08 de diciembre de 2019
08.12.2019
Los dioses deben estar locos

Ficciones aretinas

07.12.2019 | 16:15
Ficciones aretinas

A nuestros lectores les gustará saber que entre las páginas de un ejemplar manuscrito de los Sonetos Lujuriosos de Pietro Aretino conservado en Arezzo ha sido encontrada una carta largo tiempo perdida de Miguel Ángel a su amigo y biógrafo Giorgio Vasari.

Roma, febrero de 1564


esser Giorgio, querido amigo: Te escribo atendiendo a tu ruego por más que cargado con el peso de los años y viendo que el sol de mis días mortales se aproxima irremediablemente a su ocaso, paseo mi mente por recuerdos y nostalgias pasadas. Me vienen a la memoria los nombres de personas que dejé atrás a lo largo de mi vida, personas que me precedieron en el ascenso a la eternidad y, de una manera u otra, me mostraron el camino a seguir cuando abandonamos los combates y penalidades que padecemos durante los lances de esta vida mortal que es el calvario y la pasión que nos corresponde vivir, aun siendo pálida imitación de los dolores de nuestro Salvador. Como escultor, como artista de Dios, siempre he sabido percibir e invocar la inmanencia supraterrenal en la piedra aparentemente inerte pero partícipe de su condición divina; pues toscos y rudimentarios bocetos pueden anunciar la verdadera vida que alienta en la Creación, también oculta en un bloque de mármol, solo inerte en apariencia. Lo inerte y lo vivo se entremezclan y no pueden separarse.

Cuando yo tenía apenas veinticuatro años, Dios quiso llevarse a mi empleador, su eminencia el cardenal Jean de Saint-Denis, antes de que llegara a ver concluida la escultura que me había pedido para su propia sepultura. Aquella Piedad acabó de todas formas en la capilla de Santa Petronila, lugar donde reposa mi antiguo benefactor. Ahora, en las alturas celestiales, contempla, si Dios lo ha querido así, el que ha sido verdadero modelo de inspiración a mi obra, la sagrada virgen redentora, madre, hija, doncella bienamada, juvenil, y frágil solo para quien no repara en su fortaleza y su papel decisivo para inclinar la fuerza del destino. Fuerza cósmica que el libro sagrado ha llamado María y otros le han dado el nombre Beatriz, o Laura y que yo mismo podría llamar Vittoria. Quizá haya que morir para desprenderse de todas nuestras miserias terrenales que nos impiden ver las cosas bellas y buenas con los ojos del espíritu; pues la materia en la que hemos caído al separarnos de la esfera celeste ha nublado nuestra mente y no comprendemos que lo espiritual nos llama, que la redención nos debe transfigurar a todos algún día y convertirnos de nuevo en almas bienaventuradas que contemplen y reconozcan como propios las verdades ocultas antes comunes y familiares que, aquí, en el mundo de las cosas sensibles, no podemos ver sino por comparaciones, por metáforas y por cuantos intentos formales se llevan a cabo desde el arte y la poesía, para mostrar de forma accesible a nuestros sentidos aquellas verdades que un día, reintegrados ya en nuestra filiación celestial, volveremos a contemplar sin miedo, sin intermediaciones y con plena comprensión. Siendo aún joven, regalé al mundo esa Piedad, pero el mundo no la quiso recibir. Todos pensaron que caí en algún tipo de blasfemia mundana dándole belleza juvenil a la divina mujer de cuyo vientre brotó nuestro Salvador de quien es al mismo tiempo madre e hija como leemos en los versos del inspirado Dante.

Como artista conozco el dolor y soy consciente de mi soledad en el mundo, por eso busco lo que en la tierra es espejo del cielo, pues solo amo la belleza de la materia y del mármol en tanto que sea reflejo de la belleza eterna que es inmutable. Un destello que vi manifestarse por última vez hace muy poco tiempo en Vittoria Colonna, cuyo amor y añoranza fueron tan grandes que su partida a la patria celestial me ha dejado al menos el consuelo de hacerme menos penosa mi propia marcha de la vida sabiendo que ella, su afecto y su poesía, que no caben en un corazón humano, ya me esperan allí.

El amor tiende a la perfección en la tierra para alcanzarla finalmente en el cielo, hace que seres semejantes se busquen y reconozcan entre sí, por eso lo material es útil, sí, pero solo cuando es animado por el espíritu. No hay pintura ni escultura que basten por sí solas para llevar algo de paz al alma, si no hay una preeminencia del amor y del sacrificio más grande. Quizá por ello me entretengo con detenimiento en nuevas piedades que aún esculpo, nuevas madres que abrazan en sus brazos a un Cristo a la vez hijo, marido y esposo. Pero creo sinceramente que será un trabajo para la otra vida que dejaré inacabado. El tiempo se deshace en el reloj de la existencia, sus granos van cayendo de una bombilla a otra, parecen infinitos como las arenas del mar, caen sin apenas ser notados, en una especie de realidad inamovible, pero lo cierto es que van cayendo, al final nuestro tiempo ha finalizado. Y entonces, comprendemos que solo cuando todo ha terminado podemos encontrarle sentido a la vida y abrimos los ojos a una nueva existencia, más dichosa, entre los brazos femeninos, maternales, que nos reciben, nos elevan y nos rescatan.

Tuyo siempre,

Michelangelo Buonarroti

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