05 de diciembre de 2019
05.12.2019
La Opinión de Murcia
Espacio abierto

Mujeres en la lucha por el planeta

04.12.2019 | 21:14
Mujeres en la lucha por el planeta

E l lunes 2 de diciembre arrancó en Madrid la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP25, a la que estaba previsto que asistieram delegaciones de 196 países. Con el lema Tiempo de actuar, los asistentes se han marcado una serie de objetivos entre los que destaca la necesidad efectiva de implementar el Acuerdo de París de 2015. Este compromiso, firmado por más de 150 países, propuso el primer acuerdo vinculante mundial sobre el clima por el cual se establecía un plan de acción mundial para poner el límite del calentamiento global muy por debajo de 2º C. El objetivo general de la COP25 de Madrid es «lograr una reducción de gases del 45% para 2030 respecto de 1990, y que todos los países en condiciones anuncien un compromiso de neutralidad de carbono para 2050».

A pesar de reuniones, objetivos y conferencias realizadas en torno a este tema que nos afecta a todos los habitantes del planeta, las medidas y compromisos adoptados hasta la fecha ha resultado ser insuficientes para evitar los impactos que lo destruyen. Es significativo que los países que forman el G20, los más industrializados, son responsables de 78% de todas las emisiones globales, pero sólo cinco de estos países se han comprometido con un objetivo de cero emisiones a largo plazo. Tampoco los acuerdos firmados en París se están implementando a la velocidad que esta emergencia requiere.

Por todo esto, y dada la gravedad del asunto, desde hace unos años han surgido voces que alertan y exigen a los Gobiernos acciones efectivas y compromisos reales para mitigar y revertir el cambio climático. Muchas de estas voces son de personas muy jóvenes, en su mayoría niñas y adolescentes, que lideran protestas y se rebelan contra el asalto a su futuro que hemos perpetrado en todos estos años de consumo irresponsable y desarrollo económico. Estas activistas, cuya representante más conocida y mediática es la sueca Greta Thunberg, nos interpelan a todos y exigen medidas efectivas para no comprometer su futuro.

Alexandria Villaseñor (14 años), Jamie Margolin (17 años), Dominga Espiñeira (16 años), Ariana Palombo (19 años), Chiara Sacchi (17 años), por citar a algunas de estas mujeres, recogen el testigo de Jane Goodall, que con más de 80 años sigue luchando por la conservación de las especies y del medio en que vivimos; de Berta Cáceres, asesinada por liderar un movimiento de oposición a un proyecto hidroeléctrico que amenazaba con destruir su comunidad; o de Wangari Maathai, premio Nobel de la Paz en 2004 y promotora del Movimiento Cinturón Verde, un proyecto que tiene a la mujer africana como protagonista y gracias al cual ya se han plantado millones de árboles en Kenia.

El cambio climático y la desigualdad de género se encuentran fuertemente conectados. El modelo socioeconómico y patriarcal que domina todos los ámbitos de nuestra sociedad y de nuestra economía está basado en la sobreexplotación y el acceso desigual a los recursos naturales, a los bienes de consumo o a los avances tecnológicos. Y los cambios en el clima no hacen sino acentuar todavía más las desigualdades de género, lo que impide una lucha justa contra el cambio climático.

Desde el ecofeminismo se reivindica que solo terminando con el patriarcado y acabando con el modelo productivo actual podemos luchar contra el calentamiento global. Es necesario que las mujeres participemos en esta lucha y que se tengan en cuenta nuestras opiniones. No somos solo, junto con niños y ancianos, las principales víctimas del problema (hay que tener en cuenta que estos tres grupos representan veinte de los veintiséis millones de refugiados climáticos que hay en el planeta), también podemos ser poderosas agentes del cambio.

Es por ello que las reivindicaciones y las acciones lideradas por todas estas jóvenes activistas son tan importantes y tan necesarias. Porque su lucha también es la nuestra. De todo ello depende nuestra supervivencia.

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