueldos de miseria, que por otra parte cada vez lo son menos. También influye el ansia de inmediatez de los compradores de cualquier producto, de consumo o industrial, unido al deseo de personalización de estos mismos productos. Todo apunta a que los tiempos de los procesos de fabricación alargados casi hasta el infinito por cadenas de suministro complejas, todo en aras de rebajar los costes, están tocando a su fin. También ayuda una economía de pleno empleo, tipos de interés bajo mínimos, y unas rentas del trabajo que empiezan a repuntar con vigor en Estados Unidos. Ello contribuye a que el menor precio no sea un factor tan decisivo en la compra.

Por otra parte, hay un sector del complejo industrial militar americano (como fue denominado por el presidente Roosvelt) que nunca ha dejado de crece y consolidarse globalmente, que es el sector de fabricación de armamento. La exigencia imperativa por parte de los presidentes americanos (sean Trump u Obama) a los aliados para que aumenten el gasto militar, no puede ir en otra dirección que consolidar el liderazgo de los Boeing o Raytheon (por cierto, inventores del práctico microondas) en este importante sector de la industria pesada.

A pesar de Airbus, los europeos corremos también el peligro de perder el tren de la industria aeroespacial en su versión privada. El empresario de Tesla, Elon Musk, está consolidando cada vez más su apuesta por este sector con su empresa Space X, en cuyas lanzaderas la NASA deposita cada vez mayor confianza para trasladar cargas, solo cargas inertes de momento, a la Estación Espacial Internacional.

No sé qué habrá sido de International Harvester, que en tiempos se dedicaba a hacer maquinaria agrícola y de paso frigoríficos casi eternos como el que se trajeron mis suegros de Estados Unidos, pero no tengo dudas de que los ingenieros norteamericanos de todas las especialidades siguen siendo de los mejores que el mundo ha dado. No es difícil aventurar que en los próximos años veremos menos 'made in China' y menos 'made in Germany' y más 'made in USA'.

Al tiempo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook