01 de diciembre de 2019
01.12.2019
Palabras

36 años de historia de Lorca

Varios investigadores de reputado prestigio local y regional así como otros cuyas carreras en el campo de la investigación están despegando y siendo reconocidas en diferentes revistas y congresos se han unido para exponer sus últimas aportaciones

30.11.2019 | 20:06

Coordinado por Juan Antonio Fernández Rubio, promovido por Amigos de la Cultura de Lorca y editado por Editorial Tres Columnas, acaba de publicarse el libro Historia y Cultura de Lorca (1900-1936). Dedicado In Memoriam a Domingo Munuera y Rosalía Sala, investigadores lorquinos, el coordinador de la obra nos dice: «El primer tercio de esta centuria se presentó al lector mediante Lorca 1895-1936 (1972), de José Sala Just, la tesis de licenciatura de María del Pilar Castillo García (1986) Aportaciones al estudio de la vida municipal en Lorca durante los años 1923 a 1930, y Lorca en el siglo XX (1982), de Joaquín Gris Martínez. Sin embargo, añade, en líneas generales existen vacíos sobre varios aspectos históricos, así como culturales. Pese a que distintos estudiosos han tratado en artículos, conferencias y libros los mencionados aspectos, sus visiones y análisis no están recopilados en un único tomo».

En este sentido, añade Juan Antonio Fernández Rubio, que «estas razones son las que han motivado la elaboración de la presente obra colectiva». Bajo el título Historia y Cultura de Lorca (1900-1936) cada autor ha pretendido incorporar una perspectiva general de su área de investigación: historia, geografía y urbanismo, arquitectura y artes decorativas, escultura y pintura, la Semana Santa, música, educación y literatura. «Al unirse estas líneas se ha logrado vertebrar un panorama crítico con respecto a unos años cruciales para entender el devenir de nuestro tiempo.

De esta manera el lector podrá acercarse a estos conocimientos para desarrollar una visión en conjunto de la identidad lorquina». Así, «varios investigadores de reputado prestigio local y regional así como otros cuyas carreras en el campo de la investigación están despegando y siendo reconocidas en diferentes revistas y congresos se han unido para exponernos sus últimas aportaciones»; entre sus páginas se descifran las realidades geográficas de su enclave reciente mediante su configuración y su trazado urbanístico, como si de una vetusta estampa se tratase.

Su división social y sus repercusiones económicas desde la dictadura de Primo de Rivera hasta los comienzos de la Guerra Civil (para mí, mejor darle el tratamiento de incivil). Sus edificios más singulares: panteones del cementerio de San Clemente, la torre y la capilla de los condes de San Julián del convento de Nuestra Señora la Real de las Huertas, el acuartelamiento Sancho Dávila, el Casino Artístico Literario, el Huerto Ruano, etcétera, que han sobrevivido al castigo de los años por razones naturales y humanas, y la supeditación a estos últimos de unas artes decorativas que engalanan sus salones y estancias.

Su panorama pictórico donde destacó, entre otros, Francisco Cayuela Sánchez, además de una estética plástica gestada en las academias de dibujo que influenció a los bordados en seda. La mayor fiesta de esta tierra, la Semana Santa, que en esas décadas se consolidó tal como son en la actualidad a causa de la particular puesta en escena de sus distintas cofradías y, sobre todo, por la eclosión del bordado en sedas.

Su música, gracias a las aportaciones y composiciones de diferentes maestros, entre ellos Pedro José Jiménez Puertas. El estado y la situación de la educación desde del regeneracionismo de finales de siglo a la lucha contra el analfabetismo en las escuelas de la República. Y, por último, su literatura que vivió un cierto periodo de esplendor en sus tres géneros, adscribiéndose tardíamente a los movimientos estéticos del modernismo y las vanguardias en las plumas de Eliodoro Puche, Antonio Para Vico, Miguel Gimeno Castellar, entre otros, y al compromiso social de Joaquín Arderíus Sánchez-Fortún y Antonio Collado López, reflejándose estos aspectos estilísticos y temáticos tanto en obras autónomas como en la prensa».

Señala, finalmente, el profesor Fernández que «es digno alabar el interés, la ilusión y el esfuerzo de todos aquellos que han contribuido en la redacción, corrección y edición de este libro. A pesar de su contenido aparentemente elevado, cuenta con una clara intención divulgativa. Puede leerse ordenada o desordenadamente, no importa la sucesión de su lectura, pues su finalidad, tanto lúdica como didáctica, es la de que el lector conozca las raíces de la sociedad lorquina a través de una visión objetiva, creativa y formada.

Por último, sería una ingratitud no reconocer a la editorial Tres Columnas, la labor que, pese a su reciente creación, está realizando, siendo este título una pieza más del engranaje de su desarrollo en la difusión de la idiosincrasia lorquina en la transmisión del conocimiento y la literatura de nuestra tierra».

Bienvenidos autores y coordinador a este nuevo e interesante trabajo que nos pone en el margen de entrada de un tiempo más conocido y estudiado que, no nos cabe duda, llenará esa parte de la historia de Lorca y de su cultura que ha sido y será el colofón de tantos y tantos recuerdos para quienes lo hemos vivido, tanto en su aspecto social-secuencial, como en el bio-bibliográfico de nuestro pasado reciente. Felicidades, por tanto. A cuantos han contribuido y siguen contribuyendo al conocimiento de una ciudad, la del Sol, o Lorca, que tanto monta, como su área de influencia que, como dijo el profesor Horacio Capel, hemos llamado, y gracias a él y a su perspicacia intelectual, capital subregional.

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