11 de diciembre de 2019
11.12.2019
La Opinión de Murcia
Renglones torcidos

Sopa verde

11.12.2019 | 04:00
Sopa verde

Las alarmas de los despertadores llevaban un tiempo sonando, ahora por fin su ritmo se había acelerado y se había vuelto mucho más agudo con la intención de hacer que los plácidos durmientes despertaran. Puede, en efecto, que algunos lo logren, pues la esperanza, aunque sea vana y vista de verde, no debe morir. Lamentablemente habrá muchos que preferirán seguir soñando bajo el abrazo cálido de las mantas y arropados con las sábanas en medio de una oscuridad que al cerrar los ojos no ha tardado en hacerse dueña y señora de la mente, por lo que apenas resulta perceptible el punzante chillido de las alarmas, por incesante, incisivo e irritante que sea. Incapaces de despertar, muchos siguen soñando.

Entre tanto han sido avistados los caldos verdes que cubren la región que antaño fuera más variada en su escala cromática. Una masa verde emergente, la biológica, ha matado primero el pequeño mundo que formaba una célebre laguna salada, la misma donde anidaba la extinta y casi legendaria gallina de los huevos de oro. Profanada hace décadas, la laguna es llorada hoy tanto por sus verdugos como por gentes de bien. Así es vivir dentro de la paradoja de un nicho ecológico, tan dramático, por cierto, como resulta el nicho político imperante, pues una segunda mancha verde olivácea, no biológica sino mental, se extiende por el blanco mantel que antaño cubría la mesa que acogía el convite de nuestra convivencia.

Exprimida la triste realidad en la almazara de la globalización, dentro de la pileta de decantación donde se vierten las excrecencias de los sistemas políticos agotados se ha hallado el caldo verde resultante que ha excitado las viejas corrientes subterráneas de la ira y del miedo jamás extinguidas y así se ha colmado el cáliz de la irritación y el rencor.

Quien bebe de él cae en un extraño sopor y se une a la legión de durmientes, vive con plenitud romántica su sueño de luchador enamorado y no tiene rivales, sino enemigos; cree que lleva una brillante armadura como un San Jorge buscando a su dragón los pertinentes días de fiesta, ya sean dos de mayo, doce de octubre o seis de diciembre; discute poco porque la autoridad y la indignación no necesitan dar explicaciones, a lo sumo algunas citas de Ortega y Gasset quien desde el cielo vuelve a clamar: «¡No era esto, no era esto!»

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