El oráculo del Cemop ha hablado y ahora sabemos el estado de opinión en el que nos hallamos los hombres y las mujeres que habitamos esta Región. La verdad es que, visto así en conjunto, estamos nada más que regular de ánimos, con poca o muy poca confianza en nada ni en nadie, muy preocupados por el paro, bastante preocupados por el personal político y con ganas de cambios, algunos muy curiosos, como ese de que le devolvamos al Gobierno central la Educación, la Sanidad y hasta el rosario de su madre, si se presenta. De Sanidad sé poco, pero de Educación sí tengo una idea porque he vivido la enseñanza en la época franquista, centralizada y gobernada con mano de hierro desde Madrid, y también la transferida a la consejería de Educación de Murcia, así que creo poder opinar algo sobre el tema.

Sin extenderme mucho, también debo decir que estuve implicado en el cambio que se produjo en la Enseñanza, sobre todo en Formación Profesional, a finales de los años setenta del siglo pasado. Digamos que me especialicé en currículos y en la modernización de estas enseñanzas y que tuve contactos habituales con otros centros de España y con el ministerio en Madrid. Allí me llevaban de vez en cuando para que les explicara lo que sabía, porque ellos no tenían la menor idea de lo que estaba ocurriendo en estos centros donde se estaba produciendo el cambio de las Escuelas de Maestría a los Institutos Politécnicos.

Con estas premisas les diré que nadie en el ministerio de Educación sabía dónde estaba Ceutí, Pozo Estrecho o Puerto Lumbreras, mientras que en la consejería sí que lo han sabido siempre. Esto parece superfluo, pero no lo es, porque, si tú llegas a presentar un problema escolar de estas localidades, siempre será peor que tu interlocutor se tenga que ir a un mapa, o a buscar en Google dónde demonios están esos pueblos. Es cierto que en las provincias había unas delegaciones ministeriales, pero puedo decirles que, más de una vez, fui a contarles a alguno, o a alguna, un problema de asignaturas de un curso que parecía haber sido diseñado por un loco, y que su reacción fue: 'eso te vas a venir a Madrid a decírselo al director general Menganito', y allí me llevaban, a unos despachos kilométricos donde, al fondo, brillaba la lucecita de El Pardo, y yo les largaba el tema. Ellos me miraban con cara de no enterarse de nada (¿qué demonios sabían ellos si se debían dar antes las Matemáticas Financieras o las Matemáticas Comerciales en la Rama Administrativa?), y entonces llamaban a un propio, que venía, me escuchaba, y me citaba para una reunión la semana siguiente con los asesores correspondientes. Esas reuniones unas veces se producían y otras no.

Otra experiencia interesante es cuando ibas al ministerio a pedir material para tu centro. Para empezar, no era fácil que un jefe de Estudios como yo tuviera acceso directo a estos departamentos, pero el caso es que en mi centro lo conseguíamos. Recuerdo una vez que fui a que me diera mesas porque la mitad de las que teníamos en el instituto estaban hechas polvo. «Mesas no te puedo dar ni una», me dijo el payo del despacho grande, «pero tengo unos armarios estupendos y te puedes llevar todos los que quieras», añadió. «¿Y un torno de control numérico?», le dije yo con voz muy dulce, y añadí: «Es que a los de Metal les hace mucha falta». «Pues, mira, me has caído bien. Os voy a comprar uno», me espetó el tío.

Habría mucho que hablar aquí de lo que era esa enseñanza diseñada desde Madrid sin tener para nada en cuenta la idiosincrasia de cada Región, su historia, o su idioma, cuando lo tenían. Ya ven ustedes que aquí no hablo de ideologías porque eso daría para un libro, sino de la ineficacia casi absoluta de aquel sistema. Estoy dispuesto a admitir que en algunas autonomías se han pasado quizás con lo del adoctrinamiento, pero todo se puede mejorar. Lo que no entiendo es que alguien tenga que volver a explicar en Madrid dónde está Ceutí y cuál es el problema del amianto en ciertos colegios del campo de Cartagena. Es que no me cabe en la cabeza que hubiera que volver a toda aquella sarta de idioteces.